<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?>
<!-- If you are running a bot please visit this policy page outlining rules you must respect. http://www.livejournal.com/bots/ -->
<feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:lj="http://www.livejournal.com">
  <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape</id>
  <title>Un Rincón de mi imaginación</title>
  <subtitle>Almacenando ideas</subtitle>
  <author>
    <name>cris_snape</name>
  </author>
  <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/"/>
  <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom"/>
  <updated>2008-08-16T22:47:20Z</updated>
  <lj:journal userid="13382897" username="cris_snape" type="personal"/>
  <link rel="service.feed" type="application/x.atom+xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom" title="Un Rincón de mi imaginación"/>
  <link rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com/"/>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:23062</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/23062.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=23062"/>
    <title>Y Los Otros también</title>
    <published>2008-08-16T19:20:23Z</published>
    <updated>2008-08-16T19:20:23Z</updated>
    <category term="tabla momentos"/>
    <category term="30vicios"/>
    <category term="los otros"/>
    <content type="html">&lt;b&gt;Fandom:&lt;/b&gt; Lost&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Claim:&lt;/b&gt; Los Otros&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Tom&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #8 - &lt;i&gt;Carrera&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Resumen:&lt;/b&gt; A pesar de sus largos años de experiencia, a él también pueden sorprenderle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;[El médico se la había jugado. Seguramente a Ben le cabrearía muchísimo lo que estaba pasando y Tom se lamentaba por ello, pero ya no había marcha atrás. Jack, uno de los supervivientes, alguien que nunca le había parecido realmente peligroso, un cirujano refutado y concienzudo, acababa de poner en jaque a todo el mundo, convirtiendo una operación relativamente controlada en una auténtica carrera contrarreloj que nadie podía permitirse el lujo de perder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras Tom miraba de reojo la sangre que manaba de la espalda de Ben, sintiendo como las nauseas lo invadían y su mundo empezaba a volverse blanco, se obligó a sí mismo a pensar rápido. ¿Qué haría Ben de estar capacitado para hacer algo? Tom sabía lo que Jack pretendía, pero no podían permitirse el lujo de perder a Sawyer o a Kate. Aunque, claro, conocía perfectamente a Danny y sabía que a Sawyer no le quedaba demasiado tiempo para estar entre ellos. Su camarada se la tenía jurada desde la muerte de Colleen, y todos, incluso Ben, se habían mostrado conformes con dejar que se cobrara su merecida venganza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ahora había mucho más en juego que la rabia de Danny. Ben estaba en juego, y si lo perdían a él, perdían mucha estabilidad en el grupo. Perdían el contacto con Jacob –o eso era lo que Ben les había hecho creer-. Posiblemente no estarían del todo perdidos. Había mucha otra gente capaz de asumir el liderato. Richard, Isabel, incluso él mismo, si conseguía lograr algún apoyo entre los más jóvenes. Pero Tom no quería ser el líder de nada, y tampoco quería que Richard o Isabel lo fueran. Él quería a Ben. Estaba en la Isla por Ben, y sólo por él haría cualquier cosa que fuera necesaria. Incluso olvidarse de lo que el mismísimo Ben haría y tomar sus propias decisiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si para lograr salvarlo tenía que obedecer las órdenes del médico, rendirse a sus chantajes, lo haría. Aunque Ben se enfadara con él después. Aunque estuviera plenamente convencido de que Jack se estaba tirando un farol y era incapaz de dejar morir a nadie. Tom lo sabía, pero no iba a arriesgarse, así que cogió el walkie-talkie y se puso en contacto con un Danny más cabreado de la cuenta. Iba a hacer lo impensable, pero también lo imprescindible. Lamentablemente, dudaba mucho que Danny fuera a hacerle caso. Así pues, una vez cumplida su misión sólo cabía esperar a que todo saliera bien y que Jack no fuera capaz de dejar morir a nadie después de todo. Por el bien de su gente y de la Isla.&lt;br /&gt;]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Richard&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #9 - &lt;i&gt;Verdad&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Resumen:&lt;/b&gt; Richard conoce lo suficiente a Ben para saber que está mintiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;[John Locke había matado a su padre. Todos creían eso, todos estaban sorprendidos y la mayoría parecían encantados con la idea. Muchos consideraban que aquel hombre era alguien especial, que estaba destinado a hacer grandes cosas en La Isla y se habían sentido decepcionados cuando, según las palabras de Ben, no pudo desligarse de su pasado para formar parte de un futuro en común. La mayoría de sus compañeros preferían conformarse con la versión simple de los hechos, pero Richard entendía a Benjamin Linus mejor que nadie y comprendió qué pretendía al llevar a Locke con ellos y traer a su padre a La Isla: ridiculizarle y alejarle de su campamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso le pareció impagable el rostro de su camarada cuando Locke apareció cargando el cadáver de su padre. Ben estaba evidentemente enfadado. ¡Oh, sí! Sin duda eso supuso un duro varapalo para él; saber que sus bien trazados planes habían fallado, ser consciente de que por una vez cometió un error al juzgar a una persona le había trastocado muchísimo. Tanto que no logró mantener su máscara de frialdad imperturbable y estuvo a punto de perder el control ante todos. Richard había observado las caras sorprendidas; le costó un gran esfuerzo permanecer imperturbable, pero su rostro no dio señales de lo que había hecho. Nadie se dio cuenta de que él sabía la verdad: que Locke no había matado a su padre, sino ese otro superviviente del Oceanic 815, alguien que tenía buenos motivos para querer vengarse de aquel timador desalmado y cruel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Richard sabía que si Ben descubría su treta montaría en cólera. No era muy dado a tolerar aquella clase de desafíos. Era un líder recto, dictatorial e inflexible y, a pesar de que Richard también era muy importante en su jerarquía de poder, lo respetaba. Ben estaba muy unido a Jacob, y Jacob era el verdadero mandamás de La Isla. Pero eso no significaba que no pudiera poner en duda sus acciones, porque Ben también se equivocaba y él sabía lo suficiente para intentar enmendar sus errores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los que más le preocupaba era la obsesión de Ben por la incapacidad de reproducción que todos padecían. A Richard le parecía un mal menor, teniendo en cuenta que llevaba tantos años allí que ya le costaba trabajo recordar la fecha de su cumpleaños. ¿Para que querría un hombre tener descendencia si podía disfrutar de una juventud perpetua? Richard consideraba que Ben estaba empezando a perder el norte por ese motivo. Se había olvidado de lo que era realmente importante en La Isla, perdiendo el tiempo con aquello, y por eso decidió ayudar a Locke. Ben necesitaba aprender una lección y Richard se la había dado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El problema surgió cuando supieron que nueva gente llegaría a La Isla. Richard sabía perfectamente quiénes eran y qué pretendía, y le alegró comprobar que Ben no había perdido la perspectiva por completo. Por una vez se olvidó de sus propios intereses y se centró en lo primordial, enviándolos a El Templo y tomando el toro por los cuernos. Arriesgando su vida por el bien común, tal y como había hecho en otras ocasiones. Alguien debía ir con los supervivientes y él era el hombre perfecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún así, Richard no pudo evitar mirarlo con desconfianza cuando se separaron. La burda excusa que había puesto con respecto a la desaparición de Locke no le convenció. Era evidente que Ben no iba a dejar que nadie, mucho menos un superviviente del avión, pusiera en duda su autoridad frente a todos, y Locke le exigió ir a ver a Jacob. Y no con buenos modales precisamente. Richard ignoraba lo que ocurrió exactamente, pero podía suponerlo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alex debía estar implicada. La chica parecía cada vez más alejada del grupo, sobre todo después de la desaparición de Karl. Sin duda Ben no había sabido manejar el asunto. Richard quería creer que una parte del hombre estaba sinceramente preocupada por Alex. Tener novio podía traer consecuencias letales para ella si quedaba embarazada. Pero, además, Ben no soportaba a Karl. Nunca lo había hecho, ni siquiera cuando era niño, porque también había algo rebelde en él, algo que no podía controlar por completo y que conseguía ponerlo nervioso. Evidentemente, Karl los había traicionado. Igual que Juliet y, ahora, Alex.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ben sabía cuál era el castigo para los traidores. Richard también. El hecho de que Juliet salvara la vida había sido algo casi circunstancial porque, después de todo, gracias a ella Ben no murió. Además, Ben la quería para ella. Richard llevaba demasiado tiempo observándolo, lo conocía demasiado bien para no darse cuenta de ello. Ben quería a Juliet y la había perdido. Tal vez por eso se llevaba a Alex, para no tener que perderla a ella también, bien a manos de sus compañeros, bien por la propia naturaleza de la chica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Richard sabía que algo no estaba bien. Sabía que Ben estaba nervioso por algo que tenía que ver con Locke y con Jacob, pero no esperaba que se lo contara. Ben nunca le contaba nada a nadie. Sus planes eran suyos hasta que llegaba el momento de ejecutarlos y, tal vez por eso, era el líder de todos. Porque la desconfianza era la clave de la victoria, porque los secretos siempre dejaban de ser secretos y Ben no necesitaba más traidores a su lado. Y aunque Richard quería saber qué había ocurrido, no podía hacer más que llevarse a su gente al lugar acordado y mantenerlos a salvo. El futuro se presentaba complicado y cada uno tenía una misión que cumplir.&lt;br /&gt;]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Ben&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #10 - &lt;i&gt;Conquista&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Resumen:&lt;/b&gt; Las reglas del juego han cambiado y, por una vez, Ben no las ha roto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid3"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;[Sus ojos están secos, su rostro impasible y él se mantiene silencioso, calmado, pero toda su alma llora, desgarrada por el dolor de la pérdida, por lo injusto del destino y lo incomprensible de la situación. Su cerebro tarda unos segundos en asimilar la muerte de Álex y, cuando lo hace, algo se rompe dentro de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Álex. Su querida Álex. Su rebelde y problemática niña, la única persona a la que, quizá, Ben ha amado de verdad, está muerta. Muerta. Es algo que no puede aceptar como real. No. Ni siquiera ha podido despedirse de ella, porque jurar que no la quiere no es una forma de despedirla. No. Despedirse hubiera sido estar con ella, abrazarla y decirle lo mucho que la amaba –que aún la ama- a pesar de todas las peleas, de las manipulaciones, de los secretos y las mentiras. Su pobre y querida Álex muerta. Asesinada por el único que hombre que le había prometido que nunca le haría daño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue un acuerdo entre los dos. Hombres en guerra, pero caballeros y, ante todo, amantes padres. No importaba quién tuviera que caer para conseguir el dominio de la Isla. Culpables o inocentes, su sangre carecía de importancia para ambos. Sólo ellas importaban. Alexandra y Penélope. Penny y Álex. Las únicas intocables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ben se retuerce, destrozado y vengativo, y su mente pronto le hace ver que debe cambiar de estrategia. Las reglas del juego han cambiado y, por una vez, no ha sido él quién las ha roto. Widmore, orgullo y sanguinario Widmore. Cruel y desalmado Charles Widmore. Él había puesto fin a su acuerdo y Ben asume que la veda ha sido abierta. Porque él ha podido perder a Álex –y, con ella, el único pedazo de su alma que aún era capaz de sentir- pero no ha sido derrotado. Porque ahora no sólo importa la conquista de la Isla. No. Ahora Benjamin Linus tiene más motivos que nunca para querer vender a Widmore. La venganza. Y la venganza de un padre abatido es lo peor que existe. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Posiblemente, a esas alturas ese cabrón traidor haya puesto a su hija a salvo, pero será inútil. Ambos saben que, desde que ese hijo de puta apretó el gatillo y mató a Álex, Penélope Widmore estuvo sentenciada. Saben que no puede esconderse, porque Ben no es de los que olvidan. No. Ben es inteligente y es rencoroso, y no perdonará ni olvidará ni el asesinato de su niña ni su venganza. Porque Ben se muere porque Widmore sienta lo mismo que él en ese momento, y no parará hasta conseguirlo. Sea cual sea el precio a pagar por lograrlo.&lt;br /&gt;]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Los Otros&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #11 - &lt;i&gt;Futuro&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Resumen:&lt;/b&gt; Porque todo lo que sube, tiene que bajar. ¿O no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid4"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;[No recuerdan demasiado bien cuando supieron de él. Tan solo son conscientes de lo ansiosos y emocionados que están porque finalmente Él está allí y llevan tanto tiempo esperándolo que los días y las semanas han pasado casi desdibujados. Unas veces exageradamente lentos y otras lamentablemente rápidos, pero siempre insoldables, dejando el pasado atrás. Podría decirse que para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Él está allí y se sienten emocionados, más felices de lo que han estado en mucho tiempo. No muchos lo demuestran –no tienen un momento para hacerlo- pero están convencidos de que pronto empezará un nuevo ciclo en la Isla y están ansiosos porque comience. Tal vez, algunas cosas les decepciones –a Richard ya le decepcionaron antes- pero sin duda todo irá mejor. Porque Ben no es un mal líder, pero ha perdido la perspectiva y sólo tiene en mente esa obsesión suya de crear vida dentro de la Isla. Porque Benjamin Linus es demasiado listo, demasiado calculador y demasiado manipulador, y a veces todos tienen la sensación de que su poder desdibuja el de Jacob, y Jacob siempre ha sido el auténtico dueño de la Isla, sus habitantes y todo lo que ocurre en su seño. Porque Ben parece preocuparse cada vez menos de la Isla, mirando por los intereses propios. Porque todos saben que ese hombre no podrá escapar eternamente de su destino, que algún día tendrá que sufrir pérdidas y deberá dejar de mirar a su alrededor con esa frialdad tan suya y preguntarse qué hizo mal –o quizá bien- para tener lo que tenía o tendrá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El campamento es un hervidero de nervios en tensión mientras caminan hacia El Templo. Pero están contentos, porque aunque Él todavía no los esté acompañando, lo sienten más cerca que nunca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvieron decepcionados, cierto. Algunos opinan que el truco de ese viejo cabrón sólo fue una forma de humillarle. A Él. Nadie lo dice en voz alta, pero muchos creen que lo que hizo Ben aquel día fue una trampa. Linus sabía que Él no lo haría –no podría hacerlo- y que quería que todos los otros lo vieran. Que vieran a John Locke, su Elegido, no poder matar a su padre, ese hijo de puta bastardo capaz de arrojar a su hijo desde un octavo piso y ve cómo se partía la espalda sin imputarse. Y unos dicen que fue por debilidad, mientras otros opinan que fue por bondad. Y la mayoría están seguros de que Ben sólo quemaba su último cartucho para no perder su poder, ni dejar de ser intocable y convertirse en uno más del grupo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y le estaban agradecidos. Algunas veces. No solían recriminarles las muertes de sus compañeros, aunque debían reconocer que habían sido demasiadas pérdidas desde que el 815 se estrelló en su hogar. Ellos eran soldados, estaban acostumbrados a la muerte. La habían aceptado como parte de sus vidas al llegar a la Isla y no solían regodearse en el sufrimiento que supone una pérdida humana. Todos, desde el más joven hasta el más anciano, sabían y aceptaban que la Isla era lo más importante y que siempre lo sería. Todos están dispuestos a sufrir y a morir por ella. Incluido Ben, que a tantos hombres había enviado hacia una muerte casi segura, confiando únicamente en su pericia y en la buena suerte. Y la buena suerte nunca fue algo confiable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto estarán encantados de que Ben Linus se reúna nuevamente con ellos. A él también lo esperan, aunque con menos fervor que a John Locke. Ben siempre será importante para ellos, porque él les ayudó a librarse de Dharma y a tantas otras cosas que sería difícil enumerar. Pero Ben también es egoísta algunas veces y todos esperan que John sea diferente, que no busque un beneficio propio en la Isla y sepa guiarlos a todos y escuchar a Jacob cada vez que fuera necesario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Richard los observa a todos. Falta muy poco para llegar a El Templo y no puede evitar compartir la emoción de los demás. A pesar del incierto peligro que se cierne sobre ellos, los otros están emocionados y ansiosos por tener a John cerca. Nadie les ha confirmado que vaya a ir con ellos, pero la mayoría lleva el suficiente tiempo en la Isla para sentir esas cosas. Y, definitivamente, Locke ya parece preparado para asumir su verdadero lugar en el mundo. Ni de niño, ni de adolescente ni de hombre pusilánime. No. John Locke necesitó partirse la columna en dos, desfallecer de impotencia y sufrimiento y estrellarse en un avión plagado de pasajeros para darse cuenta de que era –es- especial y debe convertirse en el que realmente es: su líder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Richard. Es Ben.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Richard se pone en pie para ver los reflejos en el espejo del, hasta el momento, líder de todos. Él, al igual que los demás, sabe que Locke no tardará en llegar, pero antes tienen que coger las armas y luchar por él. Hay unos cuantos intrusos de los que deshacerse, y nadie mejor que ellos para hacerlo. Después de todo, la Isla es suya y, digan lo que digan, de nadie más.&lt;br /&gt;]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Ben/Álex&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #12 - &lt;i&gt;Venticas&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Resumen:&lt;/b&gt; Ben no se sabe ningún cuento, pero está dispuesto a complacer los caprichos de su hija&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid5"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;[&lt;br /&gt;Normalmente la lluvia en la Isla se va tan bruscamente como aparece, pero desde hacía tres días el tiempo se mostraba caprichoso y dispuesto a romper con la rutina de siempre. Lo que empezó como un nuevo y caprichoso chaparrón más, terminó por convertirse en una auténtica ventisca que mantenía a los habitantes de Otherville encerrados en sus casas desde entonces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ben estaba sentado junto a la ventana, observando la lluvia con aire distraído. Para ser sincero, se aburría bastante ahí quieto, sin poder hacer nada. Si al menos a Jacob le diera por aparecerse un ratito tendría algo emocionante de lo que ocuparse, pero no. Ni globos aerostáticos cayendo del cielo, ni barcos siendo arrastrados por el mar hasta una playa desierta, ni aviones partiéndose en dos y sembrando la Isla de tocapelotas. Nada de eso. Sólo una puñetera tormenta y un montón de horas para no hacer nada. Podría ponerse a meditar sobre asuntos de fecundidad, vida eterna y rollos parecidos, pero no tenía ganas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afortunadamente, Ben no era el único que estaba aburrido. A su lado, sentada sobre la alfombra, una niña de unos ocho o nueve años rasgaba una hoja de papel con sus lápices de colores. Si para el hombre era difícil estar tanto tiempo encerrado, para la chiquilla era totalmente desesperante. Había hecho todo lo que podía hacer para entretenerse: cantar, bailar, ver la televisión, intentar cocinar, leer los aburridísimos libros sobre grandes dictadores de su padre, dibujar, intentar escribir historias sobre grandes dictadores como los de su padre, pero nada daba resultado. Lo que la pequeña Alex necesitaba era salir a la calle, buscar a Karl y jugar y correr por ahí hasta caer rendida, pero con la lluvia era imposible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es que no hubiera intentado escaparse. No habría sido una hija digna de su padre de no haberlo intentado, pero Ben era demasiado listo y había bloqueado toda huida aún antes de producirse. El día anterior había estado muy cerca (Álex utilizó la gatera de la cocina), pero Ben la detuvo y le echó una bronca monumental. La bronca, sin embargo, no la hacía aburrirse menos, así que Alex se levantó y se puso en pie frente a su progenitor con aire marcial. Ben dejó de mirar la lluvia y le prestó atención a ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué quieres, Álex?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me aburro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya. ¿Por qué no juegas un rato a...? –Ben miró a su alrededor. Evidentemente, Álex ya se había cansado de todos sus juguetes y le iba a dar bastante la paliza -¿Algo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Porque para jugar a “algo” tendría que hacerlo aquí dentro y estoy cansada de estar aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y qué se supone que puedo hacer yo? Sigue lloviendo a cántaros y aún no puedo manejar el tiempo a mi antojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Aún? –Álex alzó una ceja, interesada en esa última frase -¿Podrás hacerlo algún día?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Podré intentarlo –Ben se encogió de hombros. Claro que podría intentarlo, pero no esperaba que Álex se lo tomara tan en serio, porque la niña sonrió como si de verdad le creyera y dejó de insistir en el asunto. Aún así, seguía estando aburrida, así que el hombre suspiró y la cogió por los hombros –Está bien. ¿Quieres que juguemos al ajedrez? –Ella negó con la cabeza -¿Al Risk?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Odio el Risk, papá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué hacemos entonces? No voy a dejarte salir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Uhm! Podrías contarme un cuento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ben frunció el ceño y alejó a la niña de su cuerpo. Aquella no parecía una buena idea. Odiaba cuando la gente lo dejaba indefenso y eso era lo que Álex había hecho al pedirle aquello. Porque Benjamin Linus no se sabía ningún cuento. Nadie le había enseñado ninguno de pequeño y casi siempre había alguien dispuesto a dedicar un rato a alimentar la imaginación de Álex. Tom parecía conocer todos los relatos infantiles del mundo y a Álex le encantaba sentarse en sus rodillas y escucharle mientras hablaba y hablaba sin parar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo no me sé cuentos –Dijo finalmente el hombre, optando por ser sincero con la niña. Después de todo no era como si estuviera revelando información confidencial sobre sí mismo -¿Quieres que llamemos a Tom? O incluso a Richard...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Richard se enfadaría un poco si Ben lo hacía ir a la casa sólo para eso, pero le contaría el cuento a Álex sólo para quedar bien. Tom, en cambio, se mostraría encantado, sentaría a Álex en sus rodillas y se comportaría como un Papá Noel de vacaciones en el Caribe. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Da igual que no te sepas ninguno, papá –Álex lo cogió de la mano y prácticamente lo arrastró hasta el sofá –Invéntatelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Inventármelo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí –Álex afirmó efusivamente con la cabeza –Cuéntame algo sobre ese barco enorme que hay en mitad de la selva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿La Roca Negra?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Ése!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era una buena idea. No es como si inventarse historias sobre un barco del siglo XIX encallado en mitad de la Isla –y que además atraía la atención de hombres peculiares que se llamaban Charles y era unos auténticos cabrones-fuera algo que le apeteciera mucho, pero Álex se lo estaba pidiendo. Y, aunque le molestara reconocerlo, él no podía negarle casi nada a Álex.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Está bien –Masculló entre dientes, sentándose junto a la niña –Pues la Roca Negra iba por el mar un día...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Así no! –Interrumpió la niña, aparentemente indignada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Los cuentos no empiezan así –Comunicó ella con aire de sabelotodo –Se dice “Había una vez” o “Érase una vez” o cosas parecidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso a Ben le pareció una tontería, pero no creyó que Álex fuera a comprenderlo, así que decidió seguir su consejo. La niña era la experta en cuentos, no él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Está bien. Había una vez un barco que se llamaba “La Roca Negra” que iba por el mar y...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y ahora qué pasa? –Ben pareció sorprendido por esa nueva interrupción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Un barco no puede ser el protagonista de un cuento, papá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Porque los barcos no pueden hablar, ni pelear con espadas ni rescatar a princesas en apuros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Se supone que eso debe hacer el protagonista de un cuento?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Claro! Tiene que ser un príncipe, porque nadie más puede rescatar a las princesas –Alex alzó la cabeza con orgullo –Ya sabes, papá. Princesas con príncipes. Campesinos con campesinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ben sonrió sin poder evitarlo. Si eso era lo que se enseñaban los cuentos infantiles sobre las clases sociales, él no pensaba discutirlo. Quizá, algún día le sirviera para recordarle a Álex que ella era una princesa y Karl un campesino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Está bien –Ben suspiró y se aclaró la voz, creyendo que ya había captado lo básico para inventar un cuento –Había una vez, un príncipe que tenía un barco y le llamó “La Roca Negra”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Álex chasqueó la lengua y se cruzó de brazos. Ben se quedó callado y la observó con el ceño fruncido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué pasa ahora?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El príncipe. No has dicho que es de un reino muy lejano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué...? ¿Por qué tiene que ser de un reino muy lejano?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Porque los cuentos son así, papá. En serio no sabes nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ben refunfuñó y luchó por no levantarse y salir de allí en ese momento. Álex era su hija, debía ser paciente con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Está bien. Lo intentaré otra vez, pero deja de interrumpirme todo el tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Álex se quedó callada, pero miró a su padre como si tuviera la certeza de que iba a hacerlo más otra vez. Ben volvió a aclararse la garganta y se dispuso a hablar. Intentaba imaginar una buena historia y, entonces, llamaron a la puerta. Ben giró la cabeza y se dio cuenta de que había dejado de llover. Ni siquiera le importó ver a ese mocoso insufrible. El sol y Karl le habían salvado la vida. Álex no tendría que descubrir que su padre era incapaz de inventarse cuentos. Sí grandes mentiras para captar seguidores para su Otra causa, pero no historias con príncipes caballerosamente ridículos y princesas patéticamente lloronas. Era un gran alivio.&lt;br /&gt;]&lt;br /&gt;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:23004</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/23004.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=23004"/>
    <title>Leyes de Murphy y Desmond :)</title>
    <published>2008-08-16T18:47:25Z</published>
    <updated>2008-08-16T18:49:11Z</updated>
    <category term="30vicios"/>
    <category term="ley de murphy"/>
    <category term="desmond"/>
    <content type="html">&lt;b&gt;Fandom:&lt;/b&gt; Lost&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Desmond D. Hume&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Ley:&lt;/b&gt; #9 - &lt;i&gt;El que duda, probablemente tiene razón&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;[Querida Penny:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo perfectamente el rostro del primer hombre que vi después de la muerte de Calvin. Tras más de cuarenta días en el infierno, viviendo sin vivir y muriendo sin poder hacerlo, él vino a mí para darme un poco de esperanza y libertad. Llegó a mi vida buscando algo, un motivo para conservar su fe. Se llamaba John Locke.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio, pensé que estaba allí para sustituirme. El reemplazo que Calvin y yo esperamos durante tres años, el mismo que Calvin y su compañero aguardaron pacientemente antes que nosotros. Pero no. Era otra persona, un hombre caído del cielo. Literalmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo ignoraba por completo lo que John andaba buscando, pero poco me importó. No lo hizo cuando abandoné la escotilla, ni cuando regresé a ella después de comprobar que, por más que lo intentara, no podía alejarme de esta maldita isla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Sabías que han pasado todo este tiempo apretando el botón por mí? Es extraño. Después de tanto tiempo pensado que estaba haciendo algo importante, llegué a creer que John tuvo razón durante su crisis de fe. Porque tuvo una crisis de fe, Penny. Una crisis de esas que te marcan de por vida y de las que no es nada fácil escapar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;John es un hombre de fe. Me di cuenta de ello la primera vez que lo vi. Es un hombre que cree en el destino, que está convencido de que está en la isla porque tiene una importante misión que llevar a cabo. Pero ahora piensa que estuvo equivocado. Cree que lo de apretar el botón es una estupidez, un cruel experimento de los tipos de Dharma, y quiere acabar con él. De una vez y para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Posiblemente tenga razón, Penny. Posiblemente lo de ese botón no signifique nada. Posiblemente he pasado tres años encerrado bajo tierra por una estupidez, sin un motivo, y no te imaginas cuanto duele eso. Es frustrante, Penny. No es que vaya a recuperar el tiempo perdido si descubro que mis acciones del pasado sirvieron para algo. Pero. ¿Tanta soledad, tanta locura, para nada? No. No es posible. Una parte de mí se niega a creerlo. La otra, mucho más insistente, anima a John a descubrir si sus dudas son fundadas o no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Realmente no sé por qué lo hago. Me he preguntado muchas veces si lo de apretar el botón tenía un sentido, pero nunca tuve el valor suficiente para comprobarlo. Sólo una vez dejé de presionar la dichosa tecla, y fue por accidente. El día en que murió Calvin, ya sabes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, ahora, mientras repaso los registros de la estación en busca del día en que el avión de Locke se cayó, no dejo de observar a ese hombre. Es evidente que arrastra muchas emociones encontradas. Es un hombre de mundo, o eso es lo que parece. Ignoro, eso sí, hasta que punto puede ser un hombre de mundo alguien que se dedicaba a hacer cajas. Es irónico. ¿Verdad? Pero John sabe de casi todo. Es un líder nato, pero hay algo que lo mantiene anclado al pasado y, de vez en cuando, lo vuelve loco. Está obsesionado con la isla y su destino. Y, francamente Penny, a veces no me cuesta trabajo imaginármelo recorriendo la selva en busca de algo que nunca logra encontrar, estableciendo su propio y dictatorial orden y negándose a escuchar a gente algo menos insensata. O, tal vez, escuchando a la gente inapropiada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé si John tendrá razón, Penny. Sólo sé que sus dudas sobre la isla le están impulsando a actuar como lo hace. Tengo la sensación de que esto no acabará bien. Ahora toca esperar a ver que pasa. No sabes cuánto me gustaría que no pasara nada, aunque eso supusiera la pérdida inútil de tres años de mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te quiero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desmond.&lt;br /&gt;]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Ley:&lt;/b&gt; #10 - &lt;i&gt;No puedes caerte del suelo&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;[Querida Penny:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy me siento más avergonzado de lo que nunca he estado en mi vida. Como debes suponer, me estoy realmente abochornado, porque nunca he tenido demasiadas cosas de las que sentirme orgulloso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supongo que alguien ahí fuera sería capaz de entenderme. No he pasado unos días demasiado agradables, aquí solo, sin poder dormir, volviéndome loco. Tanto que pensé en el suicidio. La muerte como premio a tantos años de estupideces y soledad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un antiguo sacerdote pensando en el suicidio. No se puede caer más bajo. ¿Verdad? Y ni siquiera he leído mi precioso último libro de Dickens. Patético, lo sé. Pero es que estaba tan cansado. Tan solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay mucho que pueda decir en mi defensa, sólo que me rendí. Cobarde o no, me sentía incapaz de seguir adelante, sin saber qué me depara el futuro. Si es que el futuro se digna a depararme algo. Sentí que todo dejó de tener sentido. Sólo veía brumas a mi alrededor y necesitaba imperiosamente disiparlas. Como ya lo había hecho el compañero de Calvin antes de mi llegada. Como lo hubiera hecho el propio Calvin de haberse visto obligado a seguir solo mucho tiempo. Sentí que nada importaba. Ni la tecla, ni mi vida. Ni tú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puedo expresar con palabras lo que sentí cuando vi tu caligrafía ante mis ojos. Fue casi como volver a contemplar tu rostro y escuchar tu voz. Sublime y liberador. Y también como una sonora bofetada a mi inconsciente estupidez. Esas breves líneas dedicadas a mí, escritas ni siquiera sé cuando, me llenaron de una esperanza y una fuerza que creí muertas y enterradas. Me dieron valor para levantar la cabeza, tragar aire y soñar con un futuro mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras, destrocé medio búnker, por supuesto. Porque, en cierta forma, te odie por abrirme los ojos. Lo sé, lo siento. No soy digno de quererte, pero tampoco de odiarte. Tú siempre fuiste mucho más fuerte que yo, Penny, y confío en que aún lo seas. Desde aquel día, sueño contigo casi siempre. Te veo aquí, en la Isla, y puedo abrazarte, besarte y hablarte, mientras prometemos no separarnos nunca más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Incluso yo soy cruel conmigo mismo, llenando mi mente de esos imposibles dolorosos. No creo que pueda abandonar la Isla nunca. ¿Por qué no llegó el sustituto de Calvin? ¿Por qué nadie se ha puesto en contacto con nosotros? ¿Por qué a nadie le importa dónde estoy? Es abrumador pensar en el futuro. No creo que exista nada más allá de esta especie de departamento ochentero y, sin embargo, hoy me siento fuerte. Gracias a ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te quiero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desmond.&lt;br /&gt;]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Ley:&lt;/b&gt; #11 - &lt;i&gt;Cuando necesites abrir una puerta con la única mano libre, la llave estará en el bolsillo opuesto&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid3"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;[Querida Penny:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta Isla es un lugar extraño. Constantemente pasan cosas de difícil explicación y casi siempre te sientes perdido aquí, sin saber muy bien cómo llegaste y hacia dónde te dirigen tus pasos. Un día crees que sigues la dirección correcta y, al segundo siguiente te das cuenta de lo equivocado que estabas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace unos días ocurrió muy extraño. Ya te he hablado de la implosión de la escotilla, del alivio que irremediablemente sentí cuando me di cuenta de que nadie estaría atado a ese maldito ordenador nunca más, pero hay cosas que no te he contado. Cosas que aún me resultan muy difíciles de asimilar y que, por supuesto, no entenderé ni aunque pase siglos aquí atrapado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando comenzó a liberarse toda esa energía electromagnética, creí saber cuál era mi destino en la Isla: la muerte. Ante mis ojos apareció la realidad más clara que nunca. Yo tenía la llave para salvar a toda esa gente, los supervivientes del avión que yo mismo derribé. Pensé que el destino me estaba dando la oportunidad de redimirme y convertirme en lo que siempre quise ser. Un hombre digno de ti, alguien grande a quién la gente pudiera recordar por ser algo más que un mediocre. Estaba tan claro, me sentí tan decidido que no me importaba morir. Únicamente lamentaba ser consciente de que no volvería a verte más. Era amargo, triste y muy doloroso saber que te había perdido para siempre, y mis últimos pensamientos fueron para ti, como siempre. Pero no morí. Y si lo hice, fui al paraíso, Penny, porque, y aunque te parezca una locura, me encontré nuevamente a tu lado. Juntos, felices, como si nunca nos hubiéramos separado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé si fue un sueño o algo real, pero sí que fue maravilloso. Volví a sentirme feliz. Volví a ver tu sonrisa, a escuchar tu voz y a reír contigo como siempre solía hacer. Estábamos juntos y eso era lo único importante para mí. Pero no era perfecto. Las cosas nunca lo fueron entre nosotros. No sé si por mi culpa, por la tuya o por la de los dos, pero no era perfecto porque, una vez más, no terminamos juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no me importa, Penny. No ahora, cuando el recuerdo es tan cercano que casi puedo acariciarlo con los dedos. Aún te veo frente a mí, aún puedo aspirar el aroma de tu perfume y aún veo tu sonrisa frente a mí, dándome la oportunidad de volver a estar a tu lado. Durante unos pocos días, tuve a mi alcance la llave de la felicidad. La puerta estaba ahí, frente a mis ojos, esperando a que traspasara el umbral para no dejarte marchar –para no dejarme marchar- pero fracasé. La llave estaba cambiada y mi destino aquí, en la Isla, haciendo la única cosa grandiosa que jamás haré en mi vida. Absurdo y cruelmente real.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo único que puedo hacer ahora es preservar estos recuerdos como únicos. Seguiré luchando por ti hasta mi último aliento. Te encontraré –o quizá tú me encuentres a mí- pero te juro que no volveré a dejarte ir nunca más. No ahora, aunque haya visto nuestro pasado y me haya visto obligado a comprender que, efectivamente, no debíamos estar juntos. No entonces, pero espero que sí ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te quiero, Penny.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desmond.&lt;br /&gt;]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Ley:&lt;/b&gt; #12 - &lt;i&gt;Nada es tan temporal como lo que se llama permanente&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;He decidido romper mis propias reglas y no todos los capítulos serán escritos como cartas a Penny. Si en “Lost” le dan una vuelta de tuerca a la estructura narrativa, ¿por qué no voy a hacerlo yo también? Además, después del maravilloso final de la cuarta temporada (¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaayyyyyyyyyyyyyyyy!) no puedo resistirme. Tengo que imaginar el futuro, aunque sea más negro que el furgón del Dioni (perdón por el ¿chiste? Una que se pone a recordar “El Informal”), aunque no me olvidaré del pasado. Todavía quedan muchas viñetas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid4"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;[Penny duerme. El barco se mece suavemente sobre las olas y Desmond sólo puede hacer una cosa: mirarla. Hasta hace diez minutos, los ojos azules de ella también han estado fijos en su rostro curtido por el sol, más viejo pero repleto de una esperanza perdida mucho tiempo atrás. Se han acariciado, se han besado y se han susurrado palabras de amor, ajenos al mundo exterior, dedicados únicamente el uno al otro. Ninguno de los dos se sentía tan feliz desde hacía años y, aunque Penny hubiera deseado seguir mirándolo eternamente, el sueño la había vencido. Y Desmond se alegra porque tiene la oportunidad de grabar una a una las facciones femeninas en su mente, porque llevaba tanto tiempo sin verla que se le había olvidado cómo se formaban aquellas encantadoras arruguitas junto a sus ojos al sonreír y no desea que eso vuelva a pasarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Penny está preciosa mientras la luz del amanecer acaricia sus cabellos, arrancando destellos dorados y cobrizos. Desmond decide que no puede contenerse y le pasa una mano por el rostro antes de inclinarse y besarle la frente. ¿Cuántas veces soñó con ese instante? ¿Cuántas veces creyó morirse ante la certeza de que no volvería a tenerla a su lado nunca más? ¿Cuántas veces se dio por vencido y pensó en abandonar su lucha?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no lo había hecho y había ganado. Al tiempo, a la Isla y al viejo Widmore. Al menos por el momento. Porque las cosas se habían puesto realmente feas, porque había terminado perdido en un bote salvavidas en mitad del océano, sin agua, sin comida y con muy pocas posibilidades de salir vivo de allí y, sin embargo, ocurrió lo impensable: los encontraron y rescataron. Y, por si eso no fuera poco, fue precisamente Penny la encargada de devolverlo a la vida que abandonó no tres años antes, sino mucho tiempo atrás, cuando se rindió ante Charles Widmore y ante sí mismo y decidió que dejar a Penny fue la mejor decisión que pudo haber tomado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ocho años transcurridos desde entonces le habían quitado la razón. Ochos años encerrado en una cárcel, en una Isla y, ante todo, en su propia conciencia, le hicieron darse cuenta de lo estúpido que había sido y de lo equivocado que había estado. Quizá fuera cierto que no era digno de Penny, pero ya no le importaba en absoluto. Sin Penny él no era nadie y, al parecer, su chica no era nadie sin él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desmond no volverá a cometer los mismos errores. Le prometió a Penny que no la dejaría nunca y pensaba cumplirlo. Sólo muerto podrían alejarlo de ella. No le importaba Widmore ni nada de lo que pudiera hacer para separarlos. Si realmente un día fue cobarde, indigno, insignificante, ya había pagado su penitencia por ello y ahora, Desmond David Hume sólo quiere ser feliz. Y está dispuesto a luchar por conseguirlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Penny se mueve un poco y apenas un instante después abre los ojos y mira a Desmond. Parece no ser capaz de creerse que él esté allí, junto a ella, y le acaricia el rostro mientras le sonríe. Desmond entiende su temor. Él no ha podido dormir porque le da terror despertar y descubrir que ella, lo único que de verdad le importa en ese maldito mundo, ha vuelto a desaparecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Buenos días –Musita él, y su voz suena ronca, plagada de mil y una emociones que Penny capta al instante y hacen que su sonrisa se amplíe un poco más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sigues aquí –Ella suspira y cierra los ojos cuando el pulgar de Desmond roza su mejilla. Después, siente unos labios suaves posarse en los suyos y se deja besar totalmente encantada de estar allí, con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Siempre estaré contigo –Desmond habla al cabo de unos segundos. Sabe que cuando abandonen ese barco tendrán que luchar contra un montón de cosas. Sabe que la eternidad que le promete a Penny puede ser algo efímero, pero se niega a pensar en ello porque de verdad está decidido. Sólo muerto. Penny lo sabe y afirma quedamente con la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tenemos muchas cosas de las que hablar...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí –Desmond refunfuña porque eso es verdad y en ese momento no le apetece –Pero no ahora. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tus amigos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dejemos que descansen. Ayer fue un día duro. Olvidemos todo. Hagamos como si pudiéramos quedarnos aquí para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Penny sonríe, traviesa, y le concede ese deseo a Desmond. Después de todo, es temprano aún y a ella le apetece tan poco como a él afrontar el futuro que les espera. No debe ser tan grave robarle media hora al tiempo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizá, mejor una hora o dos.&lt;br /&gt;]&lt;br /&gt;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:22719</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/22719.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=22719"/>
    <title>Actualizando tablas de 30Vicios</title>
    <published>2008-08-16T18:24:39Z</published>
    <updated>2008-08-16T18:24:39Z</updated>
    <category term="30vicios"/>
    <category term="neville"/>
    <content type="html">No estoy muy segura de que lo mío tenga perdón. Tengo tan abandonado el LJ que casi me da vergüenza, así que me dejaré de excusas y me limitaré al poner al día las tablas de 30 Vicios, que ya iba siendo hora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para empezar, unas cuantas viñetas de Neville Longbottom. Espero que os gusten.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Fandom:&lt;/b&gt; Harry Potter&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Neville Longbottom&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #12 - &lt;i&gt;Incertidumbre&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Resumen:&lt;/b&gt; Neville quiere demostrarle a su abuela que no es como ella piensa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;[Neville tiene siete años y no es un niño feliz. Y no porque no le guste demasiado vivir en esa casa tan grande y oscura, ni por las miradas suspicaces de la mayoría de sus familiares, ni porque no tenga a nadie con quién jugar. Ni siquiera por la triste situación de sus padres, que están ingresados en San Mungo, locos y lejos del mundo real. No. Aunque a Neville no le falten los motivos para sentirse solo y triste, a él sólo le preocupa una cosa: la decepción de su abuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese día es su cumpleaños. Augusta Longbottom invitó a un montón de gente a la fiesta en honor de su nieto –la mayoría viejos compañeros de Hogwarts- y todo salió tan mal como cabría esperar. Los ancianos magos no se habían cansado de hablar sobre los logros mágicos de sus familiares, y lo único que Augusta hizo fue fruncir los labios y mirar a Neville acusadoramente. Porque el niño no tenía ningún logro mágico en su haber y eso era algo que la abochornaba profundamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neville está inmóvil junto a la puerta del saloncito del té. Ya se ha ido casi todo el mundo, pero puede escuchar perfectamente la voz de su abuela mientras charla con una de sus mejores amigas. Neville casi no conoce a Minerva McGonagall, pero le parece muy intimidante y prefiere no interrumpirlas. No le gustaría que su abuela se enfadara, así que casi no respira ni se mueve. Aunque le apetezca mucho salir corriendo y esconder la cabeza en algún agujero, no puede evitar escuchar lo que su abuela está diciendo. Y duele mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tú no sabes lo que es vivir con esta incertidumbre, Minerva –Dice Augusta, y su voz suena a decepción y resignación –Todos los días doy gracias a Merlín porque Frank nunca llegara a saber que su hijo no era más que un squib. Al menos pudo irse sintiéndose orgulloso de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Neville es muy pequeño aún –Minerva suena suave, reconciliadora –No hay motivos para alarmarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dices eso porque no es tu nieto. ¡Un squib! ¿Qué voy a hacer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No creo que lo sea, Augusta. En cualquier caso. ¿Lo querrás menos si resulta serlo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neville contiene la respiración. Espera la respuesta de su abuela con impaciencia. Él se esfuerza muchísimo por ser un buen mago, pero no es fácil. Le gustaría ser igual que otros niños de su edad, alguien de quien su abuela pudiera llegar a sentirse orgullosa, pero no puede hacer magia. Es así de sencillo. Quiere, pero no puede, y espera de todo corazón que a su abuela eso no le importe, porque ella es lo único que tiene y no soportaría saber que el ser un squib supusiera quedarse solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es mi nieto –Augusta habla con gravedad y a Neville le parece que suspira profundamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Neville no está seguro de si eso en bueno o no, pero una parte de sí mismo confía en que su abuela sí lo querrá. Él, por su parte, se aferra a ese pequeño poder que late dentro de su cuerpo y se jura que algún día logrará que Augusta Longbottom esté orgullosa de él.&lt;br /&gt;]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #15 - &lt;i&gt;Libertad&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Resumen:&lt;/b&gt; Gestos aparentemente insignificantes que suponen todo un alegato a la libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;[Neville no recuerda el momento exacto en el que decidió que tenía que hacer algo para enfrentarse al régimen de terror que los hermanos Carrow habían instaurado en Hogwarts. Quizá, fue después de ver cómo dos estudiantes de séptimo curso torturaban a un niño de primero en mitad de un pasillo. Tal vez, la noche en que Seamus llegó apenas consciente a su dormitorio en Gryffindor después de recibir un correctivo por defender el talento mágico de su amigo Dean. O posiblemente cuando escuchó a Ginny llorar durante una noche entera, agazapada en la Sala Común, escondida de todo y preocupada por el incierto futuro de su familia. Neville no lo recuerda, pero siente que ya no importa. Ahora, lo único que tiene sentido es que están luchando y que, pase lo que pase, no se detendrán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche está acompañado por Hannah Abbot, de Hufflepuff, y Luna Lovegood, de Ravenclaw. Un par de chicos de Gryffindor han querido ir con ellos, pero Neville rechazó su ayuda. No espera que surjan complicaciones. La misión es sencilla y cuanta menos gente haya, menos posibilidades habrán de fracasar. Sólo van a hacer un par de pintadas a los corredores de las mazmorras, un gesto insignificante y osado, pero que habla con bastante claridad de sus intenciones. Ha elegido a Hannah porque es silenciosa y bastante buena con los hechizos levitadores, y a Luna porque, sorprendentemente, suele ser muy ingeniosa a la hora de inventar frases contra los Carrow, el Señor Tenebroso y todos sus esbirros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los tres se deslizan como sombras a través de los extensos pasillos. Ninguno de ellos parece respirar, preocupados por no hacer ningún ruido, y los tres se sienten nerviosos y emocionados. Una parte de Neville, la más aterrada, le insta a volver atrás y olvidarse de todo ese absurdo. Otra, la que últimamente le grita con más fuerza, le anima a seguir adelante, sin temores y con decisión, convenciéndole de que tiene una misión demasiado importante entre manos como para olvidarse de ella. Y Neville suspira profundamente y asoma la cabeza en la siguiente esquina, esperando que no haya nada por ahí cerca. Siente la mano de Hannah en su brazo y nota su temor. La chica está temblando y, por un segundo, quiere decirle que puede irse si quiere, pero no lo hace. Las necesita a las dos; prescindir de su ayuda es un lujo que no pueden permitirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le parece escuchar pasos lejanos. Los tres se aplastan contra la pared y retienen la respiración, pero nadie aparece por el corredor; ni atrás, ni más adelante. Siguen estando solos. Luna parpadea y agita la cabeza, dispuesta a seguir su camino, pero ni Hannah ni Neville se mueven. Están cogidos de la mano, varitas en alto y gesto defensivo, preparados para afrontar cualquier contra tiempo. Sin embargo, no necesitan que Luna haga o diga algo. La Ravenclaw se limita a mirarlos con aire entre ausente y divertido, y Neville carraspea –quizá demasiado ruidosamente- y suelta rápidamente la mano de Hannah, encontrado bastante encantador el ligero rubor que comienza a cubrir sus pálidas mejillas. En realidad no sabe por qué piensa en eso, porque es el peor momento para hacerlo y porque él no suele encontrar nada encantador en Hannah, pero tampoco puede pararse a encontrar una explicación. Retomando el camino, sigue guiando al pequeño grupo entre la oscuridad, hasta finalmente llegar a la zona de los calabozos más cercana a la sala común de Slytherin. No es que esté al lado, pero Neville no desea correr riesgos innecesarios –ninguno lo desea, en realidad- y se conforma con lo que ha conseguido. Seguramente sus compañeros de colegio se sentirán bastante sorprendidos cuando se levanten por la mañana y vean lo que van a escribir. Neville hubiera dado cualquier cosa por ver sus caras cuando eso ocurra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los tres se encaran con la pared. Parecen pensativos y siguen tensos. Saben que no deben confiarse. Ya han probado el poder de las varitas de los Carrow en alguna ocasión y no es agradable. Pero una tortura de más o de menos no les ha detenido, ni los detendrá. Ni los castigos de Snape ni las amenazas de los Carrow. Todos tienen una lucha muy importante que llevar a cabo. Tienen que defender su libertad y la libertad del mundo mágico. Tienen que demostrarle a Harry Potter, esté donde esté, que ellos permanecen a su lado pese a todo. Y también deben probarse a sí mismos que son capaces de hacer algo importante por los magos y brujas que sufren allí fuera, lejos de Hogwarts. Por tantos compañeros de estudios que son perseguidos por su origen, por tantos que a esas horas sufrían un destino peor que el de los chicos que permanecían encerrados en Hogwarts. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neville mira de reojo a Luna. La chica observa la pared con gesto pensativo. Tiene la varita detrás de la oreja y, a su lado, Hannah espera expectante, ansiosa por comenzar a hacer las pintadas. Neville entorna los ojos y se pregunta cómo se sentirá acariciar ese cabello rubio que siempre está sujeto por dos trenzas, pero que esa noche se escapa en rebeldes mechones por su rostro y por su cuello. Sabe que Ernie ha tenido numerosas ocasiones de acariciar ese pelo, y por un segundo se olvida de dónde está y se pregunta cómo es estar en su lugar. Algo de rencor le enturbia la mente y, entonces, despierta y mira a su alrededor, temiendo que algún descuido pueda costarles realmente caro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es momento para tener sentimientos. No cuando la guerra los aprisiona y los condena a un futuro oscuro y repleto de muerte y destrucción. Pero Neville Longbottom, aunque se haya convertido en el líder de la resistencia de Hogwarts, sigue siendo un adolescente y hay cosas que, pese a todo, escapan a su control. La guerra y el cabello de Hannah son dos de esas cosas.&lt;br /&gt;]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #1 - &lt;i&gt;Ilusión&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Resumen:&lt;/b&gt; Hannah está radiante y él mira el futuro con esperanza y cientos de ilusiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid3"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Parecía mentira que ese día fuera a llegar al fin. Parado frente al altar, ataviado con sus mejores galas y nervioso hasta la médula, Neville se siente el hombre más afortunado del mundo y recuerda con melancólica alegría todos los momentos pasados junto a Hannah a lo largo de los casi cuatro años que ha durado su noviazgo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los primeros intercambios de tímidas miradas frente a espumosas cervezas de mantequilla. Las primeras frases amables murmuradas a media voz con magos curiosos como burlones testigos. El primer y accidentado beso en los invernaderos del colegio, auspiciados por el brujo citado anteriormente. La primera y desastrosa cita, cuando Neville le tiró a Hannah una copa de vino encima y ella armó un auténtico desastre en la tienda de lechuzas. La primera vez que estuvieron juntos, en Hogwarts, excitados y asustados ante la idea de que McGonagall o cualquier otro profesor pudiera descubrirlos juntos. Las primeras confidencias de verdad, cuando Hannah le habló de la muerte de su madre y de Susan, y él la llevó a San Mungo a conocer a sus padres. El surgimiento de una amistad irrompible y un amor sereno pero cargado de pasión. Los sueños compartidos junto al lago del colegio, cuando ella afirmaba que quería tener por lo menos cinco hijos y él sonreía y le aseguraba que, después del primero, se conformaría con un par de ellos. Y los planes de boda que tanto habían durado y los habían llevado a ese punto de no retorno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos estaban ahí. Sus amigos y los de Hannah. Harry y Ginny, Ron y Hermione, sentados en la primera fila, sosteniendo a duras penas a sus hijos (James es un terremoto) y sonriéndole para darle ánimos y mostrarle su apoyo. Y Luna, que ha venido sola y tarde porque hasta unas horas había estado en Sudáfrica buscando alguna criatura extraña e inexistente. O Cassius, que se negó a verse rodeado de Gryffindors estúpidos –según sus propias palabras- y terminó al lado de su abuela Augusta y con cara de encontrarse bastante intimidado por la mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neville los mira a todos y les agradece mudamente su presencia. También están los mejores amigos de Hannah, Justin y Ernie, los únicos cuya opinión Hannah tenía en cuenta y a los que quería como hermanos. Neville no se había llevado muy bien con Ernie al principio –demasiado prepotente y demasido exnovio de Hannah –pero con el tiempo descubrió que también era agradable y, afortunadamente, muy novio de Justin. La relación de esos dos le había sorprendido bastante –Cassius solía hacer bromas muy ingeniosas al respecto- y Hannah se había alegrado tanto que, durante las semanas posteriores, no había dejado de sonreír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Neville le alegraba saberse rodeado de buenos amigos y de familiares a los que apreciaba y que le habían demostrado cierto respeto después de la guerra. Inevitablemente no podía sentirse del todo dichoso, porque la madre de Hannah no podría lucir una bonita túnica blanca y sus propios padres no le sonreirían ni le guiñarían un ojo desde el lugar que ocupaban sus amigos, pero no importaba porque sabía que, a pesar de todo, si la señora Abbot estuviera viva y sus padres cuerdos, todos se sentirían orgullosos y felices por ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la novia hace su entrada en la estancia, el estómago de Neville se encoge y su corazón empieza a dar brincos descontrolados. Ella está radiante y le sonríe ampliamente y él se siente en éxtasis y está punto de correr hacia su futura mujer y comérsela a besos. En lugar de eso, se siente ilusionado y ve el futuro con esperanza, sabiendo que serán felices. Que tienen que ser felices. Imagina a su primer hijo –que se llamará Frank- y lo ve sentado en su regazo mientras Hannah, con las mejillas sonrosadas y la sonrisa en el rostro, sirve copas a los parroquianos de su taberna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras ella avanza del brazo de su padre, paso a paso y sin dejar de mirarlo, el resto del mundo desaparece y Neville siente que puede flotar. Nunca había pensado que el día de su boda sería tan genial y, sin embargo, sabe que tendrá que pasar mucho tiempo antes de sentirse más feliz. Y eso le alegra más que cualquier otra cosa en el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #29 - &lt;i&gt;Grito&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Resumen:&lt;/b&gt; A Neville nada le sale bien. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid4"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;[A Neville Longbottom siempre le salía todo mal cuando era adolescente. Algunas veces protestaba y otras se mostraba mucho más resignado, pero casi todo el tiempo tenía la sensación de que era gafe o algo así. A él le explotaban los calderos en Pociones día sí y tía y también. A él le robaban una recordadora y terminaba estampado contra el suelo. A él lo agarraban los duencillos de Cornualles y lo colgaban del techo. A él le insultaban todo el tiempo y no le resultaba fácil defenderse. Todo a él y nunca se había quejado tan amargamente como ese día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Acaso, por una vez, las cosas no podían transcurrir con normalidad? Ya había crecido sin padres, ya había sido un estudiante torpe y desgarbado, ya le había costado un mundo conseguir que alguien se enamorara de él. ¿No podía tener a su primer hijo en un hospital, como todo el mundo, sin la incertidumbre de saber que todo saldría bien?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escuchó el grito de Hannah procedente del otro lado de la puerta. Había estado a punto de maldecir a la señora Pomfrey y a McGonagall para que le dejaran entrar a la enfermería (después de todo, era el padre de la criatura), pero Cassius lo había agarrado de un brazo, lo había estampado contra la pared y le había quitado la varita hasta que se tranquilizó un poco. Neville se había retorcido, le había dado un codazo a Warrington en la cara y había recibido dignamente un puñetazo que pretendía hacerle razonar más que lastimarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cierto que Neville ya no parecía dispuesto a arrojarse al cuello de nadie por el momento, pero eso no quería decir que Cassius no le estuviera vigilando y que él mismo no estuviera tan nervioso que no podía estarse quieto ni un solo segundo. Intentaba mantener la cabeza ocupada en algo que no fuera el parto de Hannah. Ignoraba por completo como era eso de tener hijos. No sabía cuánto tiempo tardaban las mujeres en dar a luz ni si era normal que su esposa gritara tanto y tan fuerte, pero ya no preguntaba por ninguna de esas cosas. Había llegado a la conclusión de que Warrington tenía menos idea que él y no había nadie más cerca con quién hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era curioso que fuera precisamente Cassius quién le acompañara en ese momento. Se llevaban bien y eran amigos, pero cuando imaginaba esa sala de espera en San Mungo se veía rodeado por su abuela, algún antiguo compañero de Gryffindor, el padre de Hannah y sus amigos Hufflepuffs. Estaba seguro de que Cassius hubiera ido al hospital para quejarse de lo enclenque y rojizo que era su hijito, aunque con un regalo bajo el brazo y una mirada extraña en los ojos. En cualquier caso, no había creído que precisamente Cassius tuviera que tranquilizarlo. Si tan solo las cosas hubieran sido como debían ser...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hannah y el bebé habían decidido que no le dejarían disfrutar de su paternidad en paz. Ella, terca como una mula, tuvo que ir a felicitarle por su cumpleaños a Hogwarts y, aunque aún le faltaban un par de semanas para salir de cuentas, había roto aguas en los invernaderos que Neville había tratado de organizar después del curso académico. El profesor se había puesto pálido al verla gritar y no había sabido reaccionar. Hannah lo había agarrado del cuello de la túnica, le había amenazado un poco y lo había arrastrado a la enfermería. Allí, la señora Pomfrey se hizo cargo de la situación y mantuvo a Neville alejado. Quizá porque se había puesto más pálido de la cuenta al ver la sangre, tal vez porque había mencionado algo sobre complicaciones y niños prematuros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estate quieto de una puñetera vez, Longbottom.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mirada que Neville le dirigió no fue menos amenazante que el tono de voz de Cassius. El Slytherin sonrió de medio lado y siguió de brazos cruzados, lo suficientemente cerca de la puerta como para no dejar que Neville la traspasara hasta que la gente de dentro no dijera lo contrario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hablemos de cosas importantes –Dijo Cassius después, con exasperante tranquilidad -¿Crees que el hijo de un Gryffindor medio squib y una Hufflepuff que sirve cervezas de mantequilla tendrá alguna clase de talento mágico?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neville entrecerró los ojos. Si no conociera a Warrington, se habría sentido casi ofendido, pero conocía el humor de su compañero y sabía que pretendía rebajar el tenso ambiente que el propio Neville había creado. Lo miró de reojo, bufó y siguió caminando de un lado para otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-En serio, Longbottom. No sé por qué estás tan nervioso. Ni que tú estuvieras dando a luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Cuando tú tengas hijos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neville no pudo expresar de mejor forma sus emociones. Aún no conocía a aquel bebé y ya lo quería tanto que le aterraba pensar que algo malo pudiera pasarle. Se sentía impotente ahí fuera, sin saber cómo iba todo, sin poder asegurarse de que Hannah estuviera bien (dentro de lo que cabía) y que su hijo naciera sano y con los correspondientes veinte dedos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Todos soltáis el mismo rollo. No es para tanto. Cuando pases ahí dentro, sólo verás una cosa arrugada e hinchada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Cállate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Warrington sonrió y obedeció la orden. Neville tenía aquella mirada de “Voy a patearle el trasero a Voldemort” que tan famosa se había hecho después de la guerra y Cassius era lo suficientemente listo como para dejar de tocarle las narices. Después de todo, ese hombre era algo más que un Gryffindor medio squib y, además, parecía estar preparado para defender a su hijo bajo cualquier circunstancia. Si creía que insinuar que estaba a punto de tener un pequeño engendro diabólico, era mejor quedarse callado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-En serio, Neville. Estoy seguro de que todo va bien. Deberías tranquilizarte un poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero... ¡Llevan ahí casi una hora!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Se puede saber cómo te crees que nacen los niños? Hace falta tiempo. No tenemos ni un solo indicio de que las cosas estén saliendo mal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero Hannah parece estar sufriendo tanto...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Como millones de mujeres antes que ella. Siéntate o te lanzaré un maleficio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neville se enfurruñó, pero pareció decidir que era mejor obedecer la sugerencia. Por ahí había leído que los bebés solían tardar mucho en nacer, así que Cassius debía tener razón y él no podía seguir así o le daría un infarto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Cuando era niño, mi abuela creía que yo era squib –Dijo en un susurro. Necesitaba hablar y no le importaba revelar algunas confidencias. Quizá, mañana se arrepentiría, pero no podía estar callado y esperando –Era horrible. Me sentía mal todo el tiempo y me daba miedo no poder cumplir con sus expectativas –Cassius lo miró fijamente y se limitó a cabecear –Si el bebé no tuviera magia, no me importaría. No le dejaría pasar por lo que yo pasé. Y si te burlas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me cortarás la cabeza con la espada de Gryffindor, lo sé –Cassius le palmeó la espalda amistosamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Además, no creo que vaya a ser squib. Llevará el nombre de mi padre, después de todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El nombre de un valiente y honrado guerrero –Cassius fue sarcástico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí. Algún día se sentirá orgulloso de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cassius masculló unas palabras que sonaron algo así como “Y de ti”, pero Neville no lo escuchó. Estaba prestando demasiada atención a aquella especie de gruñido procedente de la enfermería. ¿Era posible que fuera un llanto? ¿No se suponía que el parto debía durar horas, incluso días?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Enhorabuena, Neville –Cassius sonrió con algo muy parecido a la franqueza y lo instó a levantarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Ya?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eso parece. Si yo estuviera en tu lugar, aturdiría a ese par de arpías y cogería en brazos al bebé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí. Gracias, Cassius. A Frank le gustará tenerte de padrino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, dejando al Slytherin sin palabras por primera vez desde que se conocían, Neville irrumpió en la enfermería y no se detuvo hasta que, emocionado, sostuvo con firmeza a un tembloroso bebé recién nacido. Frank Longbottom.&lt;br /&gt;]&lt;br /&gt;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:22455</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/22455.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=22455"/>
    <title>Continuación del post.</title>
    <published>2008-05-15T18:19:00Z</published>
    <updated>2008-05-15T18:19:00Z</updated>
    <category term="martin (oc)"/>
    <category term="30vicios"/>
    <category term="petunia"/>
    <content type="html">&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #22 - &lt;i&gt;Dinero&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La última decisión de Petunia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Privet Drive no había cambiado en absoluto. Petunia no necesitó más de dos semanas para darse cuenta de ello y, sin embargo, la mujer sentía que su vida no volvería a ser la de antes. No sólo porque Dudley se hubiera quedado a vivir en Estados Unidos, sino porque las cosas ya no tenían el mismo sentido que antes. Nada sería igual nunca más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había pasado todos esos días respondiendo las preguntas de sus vecinas. Todas estaban extrañadas por su repentina marcha del barrio, y Petunia –sabiamente asesorada por Vernon- hablaba de un importante negocio de su marido en otra parte del país y de una mudanza tan improvisada como provechosamente. Supuestamente, Vernon había ganado un montón de dinero para su empresa de taladros, y ella estaba encantada. Tanto, que no le importaba que Dudley se hubiera quedado en Oxford, estudiando. Porque su Dudley era un chico muy inteligente, que sería abogado, o cirujano o ingeniero, y no el aprendiz de un mecánico de pueblo que posiblemente nunca podría comprarse un apartamento tan lujoso como el que se suponía que tenía. Porque su Dudley no viviría en una residencia de estudiantes. No. Él era mejor que eso y tenía un piso propio en un lujoso y céntrico edificio, en lugar de verse obligado a alquilar una habitación en el motel del pueblo que había elegido como hogar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vernon estaba contento. O eso pensaba todo el mundo, porque realmente no había dejado de quejarse ni un solo día desde que regresaron. Su relación con Petunia estaba más fría que nunca, y el hecho de que Dudley decidiera seguir su propio rumbo no le satisfacía en absoluto. A Petunia le entristecía no tener a su hijo con ella, pero en cierta forma se alegraba. Esperaba que Dudders pudiera hacer algo de provecho. Contaba con que Martin le echara una mano y si finalmente fracasaba, lo recibiría con los brazos abiertos. Como siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dudley no la preocupaba demasiado. Lo que realmente la hacía sentirse un tanto abatida era darse cuenta de lo insustancial de su vida. Pasaba todo el día limpiando, cocinando y yendo de compras, y ya ni cotillear le parecía tan divertido como antes. De hecho, no lo encontraba divertido en absoluto, sobre todo porque ahora ella era el centro de atención casi todo el tiempo. No eran muchos los que se creían sus mentiras, y el deterioro de su matrimonio no pasó desapercibido para sus vecinas, todas unas profesionales del espionaje y las elucubraciones. Petunia solía sentirse asfixiada y aún se preguntaba porqué había vuelto a Privet Drive con Vernon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sentía estúpida. Era estúpida. Había tenido la oportunidad perfecta de quedarse allí. Vernon no estaba dispuesto a hacerlo ni siquiera por Dudley, pero ella pudo quedarse, por él. Su hijo. Aunque realmente le habría gustado quedarse por otra persona. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa mañana, Vernon se fue temprano. Para alivio de todos, había retomado su trabajo con enérgica decisión, y pasaba casi todo el día fuera de casa, poniéndose al día con los negocios. Petunia sabía que en la empresa lo recibieron con frialdad, pero él era uno de los socios mayoritarios. No podían echarlo ni aunque quisieran, y a Petunia le alegraba comprobar que le preocupaban más los taladros que su ahora inexistente vida familiar. Al menos podía estar sola, aunque estar sola supusiera pensar en Dudley, en Estados Unidos y en Martin Lawrence.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era deprimente recordar su breve aventura. Había sido como si de nuevo tuviera quince años. Se había sentido rebelde, peligrosa, y le había gustado, pero Martin demostró no ser el de antes. Ya no era confiado, ni se resignaba y aceptaba todo lo que ella quería. No. Martin era un hombre maduro e inteligente. Un hombre que, en ese momento, le sonreía con timidez desde una pequeña fotografía del periódico matinal que Vernon dejó olvidado sobre la mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia dio un respingo y se frotó los ojos para asegurarse de que estaba viendo bien. Efectivamente, estaba viendo bien. Allí estaba Martin, su nombre escrito con letras perfectamente legibles. Irremediablemente, la mujer tuvo que leer el artículo completo, para descubrir que, después de todo, su viejo amante tendría la oportunidad de exponer su obra en Londres. Ese mismo fin de semana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había llegado la hora de tomar decisión de importancia trascendental. Y no tenía demasiado tiempo para hacerlo. Aunque, pensándolo bien, había tenido casi una vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante años, los sábados habían sido días sagrados para Vernon. Nada de madrugar o trabajar los fines de semana y, sin embargo, algo había cambiado desde que regresaron a casa. No el hecho de no tener a Dudley a su lado, ni el que Petunia ya no despertara el más mínimo interés en él, ni que odiara sentarse frente al televisor en silencio, rodeado de todas sus cosas de Privet Drive y teniendo una vida normal y corriente. No. Lo que había cambiado era que su trabajo le gustaba más que nunca y, a falta de nada mejor que hacer, pasaba los sábados en la oficina. Sin duda, su vieja secretaria era una compañía mejor que su arisca mujer, y los números y las entrevistas con potenciales clientes le hacían sentir a gusto. Vivo. Un año entero alejado de eso le había demostrado lo difícil que era estar ocioso y sin poder ver ni un solo taladro sobre anticuados escritorios de madera y rodeados de hojas de cálculo y estadísticas de venta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese sábado, fiel a su recién adquirida costumbre, Vernon llegó a casa cuando ya era realmente tarde. Le extrañó ver las luces apagadas y no olisquear el aroma de algún guiso recién hecho,  pero no importó. Se limitó a dejar caer su maletín sobre la mesilla de la entrada y a guardar su abrigo en el armario bajo las escaleras. Arrugó la nariz al pensar en el sobrino de su mujer, aunque curiosamente no sintió el mismo odio de otras veces. Después de todo, el chico no volvería y no tenía sentido seguir preocupándose por él. De hecho, era casi un alivio no tener que preocuparse por más cosas que por sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entró a la cocina y ni siquiera se molestó en llamar a Petunia. Ya casi no hablaban. Su mujer se había instalado en el antiguo dormitorio de Dudley y había expresado su deseo de no volver al de Vernon nunca más. Y a él curiosamente no le importó. Había notado el distanciamiento con su esposa desde que empezó y no hizo nada por evitarlo. Tal vez porque ya se lo esperaba, o quizá porque había estado ocupadísimo quejándose por lo injusta y anormal que era su vida. En cualquier caso, no le enfadó tener que prepararse él solo la cena. Se le daba bien utilizar el microondas y esa noche estaba contento porque había conseguido vender una importante partida de taladros defectuosos y había ganado muchísimo dinero con aquella genial operación. Petunia y su indiferencia no importaban. Era cuestión de tiempo que ocurriera, porque si había una cosa que tenía clara Vernon Dursley, era que su esposa nunca había estado realmente enamorada de él. Y eso carecía de valor porque, para ser sincero, él tampoco estaba enamorado de ella. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La quería, claro. Era la madre de su hijo y la respetaba. Había sido una buena compañera, una buena madre y una buena esposa, pero nada de eso tenía sentido ya. Ahora eran mayores, su hijo había crecido y, evidentemente, buscaban diferentes cosas. Él estaba absorbido por su trabajo, y ya no sentía la imperiosa necesidad de aparentar tener una familia perfecta. Y, en cuanto a Petunia, ella ya no tenía los intereses de antes. Había conseguido la vida ideal con la que soñó desde niña y no la había cautivado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es que Vernon Dursley podía ser muchas cosas, pero no era estúpido. Aunque algunas veces se lo hiciera. Cuando vio por primera vez a Petunia mirar a Martin Lawrence, supo que pasaría lo que finalmente pasó. Y se sintió furioso por un tiempo, porque en aquel entonces aún quería conservar las cosas que tenía. Porque estaba ofuscado y seguía sin soportar al cretino de Lawrence. Por eso, un poco más tarde, se sorprendió al descubrir que no sentía nada cuando descubría a Petunia mirando la casa de sus vecinos. No supo cuando fue, pero un día se levantó y supo que esos dos se habían reencontrado, y de forma íntima además. Y le dio igual, porque ya no había apariencias que mantener. No en el otro lugar del mundo. Quizá, hubiera podido fastidiarles por el simple placer de hacerlo, pero no quería malgastar energías. Y ahora menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque aunque hubieran vuelto a Inglaterra, Petunia seguía viviendo al otro lado del océano. Y no con Dudley en mente, precisamente. Vernon la sentía distante, triste, y a veces se preocupaba. En alguna ocasión quiso preguntarle directamente, pero sabía que ella le mentiría. Petunia aún pensaba que él sentía algo por su matrimonio, pero no era verdad. Ya no. Ahora Vernon Dursley era un hombre de éxito. Un hombre que había descubierto un mundo en las minifaldas de las jovencitas actuales y que se veía capaz de obtener cosas que Petunia ya no podía darle. Juventud, cariño, belleza despampanante. Cosas que ahora sí le llamaban la atención y en las que antes no se había fijado por causa de sus ambiciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vernon cenó tranquilamente, sin preocupaciones de ningún tipo. Subió a la planta superior y se metió en la ducha sin pensárselo dos veces. Quizá, se dijo mientras observaba su reflejo en el espejo, no le vendría mal perder un poco de peso. Realmente había echado barriga en los últimos tiempos, y debía adelgazar para vestir con estilo los nuevos trajes que se había mando hacer. Porque ahora que se lo podía permitir, iba a llevar la mejor ropa que encontrara. De esa forma, impresionaría a proveedores, clientes, socios, empleados y, con algo de suerte, incluso a las damas. Sí. Al día siguiente empezaría una nueva dieta, pero esa noche sólo quería descansar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así fue cómo supo dónde se había metido Petunia. Cuando llegó a su dormitorio y sobre la mesita de noche vio un periódico con la foto de Martin Lawrence, y un breve mensaje de su mujer: “Me voy a Londres”. Y aunque pensó que no le importaría, sí que le molestó. Muchísimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El señor Dale está interesado en un par de cuadros. Casi tenemos cerrada la venta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin afirmó quedamente con la cabeza y le dio un largo trago a su copa de champán. La exposición estaba teniendo un éxito relativo y a lo largo de aquellas dos horas ya había vendido una buena parte de la colección. Anne, la mujer que estaba con él casi continuamente, no dejaba de presentarle gente y él se esforzaba por ser amable, aunque esa parte de su trabajo nunca hubiera sido su favorita. Solía sentirse incómodo, pero con los años aprendió a mostrarse simpático y solícito; en muchas ocasiones, eso era tan importante como la belleza o la fealdad de los cuadros expuestos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debía reconocer que se lo estaba pasando bien. Hasta un rato antes, Sarah había estado con él, y a la niña se le daban sorprendentemente bien las relaciones sociales. Había defendido el trabajo paterno hasta abochornarle, e incluso le arrancó un par de sonrisas a unos tipos de gesto adusto y modales bruscos. Anne, que sabía del talento musical de la pequeña, le había animado a tocar el piano que descansaba en un rincón de la galería como mero objeto decorativo, y Sarah había arrancado aplausos y risitas alegres. Lamentablemente, tuvo que irse a dormir. Era demasiado pequeña y estaba muy cansada y, aunque durante un segundo Martin quiso ir con ella, terminó por aceptar las presiones de Anne y comenzó a hablar con cuanto hombre adinerado se le pusiera por delante para captarlo como posible comprador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo diría que alguno de ellos te instará a pintar más y más a menudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anne rió con alegría y estrechó la mano enjoyada de una anciana de aspecto solemne. A Martin no le pareció la clase de persona capaz de apreciar su obra y, sin embargo, la mujer posó sus ojos en el único cuadro que no estaba a la venta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Interesante –Murmuró la anciana, entornando los ojos y colocándose unas gruesas gafas sobre la nariz –No he visto más desnudos entre sus cuadros, señor Lawrence.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin sonrió con condescendencia y agitó la cabeza casi con timidez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nunca me he considerado demasiado hábil en esta clase de pintura. Además, es algo que prefiero mantener en un ámbito más privado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entiendo –La mujer observó atentamente el cuadro, como analizando cada motita de polvo, y terminó por suspirar profundamente –Apostaría a que fue una de sus primeras obras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me asombra su perspicacia, señora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer rió y golpeó el hombro de Martin amistosamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Su estilo está totalmente indefinido. Es tan... rústico. Y la modelo es sorprendentemente joven y se la ve bastante incómoda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí –Martin también rió –No era algo que ella soliera hacer muy a menudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La anciana y Martin intercambiaron una mirada casi cómplice. Él tuvo la sensación de que pudo averiguar muchas cosas sobre él con sólo mirarle, y se sintió levemente turbado, como un quinceañero al que habían pillado en mitad de una travesura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y, sin embargo, es absolutamente encantador –La mujer suspiró y se alejó de la pintura para encarar a Martin -¿Un antiguo amor?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre sólo se encogió de hombros, agachando la mirada. Durante un instante, su pecho se sacudió dolorosamente, pero fue apenas un segundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cuánto vale?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Este cuadro? –Martin dio un respingo, sorprendido por la pregunta –No está a la venta, señora. Lo lamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Uhm...! Es una lástima. De cualquier forma, he visto por ahí un paisaje que... Me gustan muchísimo las montañas nevadas, señor Lawrence.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La anciana se alejó caminando distraídamente y Martin tuvo que enfrentarse a la mirada casi furiosa de Anne. A la mujer no le hacía ninguna gracia haber perdido aquella oportunidad de venta, y a Martin no podría importarle menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Podríamos haber negociado...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El cuadro sólo está expuesto porque insististe, Anne.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella pareció dispuesta a protestar, pero Martin tenía razón. Sólo admitió incluirlo en la colección porque a ella le gustó mucho, pero nunca quiso venderlo. No le explicó por qué, pero Anne entendió que no debía discutirle esa decisión. Después de todo, había muchos otros cuadros que podrían reportar unos buenos beneficios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin permaneció largos minutos contemplando el viejo retrato de Tuney. No era demasiado bueno. Algunas veces se planteó la posibilidad de hacerle unos retoques, pero nunca tuvo valor para hacerlo. Le gustaba ver a Petunia con los ojos con los que la contempló desnuda ante él por primera vez. Le encantaba verla nerviosa, tensa y excitada. Él mismo recordaba las sensaciones de aquel día y, en esos momentos, no había dolor ni rencor. Sólo una extraña melancolía que le hacía sentirse bien. En casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, Dios mío!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin jamás esperó oír esa voz a su lado, pero cuando giró la cabeza comprobó que no habían sido imaginaciones suyas. Petunia Dursley estaba ahí, a su derecha, vestida como si hubiera salido de casa a toda prisa y totalmente ruborizada, avergonzada al ver su cuerpo adolescente expuesto en un viejo y arrugado lienzo de no demasiada calidad. Martin dio un respingo y no supo qué decir. Le pareció que volvía a tener junto a él a la adolescente del cuadro y quiso que el tiempo se detuviera en ese instante y para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dijiste que nadie vería esto salvo nosotros. Debería quitarlo de ahí ahora mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La gente dice muchas cosas, Petunia –Dijo él, sin variar su postura, aparentando una calma que no sentía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, qué bochorno! Si alguien me reconoce...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te reconocerán si montas una escena –Martin rió, divertido, pero se alejó un poco del cuadro, acompañado por ella en todo momento -¿Se puede saber qué estás haciendo aquí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Yo? –Ella lo miró, sorprendida, y esbozó una sonrisa amistosa –Leí en el periódico que exponías en esta sala, y sentí curiosidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y has venido desde Surrey para ver mis cuadros?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Son bonitos. Y, en realidad, sólo pasaba por aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya –Martin chasqueó la lengua y apuró el contenido, antes olvidado, de su copa -¿Cómo estás?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno. No estoy mal. Me siento un poco sola sin Dudley, ya sabes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí. Él está bien. Suele venir a cenar a casa los martes por la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿En serio? No me dijo nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No querrá que se entere Vernon. Sabe que no le caigo bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya –Petunia suspiró -¿Por qué los martes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Los martes son buenos días. ¿Sabes? –Martin llamó la atención de un camarero, que rellenó su copa y le entregó otra a Petunia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Supongo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Permanecieron en silencio unos segundos. Martin no sabía muy bien hacia dónde mirar, y Petunia parecía estar en tensión, preparándose para decir algo que anhelaba con todo su corazón, pero que no tenía el valor de afrontar. No de forma definitiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Sarah no ha venido contigo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya está en el hotel. Estaba cansada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entiendo –Petunia se mordió el labio inferior y fijó la mirada en las puntas de sus pies. De pronto, le resultaban muy interesantes –Pues es una lástima, porque vine aquí para hablar con ella, no para mirar tus cuadros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿En serio?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, bueno –Al fin, Petunia se atrevió a mirarle a los ojos –Yo quería pedirle una oportunidad para demostrarle que no soy tan odiosa como ella piensa. Es muy importante para mí que nos llevemos bien. Sé lo mucho que la quieres y no soportaría verte pasarlo mal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué querrías hacer eso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Porque voy a volver con vosotros a casa –Petunia apretó los puños. Martin la mirada fijamente, como aturdido, y ella se envalentonó –No me importa que no me aceptes de momento, Martin. Entiendo que no me he portado bien contigo y que no merezco tu confianza, pero voy a demostrarte que quiero estar contigo. Sin excusas, sin escondernos de nadie. Estoy cansada de huir y me he dado cuenta de que te quiero y no deseo perder más el tiempo con tonterías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin parpadeó, demasiado confuso para reaccionar. ¿Cuánto tiempo, en el pasado y en el presente, había deseado oír esas palabras? No. No sólo oír esas palabras, si no ver a Petunia actuar de alguna forma, demostrándole que de verdad estaba dispuesta a llevarlas a cabo. Y ahora estaba ahí, frente a él y un montón de personas, mirándolo intensamente y, sí, rodeándole el cuello con los brazos y dándole un beso indeciso en los labios. Y, ante todo, diciéndole que le quería. Ella nunca había hecho eso antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Estás borracha? –Musitó él, incapaz de decir nada más coherente. Ella rió y volvió a besarle, sin importarle que más de un par de ojos estuvieran fijos en ella. Ni siquiera dio muestras de notar los flashes de las cámaras fotográficas que iluminaron el ambiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, Martin. No he tomado más alcohol que el traguito a mi copa de champán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entonces...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-He decidido ser valiente y arriesgarme a venir aquí para dejar que me rechaces delante de todas estas personas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vaya. ¡Qué gran sacrificio!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, no te burles! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia le golpeó el hombro con aire juguetón, y Martin liberó el aire de sus pulmones, creyendo que eso estaba pasando de verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y tu marido? ¿Y Dudley?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dudders deberá entender. Y Vernon...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué pasa con Vernon?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La voz grave del señor Dursley los hizo estremecer a ambos. Martin dejó escapar una maldición y buscó con la mirada a Anne, anunciado que podría haber problemas. Petunia sólo se puso pálida y dio dos pasos atrás. Indudablemente eso le había pillado por sorpresa y no tenía ni la más remota idea de lo que hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si has venido a hablar, lo haremos aquí –Dijo finalmente Martin, con una sangre fría que hacía estremecer –Si vas a ponerte a gritar o quieres pegarme, vayamos a un lugar más privado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resoplando, rojo de ira y haciendo un gran esfuerzo de autocontención, Vernon buscó ese lugar privado. Martin suspiró, entre exasperado y divertido, y echó a andar hacia la salida trasera del local, un callejón estrecho y oscuro lo suficientemente sórdido para acoger una pelea de enamorados. Y Petunia se limitó a caminar detrás de ellos, temerosa de lo que podría ocurrir y lamentando que todo hubiera terminado así de mal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bien, Dursley. Puedes explotar cuando quieras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin fue evidentemente burlón. Petunia quiso pedirle que se callara, mientras su todavía marido se quitaba la chaqueta y se subía las mangas de la camisa. Martin ya había hecho lo propio y esperaba el ataque con una sonrisita tranquila en el rostro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡¿Qué demonios estaba pasando ahí?!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nada que no supieras antes, Dursley. No eres tan estúpido como para no haberte dando cuenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vernon se detuvo y parpadeó un par de veces, parpadeando. Petunia creyó que era un buen momento para intervenir y se puso frente a él, más cerca de Martin que de su esposo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Comportémonos como adultos, Vernon. Los dos sabíamos que esto iba a ocurrir tarde o temprano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡¿Esto?! ¡¿Qué esto?!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo no deseo estar contigo –Petunia habló con más firmeza de la que cabría esperar –Hace mucho que no somos una pareja de verdad. Dejémoslo aquí y tengamos una relación cordial. Por Dudley.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vernon resopló como si estuviera tomando en consideración esas palabras. Y podía aceptar que Petunia ya no quisiera estar con él, pero Lawrence... La presencia de Lawrence era demasiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Me estás dejando? ¿Para irte con este mequetrefe?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vuelvo a Estados Unidos, sí. Me voy con Dudley y, si Martin me acepta...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vernon no necesitó oír nada más. Liberando un gruñido casi animal, se arrojó contra Martin amenazadoramente. Pero él ya no era un chico torpe y desgarbado y se hizo a un lado, aprovechándose de la furia de su contrincante para, agarrándolo del brazo, dejarlo casi inmóvil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No necesitamos hacer esto, Vernon –Dijo con suavidad, sin perder la sonrisa –Entiendo que estés cabreado, pero deberías aceptar tu derrota con caballerosidad. Tú me la quitaste una vez y ahora la he recuperado. Eso es todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vernon gruñó de nuevo y empujó a Martin, liberándose. Petunia sospechó que sólo se había soltado porque Lawrence quiso, pero no compartió ese pensamiento con nadie. En lugar de eso, vio a su marido revolverse y lanzarse contra su enemigo otra vez. Alzó el puño e intentó estamparlo contra el rostro de Martin, pero éste fue más rápido y, un segundo después, Vernon estaba tirado panza arriba en el suelo y sangrando profusamente por la nariz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Esta te la debía –Dijo con la misma tranquilidad de antes –Y puedo darte muchas más si te levantas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vernon lo miró con odio, pero decidió que no quería seguir peleando. Él era un hombre inteligente y sólo entraba en disputas que podía ganar. Y no sabía que había hecho Lawrence en esos años, pero ya no era tan fácil pegarle como antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bien. Creo que aquí termina esto. Adiós, Dursley.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin se fue. Petunia iba a seguirlo, pero creyó que le debía a Vernon algo más que una mirada lastimosa. Así pues, se acercó a él y se arrodilló a su lado, ayudándole a limpiarse la sangre de la cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo siento, Vernon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No sientes una mierda –Refunfuñó él, rechazando su ayuda –Puedes irte a donde te de la gana, pero no pienses en regresar, porque a Vernon Dursley sólo se le abandona una vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo sé. Lo siento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él suspiró y agachó la mirada, quizá aceptando la derrota. Con algo de torpeza, se puso en pie, recuperó su chaqueta y se taponó la nariz con fuerza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Dios! ¡Cómo odio a ese gilipollas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y dicho eso, echó a andar, alejándose de Petunia y de su vida. Para siempre, si tenía un poco de suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #4 - &lt;i&gt;Medicina&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, quizá, un poco de felicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Martin abrazó fuertemente a Sarah y le plantó un beso en la frente antes de dejarla ir. La joven hizo un gesto de aparente fastidio e intercambió una mirada cómplice con Petunia. La mujer los miró fijamente, entendiendo a la perfección los sentimientos de ambos. Habían pasado juntos toda la vida y, ahora, Sarah se quedaría en Londres y Martin regresaría a casa, al otro lado del océano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los años con ellos habían pasado velozmente. No siempre había sido fácil, sobre todo con Sarah, pero salieron adelante. El amor que Martin y ella compartían se había ido afianzando lenta pero firmemente. La pasional impaciencia del principio se fue convirtiendo en sosegada comprensión y complicidad y, casi diez años después, eran capaces de adivinar los pensamientos del otro y decírselo todo con la mirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia se sentía feliz. Había descubierto que Martin no era como ella lo recordaba o imaginaba y, aunque había cosas de él que la desquiciaban, sentía que nada podría haber salido mejor de lo que era. Martin era un poco maniático para algunas cosas, enfermizamente franco y decidido. No solía rendirse hasta lograr lo que quería, lo que no siempre era bueno, y era un férreo defensor de su familia. De Sarah, de Petunia e incluso de Dudley.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer no podía evitar sonreír cuando pensaba en él. Quizá no era la clase de triunfador que ella deseaba que fuera cuando era niño, pero las cosas le iban bien. Tenía un buen trabajo, un apartamento pequeño pero propio y una novia mandona y malhumorada que lo quería con algo muy semejante a la locura. Dudley solía volver a Inglaterra un par de veces al año, para visitar a su padre y, Petunia sólo lo sospechaba, a su primo Harry. No hablaban de él demasiado a menudo, pero la mujer sabía que mantenían una relación relativamente cordial. Era sorprendente después del daño que se causaron mutuamente en su infancia –más Dudley a Harry que al contrario, sin debía ser franca- y aunque algunas veces ella se sentía incómoda, nunca había dicho nada en contra de ese contacto. El hecho de que a Petunia no le interesara tener relación alguna con el pasado, no significaba que Dudley debiera hacer lo mismo. Ya no sentía la necesidad de volver a Inglaterra de los primeros años y, en cualquier caso, no tenía nada allí. Ni siquiera había vuelto a hablar con Vernon desde que firmaran el divorcio, y se negaba a escuchar las cosas que Dudley le contaba de él. Sólo sabía que tenía una novia o algo así y, en cierta forma, se alegraba por él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una parte de su persona había mantenido el cariño por Vernon durante algún tiempo. Fueron muchos años juntos y, aunque al final todo fue terrible, habían compartido muchas cosas. A Petunia le gustaba saberlo feliz, pero  no necesitaba conocer los detalles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Cuídamelo –Petunia se encontró con el rostro sonriente y emocionado de Sarah y ambas se dieron un abrazo –Como le pase algo, ya sabes lo que soy capaz de hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia torció el gesto y puso los ojos en blanco. Quería a Sarah. No como a Dudley, ni mucho menos, pero la apreciaba sinceramente. Había tenido que enfrentarse al celo desmedido que, desde muy niña, la chica había ejercido sobre su padre. Estaba tan acostumbrada a creer que cuidaba de él, que no le había puesto las cosas nada fáciles al principio. No confiaba en Petunia y no le importaba demostrarlo. Primero fue antipática, luego intentó echarla urdiendo planes casi maquiavélicos y, por último, optó por chantajear emocionalmente a su padre. Evidentemente, Martin era más inteligente que ella y, después de cientos de charlas y de demostraciones de amor, Sarah terminó por aceptar la nueva situación. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces cuando Petunia descubrió que la niña era talentosa y muy sensible. La supo fuerte, independiente y con un carácter un tanto agrio en ocasiones. Y aunque comenzaron a llevarse bien meses después de que Petunia se mudara a casa de los Lawrence, no se convirtió en su amiga hasta que la pequeña se adentró en la pubertad. Petunia, aún contra su voluntad, fue la que le explicó lo que significaba tener el periodo, la primera en descubrirla enamorada y la única capaz de convencer a su padre para que la dejara salir hasta tarde y en compañía masculina. No es que fueran confidentes, pero Petunia conocía a Sarah lo suficiente para saber cuando le ocurría algo y, a pesar de que nunca le había contado un problema de forma directa, Petunia solía darle consejos aceptables y comprender su carácter inconformista y peleón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De hecho, si estaban en Londres era precisamente porque Petunia había intercedido. Sarah había decidido que no le contaría a su padre sus planes de ir a estudiar música a Inglaterra, esperando quizá no ser admitida en el conservatorio y Martin puso el grito en el cielo cuando supo que, después de todo, ella podría marcharse. No es que el hombre hubiera esperado realmente que su hija le hiciera caso, pero el dolor de la separación era evidente en su mirada. A pesar de ser plenamente consciente de que Sarah ya era una mujer y que, tarde o temprano, se iría de su lado, el hombre luchaba con uñas y dientes contra eso. A Petunia le hacía gracia que luchara contra lo inevitable y, después de unas pocas palabras y una buena cantidad de mimos, Martin se había resignado, pero había insistido en viajar a Londres con Sarah y despedirla allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te esperamos en Navidad –Dijo Martin cuando la chica ya cogía su equipaje y se dirigía al centro estudiantil –Si no vienes, tendremos que venir aquí nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya lo sé, papá. No te preocupes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin alzó la mano una vez más y no la bajó hasta que Sarah no desapareció de su vista. Petunia rió y se aferró a su brazo, casi arrastrándolo calle abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vamos, gran hombre. No le va a pasar nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es una niña...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, Martin! Tiene dieciocho años. No es una niña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es mi niña –Susurró amargamente. Petunia sólo sonrió y le dio una palmada en la mejilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Va a estar bien. Es un genio, querido. Esto es lo mejor que podías hacer por ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No es un genio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia sonrió con indulgencia y evitó que el hombre volviera a mirar atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Quién era el hombre que me repetía hasta el cansancio que debía dejar a Dudley volar en soledad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin frunció el ceño y suspiró profundamente. Para él no era lo mismo, básicamente porque Dudley no era su hijo y ya lo había conocido siendo bastante mayor, pero no pensaba decírselo a Petunia. En cierta forma, ella tenía razón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué te apetece hacer? Yo no tengo ganas de irme al hotel y el avión no sale hasta mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Podríamos pasear por ahí –Martin se encogió de hombros –O hacer eso que tú llevas evitando años hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia se tensó. Vale. Martin estaba un tanto abatido, pero seguía siendo él mismo y otra vez volvía al ataque. Había perdido la cuenta de las veces que le había dicho que debía hacer aquello y, aunque en alguna ocasión Petunia casi había tenido el valor de hacerlo, finalmente nunca fue capaz. Eso era algo que aún la hacía sentirse mal, una parte de su pasado que, de cuando en cuando, volvía para atormentarla y recordarle que podía ser feliz, pero que su vida no era perfecta. Era algo que aún la enfermaba y conocía la cura, pero no tenía valor. Simplemente no podía enfrentarlo, porque los recuerdos le presentaban una versión de sí misma que no terminaba de gustarle. La Petunia cargada de rencor y odio, la Petunia capaz de herir a seres indefensos. La mujer que tantos y tantos errores cometió y que, a pesar de todo, aún seguía jugando un papel muy importante en su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si cogemos algún tren ahora mismo, estaríamos de vuelta para la noche –Prosiguió Martin, metiéndose las manos en los bolsillos de su pantalón vaquero. Tenía el cabello totalmente blanco y, pese a eso, a Petunia le parecía que estaba más joven que nunca. Quizá, porque vestía como si tuviera veinte o treinta años menos, quizá porque había recuperado cierto brillo alegre en su mirada –O, si nos entretenemos un poco, puedo cambiar los billetes de avión para pasado mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿No estarás pensando en venir ver a Sarah de nuevo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin se detuvo, la miró fijamente y alzó una ceja. Después, sonrió y le dio un abrazo de oso. Petunia odiaba que hiciera eso en público, pero con el tiempo se había acostumbrado y comprendió que la gente no los miraba ni les daba importancia a esa clase de demostraciones afectivas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No seas tonta. Me ha costado un mundo alejarme de ese sitio. Ni loco vuelvo hasta Navidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya –Petunia suspiró. Ni siquiera bromeando había conseguido que Martin la dejara en paz –Es que no estoy segura...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Llevas diez años sin estar segura, Tuney. Yo creo que las cosas son fáciles. O quieres visitar la tumba de tu hermana, o no quieres hacerlo. Cualquiera de las dos cosas será válida para mí, aunque me cueste entender ese resentimiento que aún sientes por Lily.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No estoy resentida –Petunia apretó los dientes, sintiéndose bastante cansada de pronto –Ni siquiera sé cómo me siento, pero hace mucho que dejé de odiar a mi hermana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Para empezar, nunca debiste odiarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya sabes por qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mucho tiempo antes, Petunia tuvo el valor para hablarle del mundo mágico. Martin había estado totalmente alucinado, la había acusado de estar loca y, finalmente, había sentido curiosidad. No había sido un momento fácil para ninguno de los dos, especialmente para ella, que había temido que Martin la rechazara por las rarezas de su hermana. Pero él no sólo no la había rechazado. Con paciencia y más de un enfado de por medio, la había ayudado a aceptar a su hermana. Y, aunque nunca lo había reconocido en voz alta, a quererla y darse cuenta de que sólo había actuado como lo hizo por envidia y miedo. Petunia había necesitado de alguien que le abriera los ojos. Ignoraba si el tiempo había contribuido a su cambio, pero el anhelo de ir a ver a Lily era cada vez mayor. Aún rechazaba el mundo mágico –ni siquiera había hablado con Harry en esa década. Creía que, en algún momento, y a través de Dudley, Martin si lo había hecho- pero se había dado cuenta de que, bruja o no, Lily nunca había dejado de ser su hermana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No. En realidad no lo tengo del todo claro. –Martin suspiró. Habían tenido esa conversación cientos de veces y siempre llegaba a la conclusión de que Petunia y él nunca habrían actuado igual. Aunque, para ser franco, él no tenía forma de saber cómo se había sentido Tuney en ese tiempo –Tú decides. ¿Vamos o no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Valle de Godric era un lugar tranquilo y hermoso. La vida transcurría lenta y serena y las gentes eran amables y acogedoras. Petunia se sintió muy nerviosa cuando puso un pie en aquel lugar por primera vez y, de forma casi inconsciente, buscó la mano de Martin. Necesitaba un punto de apoyo y él se lo concedió con una mirada comprensiva y una sonrisa franca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminaron por las calles con calma, sin apresurarse, en silencio y sumidos en sus propios pensamientos. Martin sabía que ella estaba haciendo un gran esfuerzo por estar allí y lo apreciaba. Quizá Petunia no había sido la mejor de las personas en el pasado, pero había cambiado mucho y, aunque ni siquiera ella misma lo reconociera, anhelaba a su hermana. Martin lo había comprendido durante las escasas ocasiones en que hablaron sobre Lily. Los ojos de su pareja solían enturbiarse y su expresión se tornaba entre rabiosa y triste. Con el tiempo, la rabia había ido desapareciendo, aunque había cosas que quería lejos de ella. Como la magia y a su sobrino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Culpaba a la magia de muchas cosas. No sólo de haber pasado toda su vida sintiéndose extrañamente inferior a Lily por no ser una bruja. Su familia se había ido disolviendo por su causa. Su hermana había muerto y ella se había visto obligada a aceptar a Harry en su casa aún contra su voluntad. Martin había intentado unir a tía y sobrino, pero nunca pudo hacerlo. Era evidente que Harry Potter no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer con su tía, y Petunia simplemente no lo necesitaba. Ese había sido un fracaso de Martin, y por eso se alegraba tanto de que Dudley y su primo sí fueran capaces de mantener una relación cordial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso de Lily era diferente. Había sido la hermana de Petunia y, aunque sólo estuvieron realmente unidas durante poco tiempo, la mujer la había extrañado. Había anhelado tanto tener una hermana, una confidente, una amiga, que ahora no podía negarlo. Había echado de menos a Lily, aún con sus rarezas. Había pretendido convencerse de que no la quería ni la necesitaba y durante años lo había conseguido, pero ya no. Petunia se estaba haciendo mayor y muchas veces se descubría a sí misma recordando tardes de interminables risas con Lily junto a la chimenea, o imaginando como hubiera sido compartir con ella la adolescencia y la madurez de no haber sido por la magia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegaron a la puerta del cementerio. Petunia se detuvo y apretó con más fuerza que antes la mano de Martin, mirándolo fijamente a los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Esto es algo que tengo que hacer yo sola, cariño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo sé. Te estaré esperando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia lo despidió con un beso tímido y se adentró en el camposanto. No prestó mucha atención a las losas de mármol desperdigadas por el suelo, no hasta que llegó a aquella que tenía escrito el nombre de Lily. Petunia llenó sus pulmones de aire y se quedó inmóvil, observando el nombre de su hermana y el de su marido. Él no le importaba demasiado, ni siquiera lo había conocido, pero ella...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No supo en qué momento se le hizo ese nudo en la garganta. Quizá fue cuando recordó lo joven que había sido su hermana al morir, o el sacrificio que llevó a cabo salvando la vida de Harry, o, simplemente, cuando pensó en ella. Su cabello rojo, sus ojos verdes y su risa siempre franca. Su inteligencia, su belleza, su ánimo decidido y casi siempre alegre. Su fuerza vital y sus ganas de salvar el mundo de cualquier clase de amenaza. No sabía qué fue, pero Petunia se sorprendió al notar una ligera humedad rodando por su mejilla. Quizá, fue el deseo de lo que nunca tuvo y jamás podrá recuperar, pero Petunia se descubrió a sí misma derramando las lágrimas que no había llorado el día que descubrió que había perdido a su hermana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y se sintió bien, como si esas lágrimas fueran la medicina que necesitaba para dejarlo atrás y ser feliz de una vez por todas. Porque aceptar a Lily tal y como fue era la mejor forma de sentirse libre y, ese día, cuando Petunia Evans abandonó el cementerio y se abrazó a Martin, supo que ya no tendría motivos para mirar atrás nunca más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:22122</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/22122.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=22122"/>
    <title>He vuelto... ¡Puff!</title>
    <published>2008-05-15T18:17:55Z</published>
    <updated>2008-05-15T18:17:55Z</updated>
    <category term="martin (oc)"/>
    <category term="30vicios"/>
    <category term="petunia"/>
    <lj:music>"Réquiem" - W.A. Mozart</lj:music>
    <content type="html">¡Madre mía! ¡Cuánto tiempo sin pasarme por el LJ! Entre unas cosas y otras, hace siglos que no actualizo por aquí, y voy con un retraso que no veas. Tanto es así, que en FF.net ya he terminado las viñetas de Tuney, y aquí aún me quedan cinco por colgar. Pero eso tiene solución.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí tenéis el final de la historia. No os aburráis mucho y gracias por haber leído. Besazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Fandom:&lt;/b&gt; Harry Potter&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Petunia Dursley&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #7 - &lt;i&gt;Mordaza&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando quieres tomar una buena decisión pero los demás no te lo permiten.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;-Te odio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia sólo sonríe y le besa delicadamente los labios, recostándose a su lado. Ve a Martin cerrar los ojos y se pregunta en qué estará pensando. Ya no lo conoce tan bien como antes. Ese Martin, el hombre sobre el que se recuesta y al que acaricia con aire ausente, es un completo misterio para ella, aunque sí hay algunas cosas que sabe de él. Como que ahora es mucho más fuerte que antes y que su cuerpo no es absolutamente huesudo. O que con los años se ha vuelto muy silencioso y apenas gruñe cuando llega al orgasmo. O que ya no la mira a los ojos cuando hacen el amor, sino que parece avergonzado y ansioso por acabar con esa situación, aunque le falten fuerzas para hacerlo. O que aún ama a su esposa y adora a su hija. Eso último por encima de todas las cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia también cierra los ojos. Ese día de primavera se cumplen dos meses desde que empezaron a acostarse otra vez. La nieve desapareció de las montañas varias semanas atrás y los campos comenzaban a florecer, llenando el ambiente de aromas suaves, colores llamativos y mucho romanticismo. Petunia recuerda con nostalgia aquel día de febrero en casa de Martin y sonríe. Había insistido tanto en volver con él, que al pobre se le habían acabado las excusas para rechazarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia se fue acercando a él al mismo tiempo que su relación con Vernon se iba deteriorando. Quizá, su estancia en Privet Drive los mantuvo más unidos que los propios sentimientos. Petunia tenía la sensación de que lejos de Inglaterra nada tenía sentido para ella. Su vida junto a Vernon menos que nada. Sentía que allí no tenía que fingir que todo iba bien, que quería a su marido y era feliz. Y no es que las cosas no le fueran bien, no es que una parte de sí misma no apreciara a Vernon –era el padre de su hijo, después de todo- pero Petunia se había dado cuenta de que no era feliz y no estaba dispuesta a conformarse. Ya no más. No ahora que se había dado cuenta de que tenía una oportunidad de recuperar un pasado que nunca debió perder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su relación con Martin también la hace sentir avergonzada. Ella es mujer recta, de costumbres arraigadas y moralidad conservadora. Saberse infiel la incomoda, aunque los besos robados a Martin la hacen sentir mucho mejor. Eso y el hecho de ser consciente de que ya no tiene que dar cuentas a nadie. Quizá le deba alguna explicación a Vernon, quizá deba sentarse con Dudley para hablar con él largo y tendido, pero no quiere que ninguno de los dos sigan siendo una prioridad en su existencia. Dudley ya es lo suficientemente mayor y Vernon... Bueno, Vernon podrá arreglárselas solo, como siempre ha hecho. Y ella quiere estar junto a Martin, porque ahora que han vuelto no piensa dejarlo escapar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No fue fácil convencerlo. Él pasó mucho tiempo excusándose en el matrimonio de Petunia, en Sarah y, algunas veces, en sus sentimientos hacia Emma. Había dejado bien claro que, pese a todo, ella fue la mujer de su vida. Casi había sido hiriente cada vez que insistía en que jamás querría a Petunia como la quiso a ella, pero no importaba. Petunia podía aceptarlo. Hacía muchos años que había asumido que Martin tendría una vida lejos de ella, y se alegraba de que hubiera sido feliz junto a alguien que mereciera la pena. Aunque a veces dolía ese amor de Martin por su difunta esposa, Petunia podía soportarlo. De la misma forma que le repetía a Martin que su matrimonio sólo era asunto suyo, alegando que todo aquello no eran impedimentos verdaderos. Incluso se esforzaba por acercarse a Sarah, a pesar de que la niña la observaba con hostilidad mal disimulada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas veces, a Petunia le cuesta reconocerse a sí misma. Ella no es de esa clase de personas. Ella nunca había buscado la cercanía de un hombre y, sin embargo, prácticamente había obligado a Martin a estar a su lado. Aunque, a juzgar por el brillo de su mirada, no era algo que le desagradara. Petunia puede sentir la desconfianza de él, su cautela a la hora de relacionarse, su lejanía espiritual. Él no le ha dicho que la quiere, aunque para ser justos, ella tampoco lo ha hecho. Y lo quiere. Quizá de una forma diferente a la de su juventud, pero sólo con él está plenamente a gusto, sólo con él se siente llena, completa. Tal vez por eso le molesta tanto que ella no la mire a los ojos, y se niegue a hablar de sentimientos, y se levante apresuradamente después de hacer el amor, masculle unas palabras de disculpa y desaparezca de su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia recuerda la nueva primera vez entre ellos. Sus momentos favoritos para ir a visitarlo era cuando Dudley tenía partido, y esa tarde no tardó ni diez minutos en cruzar la calle y presentarse en la puerta del hombre. Él la miró con cansancio, acostumbrado a su constante presencia, y la dejó entrar con resignación. Hablaron un rato sobre Dudley, incluso sobre Sarah, hasta que Petunia se acercó a él y le besó. Él no se retiró. Sólo suspiró y la agarró de la cintura, rindiéndose.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vas a matarme, Tuney –Le susurró al oído, inclinándose para besarla en el cuello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Moriremos juntos –Respondió ella, antes de aferrarse a su cuerpo y obligarlo a recostarse en el sofá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después, la pasión estalló y Petunia no fue capaz de recordar ni una sola vez en la que el hombre hubiera sido tan brusco como aquella. Fue casi brutal, besándola con desesperación, como si temiera que fuera a escaparse de sus brazos. Ambos se habían mostrado ansiosos, sedientos y salvajes, y ninguno quiso pensar en las consecuencias. No hasta que terminaron y un Martin casi abatido le pidió que se fuera a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de ese día los encuentros fueron cada vez menos esporádicos. Martin ya casi no se resistía y ella estaba consiguiendo ganarse su confianza. Lentamente pero con paso firme. Su relación secreta se parecía mucho a la que mantuvieron de adolescentes y él se negaba a dejarse llevar, pero Petunia estaba dispuesta a romper las últimas barreras. Estaba harta de escuchar esas palabras, Te odio, cada vez que se separaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, ese día está más decidida que nunca a cambiar su vida para siempre. Siente la respiración acompasada de Martin junto a ella y teme que se haya quedado dormido, pero sabe que no es así. Él está tenso, preocupado por que alguien los descubra, aún cuando no tiene nada que perder. Es Petunia la que tiene más motivos para sentirse nerviosa, pero no lo está. Simplemente, ya no le importa. No mientras esté con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Martin. Voy a hablar con Vernon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suena decidida y él no tarda en abrir los ojos y mirarla con sorpresa, sin creerla. Se limita a sonreír con ironía, pasándole un brazo por la espalda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estoy hablando en serio. Voy a decirle lo que ocurre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Claro, Tuney. –Martin chasquea la lengua y se pone en pie, alejándose de ella. No está tan contento como Petunia supuso que estaría, y se siente decepcionada -¿Y qué piensas decirle? ¿Acaso tienes idea de lo que eso supondría?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Voy a decirle la verdad, y sé perfectamente lo que pasará.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Lo sabes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vernon me dejará. Posiblemente Dudley se enfade, pero lo superará. Ya casi es un hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y tú? –Martin entorna los ojos, comenzando a vestirse -¿Qué harás tú?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Yo? Estar contigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin se da media vuelta y clava sus ojos en la ventana que da a la calle. Todo está tranquilo ahí fuera y el abotona su camisa lentamente, sin decir una palabra. Y Petunia siente miedo, porque sabe que él no es el mismo adolescente del pasado y no sabe lo que ocurrirá a continuación. Martin ya no la necesita tanto antes, ya no está dispuesto a luchar por ella o a humillarse, y Petunia casi tiene la certeza de que aquella breve aventura sólo había sido eso para él. Una aventura. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus temores se confirman segundos después, cuando él da media vuelta y la mira con frialdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Quién ha dicho que yo quiera estar contigo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia deja de respirar. Martin no deja de mirarla con esa intensidad arrebatadora que solía robarle la razón, y se siente totalmente aterrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿No quieres? –Musita apenas, levantándose también con las sábanas enredadas en su cuerpo larguirucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No se trata de si quiero o no, Petunia. Tú no tienes valor para hacer eso que dices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estoy decidida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No. Estás confundida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No estoy confundida!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Alejada de tu hogar, con un futuro incierto, atrapada en este lugar, lejos de tu gente, de tu mundo –Martin suspira -¿Qué pasaría si mañana tu sobrino apareciera en la puerta y te dijera que todos los problemas están solucionados? Yo te lo diré. Volverías a Inglaterra, con tu marido y tu hijo, a tu encantadora casita residencial, con tus vecinas cotillas y tu imagen de mujer casada perfecta y dichosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, Martin...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sabes que sí, Tuney. Hace años también estabas dispuesta a estar conmigo y terminaste con Vernon. ¿Por qué tendría que ser diferente ahora?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Porque ahora tengo claro lo que quiero. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin niega con la cabeza sin creerla y consulta la hora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Será mejor que te vayas. Sarah está apunto de llegar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No me has contestado, Martin –Petunia se acerca a él y le coge el rostro con fuerza, dispuesta a obtener su respuesta –Si tú quieres, me quedaré contigo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eres tú la que tienes que querer, no yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Yo quiero!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No, Petunia! Tú crees que quieres, pero eres una cobarde. Siempre lo has sido. Los eras cuando fuiste incapaz de hablar con tus padres sobre tus sentimientos, o cuando te alejaste de Lily sin intentar comprenderla o cuando abandonaste a ese chico, Harry, al otro lado del océano –Martin agacha la cabeza, ligeramente entristecido –Y cuando me dejaste a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Lo hice por ti! No quería que Vernon volviera a hacerte daño. ¿Es que no lo entiendes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pudiste quedarte conmigo, Tuney. No quisiste, así que no intentes auto convencerte de que hiciste lo mejor. Hiciste lo más fácil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia se muerde el labio inferior y cierra los ojos un instante. Martin tiene toda la razón, aunque de verdad que está dispuesta a quedarse con él. Ahora sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Creo que estamos bien así, Tuney. Tú con tu familia y yo con la mía. Estos encuentros no están mal, debo reconocerlo, pero no llegaríamos a nada más juntos. Es demasiado complicado. Tenemos hijos. Yo no quiero tener que enfrentarme a Sarah por ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Podría hacer que ella me aprecie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No podrás –Martin vuelve a suspirar y coge las manos que ella aún mantiene en su rostro, besándolas con suavidad –Es igual que su madre, y Emma te... Bueno, a ella no le caías bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sarah ni siquiera me conoce. Se acostumbraría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No puedo obligarla a hacerlo –Martin se aleja de ella otra vez –Es lo más importante para mí. Jamás haría algo que pudiera lastimarla, y estar contigo le haría mucho daño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ella no tiene que decidir esas cosas, Martin. No puedes dejar que controle tu vida de esa forma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él no dice nada. La contempla silencioso, pensativo, y saca unas sábanas limpias del armario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tiene ocho años, Petunia, ella no me controla, pero cualquier decisión que yo tome nos afecta a los dos. Es demasiado pequeña para defenderse sola. ¿No lo entiendes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia lo entiende perfectamente. Si Martin tuviera que elegir entre ella y su hija, la respuesta estaría demasiado clara. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Podríamos hablarle. Yo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Podríamos hablarle el día en que sienta que estás conmigo. Hasta entonces, esto es todo lo que tendremos. Y ahora haz el favor de vestirte y marcharte o tendré que ponerte una mordaza para que dejes de decir estupideces. Estamos demasiado mayores para esa clase de sueños imposibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia cabeza y se da por vencida. Entiende a Martin, su desconfianza, pero duele que no la tome en serio, sobre todo porque, ahora sí, está realmente dispuesta a dejarlo todo por él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #13 - &lt;i&gt;Hablar&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos personas que no se conocen pero tienen un importante nexo en común, tienen una breve conversación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El verano era muy agradable a los pies de las montañas. Los días no eran extremadamente calurosos y por las noches solía hacer la temperatura adecuada para dar paseos por los alrededores del pueblo. Eso era, quizá, una de las cosas que más le gustaban a Martin de su nueva vida: los veranos. Además, ahora estaba de vacaciones y tenía mucho tiempo para estar con Sarah, para pintar y, ante todo, para pensar. Normalmente era Petunia, su querida Tuney la que invadía la mayor parte de sus pensamientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran amantes. En ningún momento quiso negarlo, pero al principio no se sintió del todo cómodo con esa relación. Sabía por experiencia que confiar en una persona como Petunia era muy peligroso. Ella podía prometerte la luna, mirándote a los ojos y siendo totalmente sincera, para abandonarte al segundo siguiente como si nada hubiera ocurrido. Por eso, Martin procuraba disfrutar de las ocasiones en que lograban hacer el amor o charlar estúpidamente en la cama, y por eso siempre se despedía de ella con un adiós, esperando que al día siguiente no regresara a su lado. Y no era cómodo, pero al menos no dolía tanto como dolió el pasado, porque había aprendido a no esperar nada y, por ello, no tenía motivos para sentirse decepcionado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante, en algunas ocasiones había creído a Petunia. Ella había comentado varias veces que estaba dispuesta a dejar a Vernon sólo si él quería estar a su lado, pero nunca había dado el paso definitivo. Martin se mostraba escéptico y Tuney no parecía tener el valor suficiente para cumplir su palabra, así que seguía inmersa en su matrimonio, fingiendo que todo iba bien, aunque su mirada fuera cada vez más amarga y su comportamiento con Vernon más distante. Martin ignoraba si Dursley se había dado cuenta de eso, pero él si lo había hecho. Había visto a Petunia caminar junto a él sin mirarle, recibirlo en la casa sin besarle o hablar con él sin decirle nada en absoluto. Era evidente que ella no quería estar donde estaba, pero no sólo no se iba, sino que organizaba reuniones en familia, aparentando cosas que no eran reales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como el del fin de semana. Martin sabía que habían ido un poco más al norte, a un pequeño pueblo de las montañas de difícil acceso que era famoso por una vieja mina de oro en desuso desde hacía muchísimos años. Martin los había visto marchar y le pareció ver algo de culposa resignación en los ojos de Petunia, pero no había hecho nada. Ni siquiera estaba enfadado, sólo un poco harto de esa situación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había decidido dedicar el día a terminar el último retrato de Sarah. Puesto que ya no necesitaba que su hija hiciese de modelo para él, la dejó marcharse con sus amigos del colegio. Cuando volviera, no sólo estaría hambrienta. También cansada y sucia, después de jugar en el barro y de pelearse con otros chicos del pueblo. Siempre era así, y a Martin le alegraba comprobar que su hijita estaba llena de vida.  Sarah siempre había sido una niña muy nerviosa, muy parecida a su madre en todas las cosas, incluida su antipatía hacia Petunia. Emma la había odiado sin saber muy bien por qué –quizá, simplemente porque le hizo daño al hombre al que amaba- y Sarah afirmaba no soportar su carácter. No le parecía que fuera realmente sincera cuando intentaba ser amable con ella –y Petunia lo intentaba muy a menudo- y a Martin le hacía mucha gracia la perspicacia de Sarah: si Tuney no quisiera acercarse a él, Sarah jamás hubiera sido santo de su devoción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin colocó el lienzo frente a él y lo observó cuidadosamente. La luz de aquella mañana era perfecta para el trabajo. El dibujo estaba casi terminado. Únicamente quería captar con total realismo la mirada de Sarah, y eso era algo que no le resultaba sencillo. Sarah era una niña complicada, como un día lo fuera su madre, y sus ojos estaban cargados de un montón de sentimientos a pesar de su corta edad. Decidido, Martin extendió los brazos y se volvió hacia sus pinturas, que estaban perfectamente colocadas a su derecha, sobre una mesita plegable de madera. No había dado la primera pincelada cuando vio a aquel chico rondando la casa de Petunia. Entornó los ojos y lo observó detenidamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era joven, muy joven. Tenía el pelo negro totalmente despeinado y cierto aire despistado que a Martin le resultó familiar. Su ropa se veía muy nueva, como recién comprada, y usaba gafas. Y tenía los ojos verdes, similares a los de otra persona que conoció brevemente en su pasado pero que no le pasó desapercibida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven llamó a la puerta en repetidas ocasiones, para terminar alejándose de la casa con aire resignado. Era como si esperara no encontrar a nadie allí. Quizá, en ese momento estaba pensando que no querían abrirle la puerta y Martin se sintió apenado. Por eso, decidió hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Ey, chico! ¿Buscas a los... Murray?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le costó más trabajo del que esperaba pronunciar ese apellido. El resto de vecinos los conocían por ese apelativo, pero para Martin nunca habían dejado de ser los Dursley. Más concretamente, para él Paula Murray aún seguía siendo Tuney Evans.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No están –Continuó, dejando el pincel en su lugar y acercándose al chico amistosamente –Fueron al norte. Creo que pasarán todo el fin de semana fuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, vaya! –El chico miró a su alrededor, como si no supiera muy bien qué hacer, y se metió las manos en los bolsillos –Esperaba poder hablar con ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Se marcharon esta mañana. No debían saber que vendrías. No es que reciban muchas visitas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya, bueno –El chico carraspeó y a Martin le pareció ver algo amargo en su expresión –Digamos que quería darles una sorpresa, pero el viaje ha sido en vano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No me digas que has venido desde Inglaterra –Martin no necesitaba oír la respuesta. Creía saber quién era el chico y, además, se le notaba que era inglés a la legua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí... En realidad, sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya decía yo –Martin extendió una mano hacia él, que el chico estrechó con algo de turbación –Martin Lawrence. Como supondrás, soy vecino de los Murray.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Harry Potter.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, Harry! –Martin palmeó amistosamente los hombros del chico, que parecía realmente confundido –Eres el sobrino de Petunia. ¿Me equivoco?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Petunia? –Harry entornó los ojos, sin saber muy bien hasta que punto era normal que ese hombre conociera el verdadero nombre de su tía. Los de la Orden le habían explicado detalladamente en qué circunstancias habían dejado a los Dursley en aquel rinconcito del planeta, y estaba seguro de que ese hombre no debería haber sido consciente de su verdadera identidad –Ella... Es... Paula.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, claro! –Martin rió suavemente –Digamos que yo conocí a los Dursley mucho antes de que tuvieran que convertirse en los Murray. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿En serio?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo también soy inglés y, casualmente, fui vecino de tu tía cuando éramos jóvenes. ¿No es una coincidencia que tuvieran que venir a esconderse justamente aquí, frente a mi casa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí. Supongo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Te gustaría tomar algo? –Martin señaló una silla con aire cordial y Harry, aunque no muy convencido, tomó asiento -¿Una cerveza?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo... Debería marcharme. Podría volver luego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hay un buen hotel en el pueblo. Si le dices a Steven que vas de mi parte, te hará un buen precio –Martin le guiñó un ojo y, a pesar de que Harry no le había respondido, abrió la pequeña nevera que tenía a un lado y le lanzó un bote de cerveza helada al chico, que lo cogió en el aire demostrando unos excelentes reflejos –Aunque, si quieres, podría acompañarte hasta la mina. Tus tíos estarán allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Creo que iré yo solo, no hace falta que se moleste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No sería ninguna molestia, en serio –Martin se sentó frente a él –Me alegra conocerte. Aún recuerdo muchas cosas sobre tu madre, a pesar de que nunca tuvimos mucho contacto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿En serio?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era evidente que a Harry le extrañaba que Martin le estuviera hablando de esa forma y de esa persona. Era el primer muggle, a parte de sus tíos, que daba muestras de haber conocido a Lily Evans.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno, yo llegué al pueblo siendo bastante mayor, y para entonces tu madre ya estaba en ese internado. Apenas la vi durante las Navidades y los veranos, pero era bastante divertida. Y debo añadir, aquí entre nosotros, que tu tía le tenía bastante inquina. –Martin torció el gesto –Ella se moriría antes de reconocerlo, pero estaba muy celosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Celosa ella? ¿De mi madre?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No te asombres tanto –Martin rió suavemente. Aunque el chico estaba aturdido, él se alegraba de tenerlo allí. En los últimos tiempos había pensado en él muchas veces. Creía saber que Petunia no lo había tratado muy bien en su infancia. Nunca hablaba de él con cariño y aún había un toque amargo en su mirada cuando hablaban de Lily. No, Petunia Evans no había cambiado tanto en esos años y, en cierta forma, era un gran signo de inmadurez por su parte –Ella siempre decía que tu madre era especial. Con rabia, sí, lo decía. Aunque te crió. ¿Cierto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es una forma de decirlo –Masculló Harry, más para sí que para su extraño acompañante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Supongo que no sería fácil, especialmente con Vernon cerca. Sigue siendo igual de cretino que antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No podría estar más de acuerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin rió y Harry lo imitó, quizá no con tantas ganas, pero sí empezando a sentirse cómodo con la compañía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Debo suponer que ya es hora de que los Dursley vuelvan a casa –Dijo Martin al cabo de unos segundos –Petunia me contó que estabas en problemas. Si ahora has venido aquí, significa que esos problemas ya no existen –Harry cabeceó sin saber muy bien qué decir –Me alegra que así sea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se quedaron en silencio. No se conocían en absoluto, pero podían averiguar muchas cosas el uno del otro con solo observarse. Martin no veía cariño alguno de Harry hacia sus tíos, así que suponía que Petunia había sido tan mezquina con el chico como él se había temido. Y a Harry le parecía reconocer algo de afecto en los ojos de ese hombre cada vez que hablaba de su tía, algo que no dejaba de extrañarle. ¿Quién podría sentir cariño por una persona tan cruel e hipócrita como Petunia Dursley?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Creo que tendría que irme. Cuanto antes los encuentre, antes podré volver a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Claro. No pretendía entretenerte –Martin se puso en pie cuando Harry hizo lo propio, y le estrechó la mano con fuerza –Suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Harry cabeceó. Definitivamente, la iba a necesitar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #11 - &lt;i&gt;Quebrar&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cosas que a Martin Lawrence no le pillan por sorpresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid3"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;No podía creerse que él estuviera allí. Podía escuchar los gruñidos de Vernon a su derecha, podía ver a Dudley cabizbajo y silencioso a su izquierda, y ella se sentía perdida, como en otro mundo. Ni siquiera estaba segura de si le alegraba o no ver a Harry. No lo apreciaba demasiado, cierto, pero el hecho de verlo sano y salvo le dejaba bastante tranquila, aunque no sabía si era porque significaba que todos estarían bien, o si porque el propio Harry estaba bien. La cuestión era que el chico estaba allí, frente a ellos y de una pieza, y eso sólo podía significar una cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entonces –Decía un muy molesto Vernon –Ese tipejo... Voldemort. ¿Está muerto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí –Harry sonaba impaciente. Hacía mucho tiempo que había crecido, pero Petunia escuchó la voz de un hombre y, entonces sí, fue consciente de que él realmente estaba allí –Podéis regresar a Privet Drive cuando queráis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Podemos? –Gruñó Vernon, señalando a Harry con un dedo –No esperaréis tú y esos anormales que yo pague los billetes de avión. Ellos  nos trajeron, ellos deben devolvernos allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Supongo que la Orden podrá arreglarlo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Supones? –Vernon alzó la voz y se puso rojo. Dudley miró a su padre, y parecía curiosamente hastiado con su actitud -¡Exijo que lo hagáis! ¡Quiero los billetes ahora! ¡Faltaría más!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No hace falta gritar. ¿Sabes? –A Petunia le sorprendió esa respuesta. De hecho, le hizo gracia. Definitivamente, Harry ya no era el mismo de antes, y eso turbó a Vernon, que no supo que decir durante un momento –Te he dicho que lo arreglaremos y lo haremos, pero creo que el lunes es muy precipitado. Tendréis que esperar unos días más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Esperar? –Vociferó Vernon, y sus gritos resonaron más allá de las montañas -¿Aquí? Mira, maldito inútil anormal. Tengo un trabajo que atender en Inglaterra. No puedo seguir perdiendo mi tiempo aquí, mientras tu gente juega a la guerra y...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mi gente te salvó el culo, así que deja de hablar así de ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa vez sí, Vernon enmudeció. Harry no había sacado la varita, pero había tal determinación en su voz que su tío se dio cuenta de que era mejor no provocarle. El chico estaba siendo muy paciente, pero comenzaba a tener la mandíbula un poco tensa, así que Vernon se dio media vuelta, se cargó su mochila al hombro y caminó airadamente hacia el coche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vámonos. Tenemos que preparar el equipaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero nadie le siguió, ni siquiera cuando cerró con fuerza el maletero y se metió en el vehículo. Petunia aún estaba como paralizada y Dudley miraba a Harry con un creciente interés, sin el temor y el desprecio de los viejos tiempos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Tú mataste a ese... Voldemort? –Inquirió, curioso y sencillo, afable y casi cálido. A Harry le sorprendió, pero no a Petunia, que ya había visto el cambio progresivo experimentado por su hijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Más o menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entonces. ¿Todo ha terminado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No lo sé, Dudley. Quiero creer que sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Dudley echó a andar hacia el coche sin hacer o decir nada más. Petunia lo observó, intentando averiguar en qué estaba pensando, y luego se giró hacia Harry, que parecía estar esperando algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Así que ya podemos volver a Privet Drive –Suspiró largamente la mujer -¿Vendrás con nosotros?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Harry sólo alzó una ceja y miró a Petunia como si le hubieran crecido cuernos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No. Creo que no –Ella chasqueó la lengua y se dispuso a seguir a su marido y a su hijo. Pero antes sintió la necesidad de decirle algo más a su sobrino –Me alegra que no te hayan matado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno. Yo también me alegro, en realidad –Harry sonrió tristemente y su tía agitó la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Vas a quedarte en la casa hasta que volvamos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No. Me voy a Inglaterra lo antes posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, bien! –Petunia siguió andando, pero volvió a detenerse –De todas formas, ven a cenar. Tenemos algunas cosas de las que hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué has tenido que invitarlo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Teníamos cosas que decirnos, Vernon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y por qué lo has dejado a solas con Dudley?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia no respondió. Miró por la ventana y vio a Harry y a su hijo sentados en el porche de la casa. Llevaban mucho tiempo allí y no sólo no se habían peleado, sino que parecían hablar civilizadamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No sé si me creerás, Harry –Decía Dudley con los ojos clavados en la nada. No tenía valor para enfrentarse a la mirada de su primo –Pero me alegra un montón que no te haya pasado nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Gracias –Dijo él sencillamente, sorprendido porque, por primera vez en su vida, Dudley estaba demostrando ser capaz de decir dos frases con sentido seguidas –Tú tienes buena pinta. Las cosas no te van mal. ¿No?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No... Bueno, he adelgazado. ¿Sabes? –Dudley sonrió, abochornado, y se pasó una mano por el pelo –El profesor Lawrence me ha ayudado mucho. Vive ahí enfrente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh! Hablé con él esta mañana. Parece agradable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo es. Gracias a él entré en el equipo de fútbol del colegio. Dicen que no soy del todo malo y a mí me gusta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Fútbol? Pensé que te iba más el boxeo, ya sabes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dudley se puso totalmente rojo y, aunque Harry sólo pretendió hacer una broma, su primo se lo tomó muy en serio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mira, Harry. Cuando esas cosas me atacaron –Carraspeó, nervioso, y agitó la cabeza, como si pretendiera borrar esos recuerdos de su mente –Vi cosas que... Yo no sabía que era así. ¿Sabes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Así?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Un gordo cabrón inútil y macarra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh! –Harry suspiró y sonrió, cabeceando y mostrando su conformidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo... Yo me porté muy mal contigo. ¿Sabes? Y, aún así, me salvaste. Y ni siquiera de he dado las gracias por eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno, Dudley. Aunque fueras un gordo cabrón, inútil y macarra, no merecías que los dementores te quitaran tu alma. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya –Dudley también sonrió y, de pronto, pareció como si le hubieran quitado un gran peso de encima –Gracias de todas formas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se quedaron en silencio. Harry miró de reojo a su primo, cabizbajo y avergonzado, y le palmeó la espalda amistosamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo importante es saber cambiar a tiempo, y creo que tú lo has hecho. Se necesita mucho valor para hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No es como si me hubiera quedado otra solución, después de verle las orejas al lobo –Dudley rió y se incorporó un poco. Pareció meditar algo durante unos segundos y terminó por mirar a Harry –No quiero volver a Privet Drive.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me gusta vivir aquí. Tengo amigos nuevos y estoy pensando en aprender alguna profesión. Me gusta la mecánica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero, Dudley. Tu hogar está allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El hogar de Dudley Dursley, sí. Pero el de Jake Murray está aquí y, francamente, me gusta más ser Jake que ser Dudley.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Harry parpadeó, asombrado por aquella revelación. Su primo parecía realmente preocupado y, por primera vez, se dio cuenta de que también tenía un cerebro dentro de su enorme y –antes- oronda cabezota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si no quieres volver, díselo a tus padres. Tendrían que entender.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Entender? Papá está obcecado con la idea de volver, y mamá está tan rara que a veces pienso que está enferma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Enferma?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya no es la de antes, Harry. Y no sé que le pasa, pero algunas veces me gusta. Quizá ella tampoco quiera volver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ella adora su vida en Privet Drive, igual que tu padre. Claro que quiere volver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No sé –Dudley frunció el ceño e, inconscientemente, miró hacia la casa del profesor Lawrence –Es raro. Es como si ya no le gustaran las cosas que solían gustarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-De todas formas, tienes que pensar en lo que tú quieres, Big-D.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dudley cabeceó, dándole silenciosamente la razón. Harry no tenía ni idea de lo que iba a hacer su primo, pero sería lo correcto. Curiosamente no tenía dudas respecto a eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Papá. ¿Me estás escuchando?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin salió de su ensimismamiento y miró a Sarah. La niña tenía el ceño fruncido y las manos en las caderas, signo inequívoco de que no estaba de muy buen humor. El hombre supuso que llevaba un buen rato hablándole sin obtener respuesta. Si había algo que Sarah odiaba, era ser ignorada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué me decías?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Que me voy a dormir. Ya estoy cansada de ensayar. Dudo que pudiera hacerlo mejor por esta noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Está bien. Hasta mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar del enfado, Sarah se acercó y le besó la mejilla. Y aunque era muy pequeña aún, se quedó mirando fijamente la casa de los Murray. Se mordió el labio un segundo, como meditando que hacer, y terminó por sentarse al lado de su padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué te interesa tanto esa mujer, papá? ¿Acaso te gusta?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin apretó ligeramente los dientes, pero no dio más señales de verse afectado por el comentario que, a pesar de los esfuerzos de la niña, no tenía nada de inocente. Era molesto que Sarah acostumbrara a darse cuenta de las cosas que pasaban a su alrededor, especialmente en momento como ese.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-A mí no me gusta demasiado, aunque Jake puede ser amable algunas veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No es una mala persona, Sarah.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entonces. ¿Por qué estás tan... triste?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin la miró con suspicacia. Definitivamente no esperaba tanta suspicacia por parte de la pequeña. Porque sí, aunque tratara de convencerse de que nada le unía a Petunia, le ponía melancólico pensar que nunca podría estar tan cerca de ella como le gustaría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No estoy triste, Sarah.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo creo que sí lo estás. Ya no bromeas tanto como antes y te ríes muy pocas veces...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Los adultos no podemos estar haciendo bromas todo el rato, cariño, pero eso no significa que estemos deprimidos –Martin sonrió y, sin previo aviso, abrazó a su hija y le hizo unas cuantas cosquillas en la tripa –Además. ¿Cómo iba a estar alguien triste teniendo a alguien como tú para hacerle sonreír?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si Sarah se dio por vencida, Martin no lo notó. La niña rió con ganas unos minutos, luchando por liberarse de las garras paternas, y después le abrazó con fuerza. No. Martin no había podido engañarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No me importa que te guste alguien, papá. Pero odio que no estés contento por su culpa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No tienes que preocuparte por mí, Sarah. Sólo deberías pensar en divertirte y en el próximo recital de piano que, por cierto, es dentro de una semana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Pero si he estado toda la tarde ensayando! ¡Y tú no me has hecho ningún caso!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin rió, la abrazó nuevamente y la dejó ir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Tú no estabas muerta de sueño?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sarah se encogió de hombros y subió a su habitación sin casi hacer ruido. Martin observó el piano unos segundos y llegó a la conclusión de que si Petunia quería marcharse, la pérdida no sería tan grande. Él tenía a su pequeña hija, y ella era lo único que realmente necesitaba para sobrevivir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Justo en ese momento, alguien golpeó la puerta con suavidad. Martin se sorprendió al ver a Petunia allí. Ni siquiera la había visto llegar, así que no pudo disimular una mirada de turbación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Harry está aquí –Dijo sin más, entrando a la casa tal vez demasiado rápido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya lo sé. He conocido a tu sobrino esta tarde. Es un chico muy agradable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia parpadeó pero no dijo nada. Se paseó silenciosa por el vestíbulo, y cuando miró a Martin parecía angustiada por algún motivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya podemos volver a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo suponía. Estaréis contentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno... –Petunia se mordió el labio inferior y se frotó las manos, nerviosa –En realidad Dudley quiere quedarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿En serio?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hemos estado discutiendo. ¿Sabes? Bueno, Vernon y Dudders han discutido. Yo sólo me he quedado ahí, callada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tu marido debía estar realmente enfadado. Quedarse a vivir aquí no estaba en sus planes –Martin pronunció la palabra marido con tanta malicia como en su día empleara para hablar del cerdo con bigote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Culpa a mi sobrino. ¿Sabes? Cree que le ha comido la cabeza a Dudley o algo así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tu hijo ya es mayorcito para tomar sus propias decisiones. Y, para serte sincero, mantenerse alejado de Vernon, incluso de ti, le hará mucho bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No digas eso. Queremos a Dudley.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y gracias a ese amor ahora debe esforzarse el doble para encontrarse a sí mismo –Martin chasqueó la lengua, desdeñoso, y entró al salón. Se notaba agresivo y no le importaba. Sabía perfectamente lo que Petunia iba a decirle y eso le irritaba muchísimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sólo queríamos protegerlo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-E hicisteis de él un inútil. Tu sobrino tiene suerte al no haber recibido el mismo trato que él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No tienes derecho a hablarme así, Martin –Petunia alzó un dedo, pasmada y casi furiosa. Definitivamente esa no era la conversación que esperaba mantener con ese hombre. Le dolió verlo tan desconfiado, tan amargado y abatido –Nuestra forma de educar a Dudley no te incumbe y, en cuanto a Harry. ¿Qué es lo que te ha dicho?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No es lo que él me ha dicho, sino lo que no me ha dicho –Martin suspiró profundamente e intentó poner sus pensamientos en orden, cosa que no le resultó muy sencilla –No siente ningún aprecio por ti, Petunia. Y no sé lo que le habrás hecho, pero al menos debía sentir algo de cariño. Lo criaste desde pequeño. ¿Tan... despreciable fuiste con él? Porque yo apenas pasé unos años en casa de mis tíos y nunca pude pagarles todo lo que hicieron por mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te lo repito, Martin. No es asunto tuyo. Tú no estabas allí. Éramos Vernon y yo los que teníamos que tomar las decisiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo no estuve allí porque tú me echaste a patadas –Siseó muy bajito, temiendo que Sarah pudiera oírlos. Petunia escuchó la acusación y dio un paso atrás, algo intimidada por esa figura masculina emanante de dolor. –Podría haber sido diferente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo siento –Dijo ella sencillamente, obligándose a mantener los ojos abiertos y fijos en él. Así, pudo verlo encogerse levemente, controlando sus emociones para, a continuación, mirarla acusadoramente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vas a hacerlo otra vez. ¿Verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Martin, yo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te aseguro que no me sorprende –Martin rió amargamente, paseando por la estancia como un animal enjaulado –Lo esperaba desde el primer día. Nunca creí ninguna de tus promesas. Ni por un segundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo siento, Martin. Entiende...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No hay nada que entender, Tuney. Llevo todo el día sabiendo como acabaría esto, desde que vi aparecer a tu sobrino. Sólo vete. No lo hagas más difícil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y si esta vez no quiero irme? ¿Y si prefiero quedarme aquí con Dudley? Y contigo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero no lo harás, así que déjame en paz de una puta vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia llenó sus pulmones de aire y retrocedió. Se moría de ganas por quedarse. Quería abrazar a Martin y decirle que lo quería muchísimo y que no volvería a dejarlo nunca, pero no era fácil. Él ni siquiera quiso escucharla. Tal vez, si hubiera intentado convencerla todo habría sido más sencillo para todos, pero no. Martin se había rendido y ella sabía perfectamente lo que debía hacer, aunque no fuera realmente lo que quería. Aunque tuviera que dejar atrás tantas cosas amadas e inolvidables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:21887</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/21887.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=21887"/>
    <title>Actualizando "Mi gran boda muggle"</title>
    <published>2008-04-06T15:38:00Z</published>
    <updated>2008-04-06T15:38:46Z</updated>
    <category term="boda muggle"/>
    <category term="percy/penny"/>
    <lj:music>"Love Somebody" - Robbie Williams</lj:music>
    <content type="html">¡Oh! ¡Pero qué montón de capítulos que me faltan por colgar! Aquí os dejo los links a los capís que tengo publicados en fanfiction. Si os apetece, echándole un ojo ;) (y si tenéis tiempo, porque es mucha tela)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;( &lt;a href="http://www.fanfiction.net/s/3923027/4/Mi_gran_boda_muggle"&gt;Mi gran boda muggle. Capítulo 4. La cena de los idiotas&lt;/a&gt; )&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;( &lt;a href="http://www.fanfiction.net/s/3923027/5/Mi_gran_boda_muggle"&gt;Mi gran boda muggle. Capítulo 5. Casper&lt;/a&gt; )&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;( &lt;a href="http://www.fanfiction.net/s/3923027/6/Mi_gran_boda_muggle"&gt;Mi gran boda muggle. Capítulo 6. La jauría humana&lt;/a&gt; )&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;( &lt;a href="http://www.fanfiction.net/s/3923027/7/Mi_gran_boda_muggle"&gt;Mi gran boda muggle. Capítulo 7. Las amistades peligrosas&lt;/a&gt; )&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;( &lt;a href="http://www.fanfiction.net/s/3923027/8/Mi_gran_boda_muggle"&gt;Mi gran boda muggle. Capítulo 8. La guerra de los mundos&lt;/a&gt; )&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;( &lt;a href="http://www.fanfiction.net/s/3923027/9/Mi_gran_boda_muggle"&gt;Mi gran boda muglle. Capítulo 9. Apocalipsis Now&lt;/a&gt; )&lt;/b&gt;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:21579</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/21579.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=21579"/>
    <title>Y otras dos viñetas para la tabla de Tuney.</title>
    <published>2008-04-06T15:22:33Z</published>
    <updated>2008-04-06T15:22:33Z</updated>
    <category term="martin (oc)"/>
    <category term="30vicios"/>
    <category term="petunia"/>
    <lj:music>"Karma Killer" - Robbie Williams</lj:music>
    <content type="html">&lt;b&gt;Fandom:&lt;/b&gt; Harry Potter&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Petunia Dursley&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; 26 - &lt;i&gt;Amor&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo no ha cambiado demasiadas cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Al parecer, Martin encontraba bastante divertido atormentar a Vernon. Aunque no había vuelto a hablar con Petunia desde su conversación en el invernadero, el hombre solía pasearse por la calle con total tranquilidad, apartando la nieve que se acumulaba en la entrada de su casa y haciendo cosas que, no por cotidianas, eran menos malintencionadas. Vernon solía sentarse junto a la ventana, en la sala de estar, y farfullaba maldiciones mientras apretaba los puños y planeaba mil y una formas de deshacerse de su vecino de enfrente. Petunia también se había descubierto muchas veces observándolo, furiosa cada vez que él la ignoraba y esperanzada cuando lo veía contemplar su nuevo hogar con aire ciertamente melancólico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias a aquellas semanas dedicadas a espiar a su más interesante vecino, Petunia había descubierto que la relación que mantenía con su hija Sarah no podía ser más estrecha. La niña era enérgica e independiente, y él se esforzaba en ser padre y amigo. Aunque Petunia nunca escuchaba las conversaciones que mantenían del coche a la casa, y de la casa al coche, sabía que estaban muy unidos. Incluso cuando la pequeña Sarah parecía enojada por algo, había unos lazos invisibles que la mantenían atada a su padre. Lazos que, y a Petunia le dolía en el alma, ella realmente nunca había tenido con Dudley. Había pasado demasiado tiempo malcriándolo y negándose a ver cómo era el chico en realidad; tanto, que no lo conocía en absoluto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella tarde había algo diferente en Sarah. Petunia sabía que Martin estaba en el colegio, viendo un nuevo partido del equipo de fútbol, y la niña estaba ahí, sentada en el porche de su casa, con la cabeza hundida entre los brazos y totalmente inmóvil. Debía tener un frío terrible y, aunque en un principio no se preocupó por ella, al cabo de casi una hora decidió que tenía que intervenir o la chiquilla se quedaría helada. No sabía muy bien qué iba a decirle, pero a Martin no le sentaría muy bien que su hija muriera de frío sin que ella hubiera hecho nada por ayudarla. Suspirando profundamente, se envolvió en su abrió, salió a la calle y fue a reunirse con Sarah.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La chiquilla apenas se movió. Tenía la cabeza cubierta por un gorro de lana de numerosos colores, y el cabello sujeto en dos trenzas, como siempre. Petunia carraspeó, intentando llamar su atención, y Sarah alzó la cabeza, mirándola con una curiosidad que, segundos después, se tildó de decepción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Ah, eres tú!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia no supo muy bien por qué ese desdén le hizo sentir tan mal. No es que Sarah le hubiera importado nunca demasiado, pero había algo en sus ojos verdes que le recordaba a Martin y que dolía. Dolía más de lo que jamás podría reconocer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué haces en la calle, chiquilla insensata? Vas a coger una pulmonía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿De verdad? –Sarah alzó la cabeza, orgullosa, y la retó con la mirada -¿Y a ti te importa por qué...?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia entornó los ojos. No le caía bien a la niña. Nunca le había hecho nada, pero se notaba a la legua que no la soportaba. Y, para ser sincera, a ella tampoco le agradaba aquel carácter agrio y descortés. Menos aún cuando se enfrentaba a aquellos ojos tan parecido a los de Martin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vamos. Ve adentro. Está empezando a nevar otra vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sarah guardó silencio sin quitarle ojo. Petunia se sintió incómoda y se dispuso a regresar por donde se había ido, pero la voz de la muchacha la detuvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tú eres ella –Dijo, y Petunia se sintió desconcertada y nerviosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Ella?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Papá y mamá solían hablar de ti antes. Hace mucho tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿De mí? ¿Qué quieres decir?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Todo eso de los nombres tontos y el fingir que no os conocéis –Sarah chasqueó la lengua, agitando las manos bajo su abrigo –Pero papá no puede engañarme. A mamá tampoco podía mentirle. Y yo me parezco mucho a ella. ¿Sabes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No sé de qué me estás hablando, niña, pero es absurdo –Petunia, que estaba tensa, empezó a alejarse de la jovencita –En serio. Entra en casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No te hagas la tonta. Lo sé todo. Espera aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sarah se puso en pie de un salto y fue corriendo hasta su casa. Desapareció durante varios minutos, y Petunia se sintió realmente estúpida. Ahí parada, esperando vete tú a saber qué, mientras empezaba a nevar con fuerza. Finalmente, Sarah reapareció; tenía las mejillas encendidas y traía algo en las manos. Un cuadernillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eres tú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia tuvo que cogerlo. Alzó la libretilla con manos temblorosas y comenzó a ojearla. Y era ella. En todas y cada una de las hojas estaba ella. Riendo, leyendo, mirando a la nada. Sola o en compañía, pero siempre ella. Más joven o mayor, pero sólo ella. Desconcertada, sin poder apenas creer que Martin hubiera guardado aquello durante tanto tiempo, miró a Sarah, que tenía el ceño fruncido y los brazos cruzados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mamá lo encontró un día. Papá lo tenía escondido entre sus cosas, y discutieron. Mucho –Sarah carraspeó, retándola con la mirada –Ella le preguntó por qué guardaba el cuaderno. Pero él...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Sarah!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia dio un respingo. Se moría de ganas por saber por qué Martin había guardado esa libreta repleta de recuerdos de una juventud que nunca volvería. Pero la niña no pudo decir qué le respondió aquel día a su esposa. Martin acababa de llegar y parecía enfadado. Petunia había estado tan absorta en sus propios pensamientos, que ni siquiera escuchó el rugido del motor del coche de su antiguo amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué estás haciendo aquí fuera, Sarah?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te esperaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Con este frío? –Martin se colocó junto a Petunia y la miró de reojo. A la mujer no le pasó inadvertido que Martin se percató de lo que tenía entre las manos –Haz el favor de entrar. No quiero que te enfermes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La niña obedeció de forma inmediata. A Petunia le pareció que ella realmente estaba esperando a su padre, y Martin aparentaba estar más preocupado que enojado. Al menos con su hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué haces aquí, Tuney?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Quería que la niña se resguardara del frío. Nada más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, bien! Pues te agradecería que dejaras los asuntos de Sarah en mis manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia entornó los ojos, molesta por esa grosería. Martin era extraño. Un día venía a ella de forma pacífica, y al siguiente era seco y cortante. Seguía desconcertándola tanto como cuando era un adolescente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Devuélvemelo –Martin estiró una mano, sin mirarla. Petunia se removió y le dio la libreta con movimientos bruscos –Y gracias de todas formas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia suspiró y esbozó una tímida sonrisa. Sin saber muy bien de dónde sacaba el valor para hacer aquello, se dio media vuelta y encaró al hombre. Martin observaba su viejo bloc con expresión aturdida, y pareció sorprendido cuando descubrió que la mujer aún seguía allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué lo conservas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin entornó los ojos y la miró fijamente. Y ya no parecía enfadado, ni se mantenía prudente y distante. El desconcierto lo invadió y apenas fue capaz de balbucear unas palabras antes de responder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me ayuda a estudiar mi estilo artístico –Dijo, aunque la excusa no fue creíble para ninguno de los dos –Conservo casi todos mis cuadernos viejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿En serio? ¿Y también los escondes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin carraspeó y miró fugazmente hacia la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Has hablado con Sarah?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ella ha hablado conmigo. Y parece ser que a tu mujer no le agradaba que tuvieras eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señaló la libretilla con la cabeza. Martin apretó los dientes y se tensó, como si se hubiera enfadado de repente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Los problemas que tuviéramos Emma y yo no son de tu incumbencia, Petunia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella no dijo nada. Era evidente que había conseguido derribar una de las barreras que Martin Lawrence había forjado a su alrededor, y se alegró de ello. No sabía por qué le agradaba que él pudiera molestarse de esa forma, pero al menos era mejor que la indiferencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No sé qué cosas puedes imaginarte, Evans, pero yo estaba enamorado de Emma. –Martin torció el gesto; fue casi cruel –Enamorado de verdad. Con ella tuve esa clase de amor que dudo tú hayas experimentado jamás, así que no vuelvas a mencionarla nunca. ¿Entiendes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y tienes que repetírtelo en voz alta para recordarlo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso había sido un golpe bajo. Petunia –o una pequeña parte de ella- se arrepintió de inmediato de sus palabras. Martin apretó los puños y frunció el ceño, y durante un segundo pareció pelear consigo mismo antes de decidir si quería o no quería responder a la mujer. Entonces, se dio media vuelta, sin más, y caminó hacia la casa dando grandes zancadas. Petunia pensó que desaparecería de su vista, pero el hombre se detuvo, como si hubiera cambiado de opinión, y volvió otra vez junto a ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No tengo que repetir nada para recordar a Emma –Dijo, y parecía casi furioso –Y me gustaría que tú pudieses decir lo mismo sobre Vernon. ¿O ya se te ha olvidado que vives con él?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué dices eso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Crees que no me he dado cuenta de cómo me miras? –Martin sonrió sarcástico, dispuesto a devolver el daño anteriormente inflingido –Él también lo ha hecho. Deberías poner en orden tus prioridades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿En serio? ¿Y cómo te miro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin alzó una ceja y resopló. Petunia sabía perfectamente cómo lo miraba, por más que le costara reconocerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya no tengo quince años, Tuney. No vas a poder jugar conmigo como lo hiciste una vez. Eso se acabó. ¿Lo sabes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sólo sé que estás pensando cosas sin sentido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Por supuesto. Cosas sin sentido. De todas formas, ten cuidado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa vez sí, Martin se fue. Petunia se quedó parada en mitad de la calle, meditando sobre lo que le había dicho. Él tenía razón. Debía tener cuidado, ya no eran unos críos. Había muchas cosas en juego, y unas simples miradas podían echarlo todo a perder. Miradas que eran un reflejo claro de los deseos de su corazón y que se sentía incapaz de disimular. Porque, aunque le enrabietara reconocerlo, sus sentimientos por Martin no habían cambiado tanto con el paso de los años. Y, aunque en cierta forma hubiera estado dispuesta a luchar por él, sabía perfectamente que él ya no seguiría su juego nunca más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; 30 - &lt;i&gt;Obsesión&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia siente que se está volviendo loca y no puede soportarlo más&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;No puede soportarlo más. Ha intentado quitárselo de la cabeza de mil formas diferentes, pero ha sido inútil. Quizá, el hecho de que Martin viva en la casa de enfrente, que se lleve relativamente bien con su hijo y que intercambien extrañas miradas casi a diario, no ayude demasiado. Tampoco sus constantes discusiones con Vernon por cosas que ni siquiera tienen sentido o sus largas horas de soledad pasadas junto a la ventana, imaginando estupideces de una vida que pudo tener pero que, por decisión propia, nunca tuvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia está obsesionada con Martin. Lo sabe y le parece una tontería, porque han pasado muchos años desde que estuvieron juntos y porque él ya no da muestras de estar interesado en ella. Sin embargo, Petunia algunas veces cree que todavía existe algo. Le parece que Martin esconde más cosas de las que deja a la vista, y una parte de su interior tiene la esperanza de que la siga queriendo. Y eso no es correcto, porque ella está casada y tiene una vida perfecta, pero no puede evitar pensar en Martin, en su pelo gris, sus dedos finos y su sonrisa triste y cruel una veces, sincera y casi inocente otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su sonrisa de hiena... A Petunia aún la cautiva. Desgraciadamente, Martin no le dedica tantas como hubiera deseado. Cada vez que intercambian dos palabras terminan peor que la vez anterior. Ahora ni siquiera se saludan. Sarah está bastante satisfecha con eso, y Dudley un tanto desconcertado. Vernon no demuestra darse cuenta de nada, como siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia suspira y se acurruca junto al cristal, con la taza de café entre las manos. Es sábado. Vernon y Dudley se han ido al bar a hacer cosas de hombres, y ella está sola de nuevo, viendo cómo la nieve inunda las calles de su barrio. El invierno en aquella ciudad es largo y frío. No deja de nevar ni un solo día, pero a ella le gusta. Lo prefiere a la niebla inglesa. Es más romántico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia lleva el suficiente tiempo apostada en la ventana para saber que Sarah tampoco está en la casa de los Lawrence. Media hora antes, una multitud de chiquillos fueron a buscarla, alegando que iban a hacer una guerra de bolas de nieve, y Martin la dejó ir con una de sus sonrisas sinceras. Así pues, él también estaba solo. A Petunia le había parecido que estaba muy atractivo con su jersey azul y sus pantalones de pana grises, y lleva un rato fantaseando con quitárselos. Y se siente ridícula, por supuesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suspira profundamente de nuevo e intenta ordenar sus pensamientos. Martin está solo y ella se muere de ganas de cruzar la calle y hablar con él, verlo, tenerlo cerca. Aunque su conversación gire alrededor del tiempo o cualquier otra banalidad, necesita estar a su lado. Casi tanto como el aire para respirar. Sabe que no sería correcto, que ella no tiene nada que hacer en la casa del hombre, que su comportamiento sería totalmente reprobable si lo hiciera. Y le importa tan poco, que casi siente miedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sabe muy bien de donde saca el valor para hacer lo que va a hacer. Se pone en pie y corre hasta la cocina, colocándose un mandil sobre su ropa de los domingos. Puede estar loca, pero aún necesita una excusa para llamar a la puerta de su casa. Tampoco se lo piensa mucho, a decir verdad, y antes de darse cuenta, Martin está frente a ella, mirándola con los ojos entornados y claramente sorprendido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hola –Petunia habla antes de que él pueda decir nada –Me preguntaba si tendrías... Harina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin alza una ceja y la observa detenidamente. No tiene pinta de haber estado cocinando, pero aún así se hace un lado y entra a la casa, sin invitarla a pasar. Aún así, deja la puerta entre abierta y Petunia puede echar un vistazo al recibidor, mucho más pequeño que el suyo y repleto de trastos que deben ser de Sarah. Petunia localiza una mesa auxiliar en un rincón, repleta de fotografías. De Martin, de su hija y de la difunta Emma. Felices y unidos. Y, a pesar de los celos, Petunia vuelve a alegrarse por él. Porque Martin ha logrado ser feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Aquí tienes –Petunia da un respingo cuando escucha la voz de Martin. El hombre está a su lado, tendiéndole un paquete de harina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, gracias! El lunes te lo devolveré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No hace falta. Tengo la despensa llena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia se muerde los labios. Ahora es cuando debe irse a casa, tal vez aliviada después de ese breve encuentro, pero no tiene valor para hacerlo. Quiere quedarse, hablar con Martin, estar con él durante algo más que cinco minutos. Así pues, señala las fotografías con la cabeza y hace una pregunta que, quizá, no será bien recibida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Es Emma?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cree que Martin se enfadará, pero se limita a mirar los retratos con aire melancólico. Suspira, da dos pasos atrás y Petunia asume que debe entrar a la casa. Y cerrar la puerta ya que está.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué te interesa saber de ella?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No lo sé, Martin. Tengo curiosidad por saber cómo era. –Petunia se encoge de hombros, sintiéndose sincera- Ella sí te hizo feliz. ¿Verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin sólo sonríe afirmando quedamente con la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nos conocimos durante una etapa difícil de mi vida, en la escuela de París. Después de... –Martin carraspea. Petunia sabe a qué etapa se refiere y se siente un poco avergonzada y responsable –Nos hicimos muy buenos amigos. Ella era muy parecida a Sarah. Divertida. Traviesa y condenadamente lista. Y yo no tardé en acostumbrarme a su presencia. Tardamos años en descubrir que nos queríamos. Estuvimos un tiempo separados, pero nos reencontramos y nos dimos cuenta de que no sólo deseábamos ser amigos el uno del otro. Nos casamos, nos divertimos, tuvimos a Sarah. Y Emma enfermó y en menos de dos meses ya no estaba. Sarah tenía apenas tres años y yo decidí que debía sentar cabeza y dejar de dar bandazos por ahí. Ni siquiera sé por qué llegué a este pueblo –Martin parpadea, sorprendido consigo mismo ante tanta franqueza –Emma lo mencionó alguna vez. Su abuela era de aquí. Pensé que sería un buen sitio para instalarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia no esperaba escuchar esa historia. El relato ha sido breve, pero lo suficientemente emotivo para entender cómo fue la vida de Martin con esa mujer. Sin duda, su relación fue mucho más fácil que con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué no volviste a Inglaterra?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mis tíos habían muerto, Petunia. No tenía a nadie esperándome allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer cierra los ojos, ligeramente herida. Martin tiene razón en su afirmación, y a ella le gustaría decir que sí que había alguien esperándole, pero se mantiene callada. De todas formas, él jamás volvería a creerla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eso que dijiste de llevar a tu hija a Londres. ¿Lo harás?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Quizá tenga que hacerlo –Martin se apoya en la pared y se cruza de brazos –Hay un par de tipos interesados en que exponga en su galería de arte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿En serio?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No es que no lo haya hecho antes. He vendido algunos cuadros. ¿Sabes? El sueldo de profesor no da para comprar una casa como esta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia entorna los ojos y, por primera vez, ve frente a ella un hombre de éxito. Humilde y desarrapado, pero triunfador, y se arrepiente más que nunca de haberlo dejado ir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Enhorabuena, supongo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, gracias. A Sarah le gustará viajar. Quiere subir en avión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se produce un breve silencio. Ninguno de los dos parece muy dispuesto a mirar al otro y Petunia se siente incómoda y aprensiva de pronto, como si se viera en la obligación de hacer algo y no tuviera valor suficiente para hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cuándo serán esa exposición?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No lo sé aún. Quizá ni siquiera lleguemos a un acuerdo. Quién sabe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Quizá, pueda ir a verla. Si para entonces hemos vuelto a Inglaterra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin parpadea y la mira con algo que parece preocupación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Vas a volver allí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es posible. Cuando las cosas mejoren.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Los tipos que mataron a Lily?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Aún confío en que los detengan. ¿Sabes? Te gustaría mi casa de Privet Drive.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Seguro que sí –Martin tuerce el gesto. Por supuesto que Privet Drive no le gustaría, ni siquiera un poco -¿Has sabido algo de tu sobrino?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia se tensa. No le hace ninguna gracia hablar de Harry, pero supone que Martin no se dará por vencido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No creo que podamos ponernos en contacto con él. Todo es muy complicado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Tanto para no poder hacer una llamada telefónica? –Inquiere con escepticismo, casi acusándola de ignorar a Harry. Y no es que no lo hubiera hecho antes, pero viniendo de Martin, le molesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Más aún. No tienes ni idea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin sonríe tristemente y niega con la cabeza. Piensa que él sí encontraría la forma de hablar con su sobrino, un niño con demasiadas responsabilidades que afrontar. Aunque no tenga ni idea, de verdad que lo piensa así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tú criaste a tu sobrino. ¿Verdad? –Petunia asiente -¿Y no estás preocupada? Es... Debe ser como un hijo. No sé...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No puedo hablar de eso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Veo que no has cambiado nada –Martin alza una ceja, irónico –Cuando algo no te interesa, optas por cambiar de tema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Las cosas no son blancas o negras. Y te aseguro que lo que ocurre con Harry es... –Petunia suspira, irritada, y se cruza de brazos. Intenta encontrar algo que pueda decir y no suele totalmente ilógico, pero no es fácil –Han pasado muchas cosas desde que murió Lily. La mayoría de la gente no las entendería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entiendo más cosas sobre tu hermana de las que piensas. Y, por lo que veo, muchos de sus problemas los has transferido a tu sobrino. ¿Me equivoco?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No. No se equivoca en absoluto. Durante todo ese tiempo, Petunia no ha podido dejar de ver el reflejo de Lily en los ojos de Harry, y eso siempre dolió y la molestó a partes iguales. Porque ahí estaba ese niño, recordándole que ella nunca sería especial, como su hermana, complicándole la existencia y, por qué no decirlo, haciéndole pensar en las cosas buenas de Lily algunas veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tú tampoco has cambiado nada –Petunia arruga el ceño y, sí, nuevamente cambia el tema de la conversación, esperando que Martin opte por seguirle el juego –Sigues siendo terco e indiscreto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Indiscreto? –Martin no puede reprimir una risa suave, y Petunia se siente muy aliviada –Yo no soy indiscreto. Erais tú y tus amigas las que os pasabais el día cotilleando. Es más, me preguntó que harás con las cotorras del vecindario cada vez que os juntáis para tomar el té –La mujer también ríe –Y todavía crees que puedes engañarme, pero no soy tonto. No tanto como antes, al menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia bufa. Su maniobra evasiva no ha dado el resultado esperado, pero al menos Martin parece menos tenso que antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Quizá, algún día pueda explicarte lo que ocurre. Pero confía en mí, Martin. Harry no está aquí por un buen motivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No es fácil confiar en ti, Tuney.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La acusación llega serena pero inflexible a sus oídos, y la mujer se encoge un segundo sobre sí misma, encajando el golpe. Entonces, escucha a Martin suspirar pesadamente y lo ve removerse con algo de inquietud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tengo cosas que hacer, si no te importa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, claro! Será mejor que me vaya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia se dispone a dar media vuelta con el convencimiento de que no ha logrado lo que quería. Después de todo, no fue a casa de Martin para hablar. Bueno, tal vez sí, pero también quiso tenerlo cerca. Más cerca de lo que ya estaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Oye, Martin. Me gustaría que hablásemos más a menudo –Dice, sin saber muy bien cómo ni por qué. Sólo es consciente de que le hace falta –Siento mucho lo que pasó, pero quizá podamos ser amigos, ya sabes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin enarca una ceja y retrocede un paso. Parece estar defendiéndose de algo –o, tal vez, de alguien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tú y yo no podremos ser amigos, Petunia. Pasaron muchas cosas entre nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero eso fue hace mucho tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí –Por algún motivo, el hombre se ruboriza ligeramente –Pero una parte de mí aún fantasea con la posibilidad de recuperar el pasado y... Bueno. Yo tengo a Sarah y tú estás casada y tienes un hijo. No puedo arriesgarme a ser tu amigo, Tuney. No sé lo que podría pasar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y –Petunia se muerde los labios, sintiendo que no es ella la que habla -¿Si yo quisiera que pasara algo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, señor! Vete a casa. ¿Quieres?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Martin intenta echarla a la calle, pero Petunia se aferra a sus brazos, sabedora de que está cometiendo una locura y el error más grande de su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No, no, no! Escúchame. Si tú quieres, podemos intentarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Intentar qué? ¡Por Dios! ¿Te estás oyendo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me estás pidiendo que seamos... –Martin agita la cabeza y se separa de ella bruscamente, como si estuviera huyendo –Vete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Martin, hablemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No! No podemos permitirnos hablar sobre eso. ¿No te das cuenta? No sólo somos tú y yo. Están nuestros hijos y tu marido. ¡Joder! ¿Has estado bebiendo. Porque esa sería una explicación bastante buena. O eso, o te has vuelto completamente loca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Martin, por favor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia sabe que la conversación ha terminado. Martin ha logrado deslizarse hasta la puerta de salida y la tiene abierta de par en par, a la espera de que haya atraviese el umbral y desaparezca. Pero Petunia, aunque sabe que lo que ha dicho antes ha sido una soberana estupidez, sabe que eso es lo único que quiere: estar con Martin. Siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizá por eso se detiene antes de salir. Está muy cerca de Martin y sólo tiene que estirar un brazo para acariciar su rostro y, sin previo aviso, agarrarse a su cuello y acercar su rostro al de él. Se detiene, escuchando la respiración errática del hombre, y espera que se retire. Pero no lo hace y, por eso, posa suavemente los labios sobre los de él, en un leve roce que hace a Martin suspirar y a ella le devuelve una vida que ni siquiera sabía que había perdido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se separa de él, ruborizada y con los dedos enredados en el cabello masculino. Lo mira a los ojos, pero él aún los tiene cerrados. Y sonríe porque, aunque a él le cueste reconocerlo, ella ya ha ganado esa pequeña batalla. No será fácil, pero Petunia sabe lo que quiere por una vez en su vida, y está dispuesta a luchar por ello. La victoria definitiva llega cuando siente las manos de Martin rodear su cintura y él toma la iniciativa para devorarla en un beso febril que parece no acabar nunca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Minutos después, Martin la suelta y la observa atentamente al tiempo que acaricia sus mejillas. Parece derrotado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ahora sí, vete. Por favor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia sabe que no puede pedirle más. Sin dejar de mirarle, caminando hacia atrás, abandona la casa del pintor. Cuando llega a la suya, la sonrisa aún no ha desaparecido de su rostro. Tardará horas en hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:21312</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/21312.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=21312"/>
    <title>Es el turno de Neville</title>
    <published>2008-04-06T15:12:15Z</published>
    <updated>2008-04-06T15:12:15Z</updated>
    <category term="30vicios"/>
    <category term="neville"/>
    <lj:music>"No Regrets" - Robbie Williams</lj:music>
    <content type="html">Pues eso, que voy a colgar la viñeta número 16 de Neville Longbottom (aquí no se me ha acumulado mucho curro, gracias a Merlín)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Fandom:&lt;/b&gt; Blablabla&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Neville Longbottom&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; 23 - &lt;i&gt;Culpa&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Siempre es culpa de Slytherin&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Todos en Hogwarts sabían de la antigua rivalidad entre los miembros de las casas de Slytherin y Gryffindor. Desde el primer enfrentamiento entre los fundadores, la hostilidad entre los leones y las serpientes era casi tan legendaria como el mismo colegio, y nada ni nadie parecía ser capaz de acabar con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Minerva McGonagall lo había intentado. Le había tocado dirigir Hogwarts en una etapa muy difícil. La guerra había dejado una gran brecha en la sociedad mágica. Prácticamente todas las familias habían perdido a alguien y los niños llegaban al castillo con el corazón roto y la cabeza repleta de prejuicios contra los que no era fácil luchar. Y por una vez, eran los Slytherin los que llevaban todas las de perder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchos de los mortífagos habían sido Slytherin. Muchos, pero no todos, aunque eso no era algo que niños de once años pudieran entender. Ellos se limitaban a relacionar Slytherin con el mal: los de Slytherin se habían unido a lord Voldemort, los de Slytherin habían asesinado a sus padres, hermanos, abuelos, amigos. Los de Slytherin no merecían el perdón; ni siquiera lo habían pedido, porque eran malvados y no creían que hubieran hecho nada incorrecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era así. Sencillo y cruel. El primer año fue el peor de todos. Muchos alumnos habían abandonado el colegio sin terminar los estudios. Algunos solicitaron plaza en otras escuelas europeas, pero no todos la consiguieron. A Minerva eso le parecía lamentable. Ella, al igual que Albus Dumbledore, creía en las segundas oportunidades, aunque a veces le costara un mundo confiar en la bondad de los chicos de Slytherin. Debía reconocer que nunca le habían caído bien, que nunca había llegado a conocerlos realmente y que nunca le había importado. Nunca, hasta que se dio cuenta de que la situación se le estaba escapando de las manos y emprendió una lucha interna en Hogwarts para conseguir que los niños confiaran unos en los otros, sin importar en qué casa habían terminado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus medidas produjeron resultados. Con el paso de tiempo, cuando los estudiantes que estuvieron en Hogwarts aquella fatídica noche, la de la última batalla, abandonaron el colegio, los chicos fueron estrechando lazos. Si a estrechar lazos podía decirse a una reducción considerable del número de estudiantes que terminaban en la enfermería. De Slytherin casi siempre. Minerva había tenido que observar con absoluta indignación como los niños de las otras casas se unían para tender emboscadas, acusando a sus compañeros rivales de ser asesinos, torturadores, ladrones. Mortífagos. Y aunque los de Slytherin querían ser fuertes, aunque nunca se permitieran mostrarse débiles en público, Minerva sabía que toda aquella situación les afectaba y podía llegar a destruirles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para cuando Neville Longbottom y Cassius Warrington fueron profesores de Hogwarts, la directora casi había controlado la situación. La disciplina y el entendimiento mutuo habían sido las claves para manejar a los estudiantes, y ambos jóvenes encontraron el camino bastante allanado, aunque aún seguían produciéndose episodios de una gravedad casi extrema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como la de ese día. Vincent Davenport, de Gryffindor, estaba en la enfermería con varios huesos rotos y una grave conmoción que lo mantendría en cama durante un tiempo indefinible. Samuel Jacobs, de Slytherin, le había lanzado una maldición en el último partido de quidditch de la temporada. Ninguno de los dos aspiraba a ganar la copa (Hufflepuff se alzó con ella la jornada anterior) pero sus enfrentamientos siempre eran apasionados. Y letales, como aquel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Minerva había reunido al profesorado. Después de mantener una eterna conversación con los jefes de las casas afectadas (la indignación de Vector era más que evidente) anunció la expulsión definitiva de Jacobs cuando sólo faltaban unas semanas para que hiciera sus E.X.T.A.S.I.S. Después de todo, había atentado contra la vida de un compañero frente a todo el colegio. Su culpabilidad era evidente y el castigo inamovible después de que Minerva estableciera su política de tolerancia cero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neville no estaba muy seguro de cómo le sentó la noticia. Estaba contento porque consideraba que se había hecho justicia, pero una parte de sí mismo lo sentía por Jacobs. No recordaba que hubiera dado problemas antes y era una lástima que no pudiera graduarse, pero Davenport estuvo a punto de perder mucho más cuando se estrelló contra el suelo. Y estaba Warrington, claro, caminando a su lado, más hosco que nunca y silencioso. Extremadamente silencioso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué te pasa? –Inquirió Neville, harto de la actitud de su compañero y amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Absolutamente nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Vamos, Cassius! –Neville bufó. Odiaba cuando el hombre se cerraba en banda, le costaba un mundo comprenderlo -¿Es por Jacobs? Déjame adivinar. La expulsión te parece injusta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cassius alzó una ceja, sin detenerse en su camino y sin mostrar ninguna intención de seguirle la conversación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-McGonagall se ha ajustado al reglamento. Nadie puede acusarla de imparcialidad. Ese chico pudo haber matado a Davenport. Lo hubieran expulsado de todas formas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es evidente que el castigo es completamente legal –Cassius torció el gesto –Un Gryffindor es incapaz de incumplir las normas. ¿No es cierto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No deberías llevarlo todo a la rivalidad entre casas. Ignoro lo que pasó por la mente de ese chico cuando hizo lo que hizo, pero...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tú mismo lo has dicho, Neville. No sabes lo que impulsó a Jacobs a atacar a tu Gryffindor. Ese es el problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neville se quedó parada y, aunque resultara extraño, Cassius también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué crees tú que le pasó por la cabeza? Porque lo que hizo no tiene justificación alguna y lo sabes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No trato de justificar a nadie, pero no des por hecho que Davenport es completamente inocente en esto. Tú no jugaste al quidditch cuando eras estudiante, pero yo sí. Te aseguro que algunas de las cosas que se dicen ahí arriba hacen perder los nervios a cualquiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Recuerdo que solíais ser vosotros los encargados de hostigar a vuestros rivales. ¿No te acuerdas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Las cosas han cambiado mucho. Y, ahora, el hostigamiento va más allá del campo de juego. –Cassius suspiró y se cruzó de brazos –Tú tienes a Jacobs y a Davenport en tus clases. ¿No has notado nada extraño?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Extraño? Se llevaban a matar, pero eso no es algo extraño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cassius sonrió con tristeza y sacó un cigarrillo de su túnica, a pesar de saber que no debía hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Uno de los tíos de Davenport era auror. El padre de Jacobs lo mató en la guerra. Jacobs murió la semana pasada, en su celda de Azkaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neville se tensó, claramente interesado. No tenía ni idea de aquello, pero Cassius parecía haberse tomado muchas molestias en investigar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ayer, en mi clase de Pociones, tu Gryffindor se rió abiertamente de la muerte del padre de Jacobs –Cassius apretó los dientes. Una parte de Neville compartió su ira; la otra se debatía entre entristecerse y permanecer indiferente –Y ese tipo fue un gran hijo de puta, Neville, te lo aseguro, pero Samuel Jacobs sólo tenía siete años en la guerra. Desde que pisó Hogwarts por primera vez, Davenport fue a por él. Tú sabes que se han pasado todo este tiempo discutiendo. Yo he oído a Davenport acusar a Jacobs de ser un mortífago, a pesar de que nunca haya hecho ni un solo comentario sobre la guerra. Ni siquiera sobre su padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neville suspiró. Era injusto, muy injusto, pero era lo que había y ninguno de los dos podía hacer nada para cambiarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Minerva va a hablar personalmente con el director de Durmstrang. El año que viene podrá terminar sus estudios. Le irá bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cassius cabeceó imperceptiblemente y continuó su camino. Parecía estar extrañamente cansado y, ahora sí, Neville lo sintió por el joven Jacobs, que había sido encontrado culpable aún antes de hacer nada, como tantos otros chicos de Slytherin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Escucha, Cassius. Siento todo esto. Deberíamos poder pasar página y seguir adelante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No es fácil pasar página –Cassius sonrió de nuevo, aunque esa vez no había tristeza. Sólo fraternidad y complicidad –Tú sólo asegúrate de que Francis no sea un capullo como el resto de tus Gryffindors –Neville le acompañó en su sonrisa -¡Oh, perdona! Francis irá a Hufflepuff. Es patético, pero al menos no tendrás que preocuparte. Será un blandengue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neville rió suavemente y palmeó la espalda de su amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No sé por qué consideras tan terrible que vaya a Hufflepuff. Yo creo que Frank estaría muy bien ahí. Y no es un blandengue. Eres tú, que lo tienes aterrorizado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Claro! ¡El Slytherin siempre tiene la culpa! ¿Ves a lo que me refiero?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa vez rieron con más ganas. Era una pena lo de Jacobs, pero ya no se podía hacer nada por él. Al menos, tanto Neville como Cassius esperaban ser capaces de ayudar al siguiente chico. La guerra ya había terminado. El odio debía desaparecer también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:21087</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/21087.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=21087"/>
    <title>Estoy de vuelta!</title>
    <published>2008-04-06T14:44:27Z</published>
    <updated>2008-04-06T14:44:27Z</updated>
    <category term="pecados"/>
    <category term="robin hood (bbc)"/>
    <category term="retos_a_la_carta"/>
    <lj:music>"Killing me" - Robin Williams</lj:music>
    <content type="html">Puff! ¡Cuánto tiempo sin dejarme caer por aquí! Me da muchísima pereza trabajar con el LJ, así que tengo un montón de vicios y retos atrasados por ahí. Esta tarde toca aprovechar, que me ha pillado con ganas y no tengo nada mejor que hacer :)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para empezar, el resto de retos de la tabla de pecados de la comunidad &lt;b&gt;Retos a la Carta&lt;/b&gt; Espero que os gusten.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;TABLA&lt;/b&gt; Pecados Capitales.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;FANDOM&lt;/b&gt; Robin Hood (BBC).&lt;br /&gt;&lt;b&gt;PERSONAJE &lt;/b&gt; Varios.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;TEMA&lt;/b&gt; 2-Gula.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;ADVERTENCIA&lt;/b&gt; Contiene Spoilers de las dos primeras temporadas. Leer con precaución.&lt;br /&gt;Much es capaz de hacer cualquier cosa por Robin. Incluso dejar de comer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día, cuando Much tenía cinco años, su madre lo había cogido de la mano y lo había llevado a la habitación principal de la mansión Locksley. Much, que había pasado su corta vida entre los fogones de la cocina que su madre manejaba con maestría, se había quedado perplejo ante tanta magnificencia y elegancia, sabedor de que aquellas cosas nunca estarían a su alcance. Su madre lo había acercado hasta una cuna de sábanas blancas y le había mostrado la cabeza peluda de un bebé recién nacido. “Él es Robin, el futuro señor de Locksley. A partir de ahora, y para siempre,  estás a su servicio”, le había dicho la mujer con su voz grave y sus ademanes bruscos, logrando que aquellas palabras quedaran grabadas a fuego en la pequeña cabeza del pequeño y desgarbado Much.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Much, que había nacido siendo siervo, y que a pesar de ello no moriría siéndolo, había hecho de esas palabras de su madre una auténtica Biblia. Desde niño se había encargado de que a Robin no le faltara de nada. Le había seguido hasta el fin del mundo, siendo partícipe de toda clase de travesuras y locuras, y saliendo muy mal parado en algunas ocasiones. Le había respetado, obedecido y protegido todo el tiempo, descubriendo que Robin no era como la mayoría de los amos, sorprendiéndose cuando comprendió que entre ambos podía existir algo parecido a la amistad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Much, que siempre había estado encantado de ser un siervo y de estar al servicio de Robin, se había asegurado de aprender lo suficiente para no tener que separarse de él nunca. Se le daban tan bien las tareas domésticas como las características de un campo de batalla. Era un espléndido cocinero y podía hacer remiendos bastante aceptables en toda clase de ropajes. También era un buen arquero y un tipo bastante hábil con la espada. Lo suficiente como para seguir a Robin al mismísimo infierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para Much, Robin de Locksley era el prototipo del perfecto caballero. No sólo porque su origen fuera noble, sus ropajes caros y sus modales distinguidos. Robin era todo eso, y además era un hombre justo. Much lo respetaba y apreciaba, y Robin se encargaba de demostrar que el sentimiento era mutuo. Incluso en Tierra Santa, donde cada minuto de vida podía ser el último. Donde la sangre corría por las tierras ardientes del desierto y las imágenes de dantesco e inmisericorde horror se sucedían sin dar un minuto de respiro. Había sido allí donde Much había descubierto el verdadero significado del miedo y del valor. Donde había llegado a desear la muerte para acabar con todo el sufrimiento que debían soportar él y los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había visto a Robin matar sin piedad. Él había matado sin piedad, y lo habían hecho por una causa que consideraban justa. La causa del Rey Ricardo. Pero Robin ya se había cansado de seguir luchando. Aunque nunca lo había dicho abiertamente, el peso sobre sus hombros era cada vez mayor y el cansancio hacía mella en él. Y, a pesar de que Much podría haberse quedado allí otros cinco años más de ser necesario, le alegró saber que regresarían a casa. A un hogar en el que Robin lo haría libre y le otorgaría un pequeño terreno que suponía más de lo que hubiera podido soñar jamás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Much regresó a Inglaterra encantado. Había pasado por multitud de penurias y se imaginaba un futuro compensador. Robin viviría tranquilo cuidando de sus propiedades. Quizá, si tenía un poco de suerte encontraría a aquella bella dama que, años atrás, le había robado el corazón. Y, en cuanto a él, podría descansar. No echaría de menos su espada y su yelmo. Anhelaba la vida tranquila, el poder sentarse junto al  fuego en una fría noche de invierno, con un plato de carne asada al lado y con el sonido de la lluvia como único sonido. Much, que era un hombre pequeño, no necesitaba más cosas para ser feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un hombre pequeño que había crecido. Había compartido juegos con Robin, largos entrenamientos con los maestros más inflexivos y duros años de guerra. Había pasado sueño, frío, miedo y hambre. Sobretodo hambre porque, aunque sonara ridículo, esa era una de las cosas más insoportables para él. El hambre. El hambre que le volvía loco y lo debilitaba hasta límites insospechados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Much, que había sido hijo de una buena cocinera y se había convertido en un digno sucesor de su madre, era también un comilón empedernido. Desgraciadamente, ni los siervos ni los soldados que se dejaban la piel en Tierra Santa tenían muchas ocasiones de saciar su gula. Pero Much sabía que una vez en Inglaterra, ese problema desaparecería para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O eso esperaba, porque los últimos acontecimientos no eran muy agoreros. Y todo por culpa de Robin y ese sentido de la justicia que tanto admiró en otro tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras el conejo se asaba sobre el fuego, Much lo observaba fijamente, extrañadamente silencioso, intentando averiguar en que momento había pasado de ser un soldado a ser un hombre libre, y de ser un hombre libre a convertirse en fugitivo de la justicia. Había sido por Robin, sin duda. Por seguirlo al fin del mundo, incluso cuando no estaba en la obligación de hacerlo. Sólo esperaba que todo saliera bien. Porque había pasado demasiado tiempo soñando con ternera y cordero y su estómago no se conformaría con conejo diminuto a compartir con otros tres. Él no había vuelto a Inglaterra para eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;TABLA&lt;/b&gt; Pecados Capitales.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;FANDOM&lt;/b&gt; Robin Hood (BBC).&lt;br /&gt;&lt;b&gt;PERSONAJE &lt;/b&gt; Varios.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;TEMA&lt;/b&gt; 3-Lujuria.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;ADVERTENCIA&lt;/b&gt; Contiene Spoilers de las dos primeras temporadas. Leer con precaución.&lt;br /&gt;Will no solía pensar en mujeres hasta que vio a Djaq desnuda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;William Scarlett era joven, muy joven, cuando tuvo que dejar su apacible vida de aldeano para convertirse en un proscrito. No es que hubiese tenido mucha opción: huir o morir ahorcado. Para una persona tan joven como él –para cualquier persona, en realidad- la primera opción era la más sensata, así que Will se había ido para, posteriormente, convertirse en uno de los hombres de Robin Hood. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Will le gustaba la vida en el bosque. Se sentía libre y, para qué negarlo, le divertía robar a todos aquellos ricachones orgullos que sonreían de medio lado mientras la gente moría a su alrededor. Estar junto a Robin le llenaba de satisfacción, y contar con la gratitud de la gente era el premio perfecto para todo su sacrificio. No obstante, había algo que le atormentaba. Algo que atormentaría a cualquier chico joven y sano como él. Incluso a hombres mucho más mayores y con menos vitalidad juvenil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las mujeres. No es que Will hablara mucho sobre ello con nadie, pero echaba de menos a las mujeres. Un par de revolcones con la rechonchota Maggie en el granero de su padre habían sido más que satisfactorios durante un tiempo, pero la vida en el bosque era dura. Muy dura. Y ni Will ni ninguno de los otros tenían demasiadas ocasiones para desahogarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizá por eso, aquel día fue extraño y especial para Will. Djaq, el impetuoso chico sarraceno, llevaba muy poco tiempo en el campamento. Will lo había encontrado bastante guapo –lo que ya era un poco raro de por sí- y después había descubierto que era una mujer. Y eso fue más de lo que su cuerpo y su mente pudieron soportar. Porque, aunque después de aquel día Will Scarlett descubrió muchas cosas de la impetuosa chica sarracena, lo que recordaba por las noches eran sus formas femeninas y su mirada repleta de furia cuando se supo descubierta. Will, para su inmensa vergüenza, había soñado muchas veces con ella. Nadie podía culparle. Era joven, las mujeres estaban muy lejos de su alcance y los recuerdos de Maggie sólo servían para convertirlo en un preso atrapado por la lujuria más enfermiza. Porque Djaq era su compañera de batallas y él no podía verla de la forma en que la veía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después, aprendió a apreciar a Djaq por muchos otros motivos. Le encantaba verla luchar como un hombre, pero sin perder jamás su feminidad. A pesar de su voz y su acento, Will se descubrió a sí mismo pensando en Djaq más allá del mero deseo que le inundó los primeros días. Le gustaba hablar con ella, compartir peleas y risas, y soñar con un futuro mejor para todos. El día que el Sheriff la capturó, cuando Robin estuvo a punto de negarse a ir a por ella, se sintió furioso con el mundo por arrebatársela, y cuando la recuperó supo que, definitivamente, estaba enamorado de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Will Scarlett era joven y muy tímido. Un hombre de pocas palabras. Quizá sus miradas decían mucho más que sus labios. Djaq no era tonta. Había captado alguna fugaz y disimulada caricia, pero únicamente comprendió que Will la veía de forma diferente el día en que se puso aquel vestido. Ella, que se sintió tonta e incómoda, casi salta de alegría cuando Will se quedó muy quieto, observándola detenidamente con esos ojos oscuros y una especie de pequeña sonrisa satisfecha en el rostro. Fue Allan, cómo no, el que expresó los pensamientos de Will animándola a ponerse vestido más a menudo, pero para Djaq fue suficiente. Porque, quizá, a Will no le importaba demasiado que ella vistiera y actuara como un hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Will había visto a Djaq desnuda, había compartido un mundo con ella, pero sólo se dio cuenta de que era una mujer de verdad cuando la vio con el vestido. Y era algo muy estúpido, porque de sobra sabía él quién era ella, pero el vestido significó para él más de lo que pudiera parecer. Le gustó. ¡Por supuesto que le gustó! El color dorado dotaba de un brillo especial a la fina y bronceada piel de Djaq, y el ajustado corpiño marcaba sus formas femeninas como nunca antes nada lo había hecho. Will debería haber estado ciego y sordo para no darse cuenta de que Djaq estaba preciosa, pero no le gustó por eso. Le gustó porque ese día fue plenamente consciente de que a él no le importaba qué ropa usara Djaq, ni si prefería la espada a las cocinas. Ese día Will se dio cuenta de que deseaba y quería a Djaq tal y como era, y eso le dio pie a imaginar un algo que, tal vez, nunca tendría. Afortunadamente, por el momento podía conformarse con soñar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;TABLA&lt;/b&gt; Pecados Capitales.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;FANDOM&lt;/b&gt; Robin Hood (BBC).&lt;br /&gt;&lt;b&gt;PERSONAJE &lt;/b&gt; Varios.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;TEMA&lt;/b&gt; 4-Envidia.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;ADVERTENCIA&lt;/b&gt; Contiene Spoilers de las dos primeras temporadas. Leer con precaución.&lt;br /&gt;No hay nada que Marian añore más que la libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid3"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Marian se sorprendió cuando su corazón golpeteó con fuerza dentro de su pecho. Realmente no había esperado que Robin de Locksley provocara en ella una emoción semejante. No después de tantos años de distanciamiento y tras descubrir la arrogancia y la estupidez de su amor de juventud. Se sintió molesta al comprobar que un simple guiño fue capaz de ruborizarla y se dio media vuelta con aire altivo, enfilando los pasillos del castillo de Nottingham con decisión, ansiosa por salir de allí antes de que el Sheriff comenzara a despotricar después de los últimos acontecimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marian estaba enfadada con Robin Hood. Tenía miles de motivos para estarlo, pero el principal era su forma de ponerse en evidencia delante de todo el mundo. Una vez más, había actuado con el corazón en lugar de con la cabeza, y eso sólo traería nefastas para él. Su padre y ella misma, habían tratado de advertirle. Había muchas formas de luchar contra el Sheriff, la mayoría de ellas lejos de los bosques y de la vida de un proscrito. Desgraciadamente, Robin nunca había sido famoso por escuchar los consejos de los demás, y había expresado la opinión que tenía del Sheriff ante todo el mundo, a pesar de las consecuencias negativas que supondría. Para él y, Marian debía admitirlo, también para ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es que no considerara sus acciones justas y valientes. Lo eran, y mucho, pero también eran irreverentemente estúpidas. Como el mismo Robin. Marian no pudo evitar odiarlo por echarlo todo a perder en cuestión de horas. Hubiera sido mucho más fácil para él regresar a Locksley y llevar la vida de noble ocioso que se había ganado con creces en Tierra Santa. Pero no. Robin era un justiciero. Lo había sido desde niño, y no pudo dejar morir a aquellos hombres. No había podido tolerar una ejecución injusta, y ahora su cabeza tenía un precio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para Marian, que tantas veces soñó con el reencuentro con Robin, aquello supuso una sonora bofetada para dichos sueños. Después de tantos años alejada de Robin, creyó que al fin podrían estar juntos. Pensaba hacerse la difícil durante un tiempo, por supuesto. Él lo merecía por haberla abandonado, pero aún sentía muchas cosas por él y no iba a resistirse eternamente. Pero Robin lo estropeó todo, como siempre. Ahora debía estar en el bosque de Sherwood, sentado junto a una gran fogata, contemplando el cielo y aspirando el aroma de algún conejo asado. Libre –por el momento-, orgulloso y rodeado de hombres que le debían algo más que la vida. Y, para su inmensa vergüenza, Marian no podía evitar envidiarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque si había una cosa que Marian añoraba era la libertad. No la clase de libertad de la que disfrutaba en esos días, con su vida de dama de alta cuna. La libertad que tenía Robin. La libertad para hacer lo que quisiera y cuando quisiera, y que todo le saliera bien por muy mal que le fueran las cosas. Esa libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella misma había iniciado algo muy parecido a lo que Robin hacía, sólo que desde la sombras. Llevaba meses ayudando clandestinamente a la gente, oculta tras una máscara y una capa, alimentando a campesinos y luchando contra el Sheriff con las escasas armas de las que disponía. Se había ganado el afecto de los aldeanos, pero no contaba con ninguna clase de reconocimiento. Y no es que le importara realmente. Era importante que su identidad permaneciera oculta para todo el mundo, la única forma de mantenerse a salvo. Le llenaba de orgullo escuchar cómo la gente hablaba con cariño de ella, y ahora tenía un competidor desvergonzado que siempre actuaba a cara descubierta. Robin Hood, antiguo señor de Locksley y héroe de Las Cruzadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con semejantes titulaciones, Marian no podía evitar odiarlo. Era el suyo un odio tildado de amor, eso sí, y también de algo de admiración y fascinación. Porque Robin era realmente bueno haciendo lo que hacía. Como señor de sus tierras, como soldado al servicio del Rey Ricardo o como ladrón y forajido. Robin era la clase de hombre que todo lo hacía a lo grande y, por el momento, la fortuna le sonreía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Marian le alegraba saberlo. Le alegraba saber que alguien no tenía miedo de luchar abiertamente contra el Sheriff, animando a otros a hacerlo también, y le dolía saber que, por eso, ahora era un perseguido. Su cabeza tenía un precio y Robin no lo merecía. A pesar de todo, no lo merecía. Él había luchado con lealtad en Tierra Santa durante cinco años. Marian podía ver que había perdido muchas cosas allí. Un trozo de su alma, quizá. El resto de su maltrecho espíritu merecía una paz que nunca tendría, y Marian ansiaba poder ayudarlo a recuperar su vida. Por Robin y por ella misma. Porque ella también necesitaba luchar y cumplir sus sueños. Porque estaba cansada de tanta injusticia y, como Robin había dicho, no iba a tolerarlo más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;TABLA&lt;/b&gt; Pecados Capitales.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;FANDOM&lt;/b&gt; Robin Hood (BBC).&lt;br /&gt;&lt;b&gt;PERSONAJE &lt;/b&gt; Varios.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;TEMA&lt;/b&gt; 5-Codicia.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;ADVERTENCIA&lt;/b&gt; Contiene Spoilers de las dos primeras temporadas. Leer con precaución.&lt;br /&gt;“Robar a los ricos para dárselo a los pobres”. Bonitas palabras que pierden su significado para aquel que no tiene nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid4"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Allan metió en su bolsa de cuero la última moneda de plata y suspiró profundamente, apoyándose en el asiento de la silla con aire cansado. Las palabras de Robin resonaban en su cabeza una y otra vez, atormentándole aunque hiciera un esfuerzo sobrehumano para borrarlas de una vez. “Yo no podría mirarme a la cara por las mañanas””, le había dicho él, y Allan había respondido que, por las mañanas, contaba su dinero. Y realmente tenía mucho dinero que contar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gisborne podía tener cientos de defectos, pero era un hombre generoso con los más cercanos a él. No es que Allan se fiara ciegamente de él, no era tan estúpido, pero hasta ese momento había cumplido su palabra. Pagó bien sus servicios como espía mientras duraron, y ahora lo había convertido en su mano derecha. A Allan le agradaba la sensación de poder que eso le confería. Se veía imponente con su traje negro, caminando junto al Sheriff de Nottingham y Guy de Gisborne, los hombres más temidos del condado. En cierta forma le agradaba que la gente lo mirara con temor. Caminar por las calles de la ciudad con paso seguro, observando como todos se apartaban a su paso, le hacía creer que había conseguido salir de la oscuridad para convertirse en alguien influyente, en alguien que tenía algo que decir. Era una sensación diferente aquella, extraña y totalmente desconocida para él que siempre había vivido en el otro lado, el de los perseguidos y maltratados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era fácil para Allan olvidar sus orígenes. Recordaba los lejanos años de su infancia en casa de su padre, junto a Tom y los otros chicos. Años en los que aprendió que el robo podía ser un arte si se utilizaban las armas adecuadas, y en los que vivió en carne propia lo que eran la injusticia y el miedo a un futuro incierto. Cuando Allan caminaba tras el Sheriff por las calles de Nottingham y llegaban a la plaza central, no podía evitar recordar a Tom y odiar al hombre que ordenó su ejecución. En esos momentos le resultaba difícil controlar su furia, y en más de una ocasión se descubrió a sí mismo tenso, listo para un ataque que, afortunadamente, nunca llegó. La muerte de su hermano fue dura y cruel, y Allan se sentía miserable paseando junto a los hombres que lo habían matado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tom y él siempre fueron muy parecidos. Su padre los instruyó sabiamente para ser dos supervivientes, y ambos eran maestros mentirosos y hábiles ladrones. Raramente honestos e inevitablemente traicioneros, pero buenos hombres. En el fondo y a su manera. Tom, el dicharachero e inconsciente Tom, su poco reflexivo y alocado hermano, había sido capaz de robarle a él y dejarlo solo y abandonado. Durante mucho tiempo, Allan había sido incapaz de perdonarle eso. No es que no lo hubiera hecho antes. Ambos trabajaron juntos como timadores, y ninguno de los dos respetó código de honor alguno. Se engañaban el uno al otro si era necesario. Durante años, su relación fue un constante tira y afloja, hasta que Tom venció y huyó llevándose su caballo y todas sus posesiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allan se sintió furioso, por supuesto. Quizá no tanto con Tom por haberle timado, como con él mismo por habérselo permitido. Siempre fue el más inteligente de los dos. Tom era hábil, pero él casi siempre era la cabeza pensante. Hasta que Tom decidió que podía seguir solo y Allan se dio cuenta de que ya no se necesitaban el uno al otro. Aunque había pasado muchos años pensando que Tom precisaba que alguien estuviera ahí para cuidarle, la realidad se mostró diferente y él se vio en la obligación de aceptarla y vagar por los caminos solitario, en busca de alguna buena pieza de caza o algún incauto al que sisar unas monedas de insignificante valor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que un día Robin Hood apareció en su vida para salvarla. En todos los sentidos. Robin Hood, un hombre valiente, de alma marcada y fuertes convicciones que le hizo ver que él podía hacer algo más que sobrevivir a cambio de nada. Un hombre que le convenció de que él podía cambiar, que le ayudó a ser menos egoísta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Robar a los ricos para dárselo a los pobres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Allan le había gustado al principio. Robar siempre le había divertido, pero hacerlo con estilo era infinitamente mejor. Y Robin Hood tenía mucho estilo, todos en Nottingham lo sabían. Lo había demostrado el día que lo liberó de la horca, mientras sus pulmones se vaciaban de aire y su cabeza estallaba y le volvía loco. Había escuchado claramente el siseo de las flechas rompiendo el aire, y había caído al suelo para ver a Robin luchar contra los guardias del Sheriff y salir bien parado de aquella locura. Fueron múltiples las ocasiones en que Robin dejó al descubierto su gran valía como guerrero y ser humano, incluso cuando lo descubrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allan se puso en pie y con pasos lentos, vacilantes, se acercó al único espejo que tenía en su cuarto. Su reflejo le dedicó una triste sonrisa que no pudo soportar durante mucho tiempo. Si Gisborne no hubiera aparecido en su vida, posiblemente él seguiría con Robin, en los bosques. Huyendo y malviviendo, pero con su dignidad intacta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si Guy de Gisborne no hubiera entrado aquel día en la taberna. Si no le hubiera apresado y torturado. Si no le hubiera ofrecido dinero a cambio de la información privilegiada que Allan tenía en su poder...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio, fue fácil. Después de todo, él se cuidó mucho de no mencionar a Marian o el lugar en el que tenían el campamento. Allan solía decirse a sí mismo que no había sido para tanto. Un par de planes que no salieron del todo bien. Ningún herido o perjudicado directo, y un montón de monedas de oro tintineando en su cinto. Sólo tenía que dar unos datos que contentarían a Gisborne, pero no pondrían en un peligro real a Robin. Sólo necesitó medir sus palabras, y durante un tiempo todo salió bien. Hasta que se cansó de sentirse constantemente atrapado y decidió que prefería el bosque al dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Iba a cambiar. Había cambiado, pero Robin lo descubrió en el peor momento posible, justo cuando estaba a punto de poner fin a esa locura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sabía muy bien qué clase de miedo sintió cuando Robin surgió de las sombras y le puso un puñal en el cuello. En cierta forma, y por más furioso que hubiera estado, Allan sabía que Robin Hood nunca lo habría matado. No en ese momento. Le dio la oportunidad de hablar, de explicarse, y Allan lo hizo lo mejor que supo, pero no fue suficiente. No para Robin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allan sabía que el perdón no era algo sencillo de lograr. No cuando tantos hombres habían muerto luchando por la causa que Robin defendía. Allan sabía que Robin podía ser un hombre justo, pero poco dispuesto a mostrarse clemente con aquellos que le traicionaban. A él y a sus seres queridos. Y eso era precisamente lo que Allan había hecho. Por más que no mencionara a Marian ni al campamento, por más inocente que hubiera sido dicha traición, Robin no le daría una nueva oportunidad. Y, aunque Allan era consciente de ello, el dolor que sintió fue igual de grande que si no lo hubiese sabido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los peores momentos, cuando Allan A. Dale no podía mirarse al espejo y contar su dinero no le confería consuelo alguno, optaba por culpar a Gisborne de su desdicha. Antes lo intentó con Robin Hood, pero sabía positivamente que él había actuado como debía. Incluso le había ofrecido la oportunidad de confesar antes de tenderle una trampa y alejarlo de la vida que, a pesar de todo, más satisfacciones le había proporcionado. Allan culpaba a Gisborne, mientras una parte de su conciencia le espetaba a voz en grito que él también era responsable de su soledad y sus remordimientos. Su codicia le había perdido, posiblemente de manera irremediable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allan había crecido para ser un ladrón. Hubo un tiempo en el que se rebeló contra eso y, junto a Robin, pensó que el futuro le deparaba algo diferente. Pero él, un hombre que veía pasar dinero –mucho dinero- ante sus ojos, un hombre que constantemente se veía tentado a olvidar dicho futuro, no lo había resistido. Robar a los ricos para dárselo a los pobres era un objetivo noble. Las palabras sonaban bonitas mientras Robin las pronunciaba, pero hubo un momento en que dejaron de tener sentido para él. El momento en que se dio cuenta de que él no tenía nada, y  una fortuna al alcance de su mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allan se dejó llevar por la codicia, y se arrepentía muchas veces. Pero ya no había vuelta tras. Por más avergonzado que estuviera de sí mismo, de sus acciones y traiciones, ahora era un hombre de Gisborne y, como tal, debía vivir. Aunque le costara un esfuerzo sobrehumano hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;TABLA&lt;/b&gt; Pecados Capitales.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;FANDOM&lt;/b&gt; Robin Hood (BBC).&lt;br /&gt;&lt;b&gt;PERSONAJE &lt;/b&gt; Varios.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;TEMA&lt;/b&gt; 6-Orgullo.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;ADVERTENCIA&lt;/b&gt; Contiene Spoilers de las dos primeras temporadas. Leer con precaución.&lt;br /&gt;Robin no quiere creer que lo que ha pasado sea culpa suya. Pero lo cree.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid5"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Hace calor. En el desierto siempre hace calor, y Robin de Locksley lo sabe por experiencia. Faltan muy pocos kilómetros para llegar al puerto, un par de horas más de camino tal vez, y unas cuantas semanas para ver tierras británicas de nuevo. La comitiva avanza con paso lento pero seguro, y es Much el encargado de inundar el ambiente triste con su voz. Como siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Robin, sin embargo, no le escucha. Su mente y su corazón se han quedado atrás, en una tumba cavada en medio de la nada. Lleva días procurando no pensar en ello, pero le resulta inevitable. La muerte de Marian -¡Oh, Dios, cómo duele recordarlo! –hace que su interior explote en un torbellino de emociones encontradas: tristeza, desamparo, furia, ansias de venganza. En silencio, ha rumiado su odio contra Guy de Gisborne, el hombre que traicionó al Rey e Inglaterra. El hombre que, ante todo, le arrebató a Marian de la forma más cruel posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Robin se detiene un instante, incapaz de dar un paso más. De pronto, se ha quedado sin fuerzas. El discurso de Much cesa y siente una  mano amiga posarse en su hombro. Robin cierra los ojos, intentando controlarse. Siente que está a punto de explotar. Alguien, posiblemente John, le pregunta si se encuentra bien, y otro alguien le hace beber algo de agua. Pero Robin no se encuentra mal. No físicamente, al menos. Se siente herido por dentro, moribundo, porque no es fácil asumir que, cuando vuelva a Inglaterra, Marian no estará allí, esperándolo y dándole fuerzas para seguir con su lucha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es demasiado para él. Robin logra incorporarse y fija sus ojos en el cielo. El sol brilla con fuerza, cegándole. Suspira profundamente, intentando recuperar el aire. Está tan furioso con todo y con todos, que no puede evitar rezar porque el destino le ponga frente a Gisborne y el Sheriff. Si en ese instante hubieran estado a su alcance, no habría tenido piedad. Hubiera olvidado la promesa de no matar a no ser que fuera imprescindible, y hubiera disfrutado arrebatándole la vida a los dos. Después de todo, ellos ya lo habían matado antes. Primero, arrebatándole su hogar y su nombre, y después a Marian.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Cómo la echaba de menos! Hubiera dado una vida por volver a tener un solo segundo más junto a ella y, sin embargo, debe contentarse pensando qué circunstancias les habían llevado a aquello. Y, aunque duela, Robin se sabe ciertamente responsable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si no se hubiera ido a la guerra. Si no hubiera regresado para jugar a ser el salvador de los pobres y desamparados. Si no hubiera permitido que Marian estuviera junto a Gisborne jamás. Si hubiera sido más rápido. Robin agita la cabeza. No quiere creer que lo que ha pasado sea culpa suya, pero lo cree. Porque, desgraciadamente, él no pudo –o no quiso- escucharla cuando ella le advirtió que no luchara abiertamente contra el Sheriff. Sin duda, todo hubiera sido más fácil de haber luchado desde la sombras, como tantos otros. Pero Robin se sabía orgulloso, soberbio, arrogante, y aunque una parte de sí mismo sí creía en sus palabras de libertad y justicia, otra actuaba movida por interés propio, en busca de reconocimiento y un nombre en los libros de historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora lo tendrá, sin duda, pero a un precio demasiado alto. La vida de Marian. No es justo. Él no ha luchado durante tanto tiempo para perderla. ¿Qué tendrá cuando todo terminara? ¿Quién estará a su lado? ¿Quién esperará su regreso, victorioso y en paz? Robin ha soñado desde siempre con que sea Marian esa persona que lo esperara, pero ahora... Agita de nuevo la cabeza, aparta a Much con un poco de brusquedad, y retoma su camino. No quiere hablar. No quiere tener que pensar en nada ni en nadie. Tendrá mucho tiempo para hacerlo, mientras planea su venganza y defiende Inglaterra hasta el regreso del Rey Ricardo. Eso le mantendrá ocupado y, cuando todo acabe, quizá pueda volver a soñar con Marian y creer en un futuro dichoso junto a ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;TABLA&lt;/b&gt; Pecados Capitales.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;FANDOM&lt;/b&gt; Robin Hood (BBC).&lt;br /&gt;&lt;b&gt;PERSONAJE &lt;/b&gt; Varios.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;TEMA&lt;/b&gt; 7-Pereza.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;ADVERTENCIA&lt;/b&gt; Contiene Spoilers de las dos primeras temporadas. Leer con precaución.&lt;br /&gt;Djaq también tiene derecho a descansar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid6"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Djaq agita elegantemente su espada, cortando el aire implacable y feroz. Un gruñido ronco surge de su garganta y ataca a un enemigo invisible, sabiéndose victoriosa. Lleva casi una hora apartada del resto del grupo, entrenándose para la batalla, y se siente agotada y frenética al mismo tiempo. A lo lejos, puede escuchar las voces graves de los hombres del campamento y, una vez más, le parece estar un poco apartada de ellos. Porque ella no es inglesa, ni cristiana. Ante todo, porque es una mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es que sea difícil convivir con ellos. No lo es en absoluto. Todos son buenos hombres y la tratan con un respeto que muy pocos le demostraron antes. La tratan como a un igual, como un miembro más de la banda, y eso significa que no existen ninguna clase de favoritismos por su condición de mujer. Y Djaq lo agradece enormemente, porque si algo le ha molestado siempre es que los demás le dijeran lo que podía o no podía hacer por el simple hecho de no haber nacido siendo un varón. Ella siempre se sintió capaz de hacer las mismas cosas que cualquier otro hombre, y lo ha demostrado con creces. Primero, en Tierra Santa. Después, en Inglaterra, donde llegó como un esclavo y terminó siendo una guerrera respetada y querida por los pobres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sueño de Robin. A veces le parece un poco absurdo. No es fácil cambiar las cosas, y Djaq sospecha que el mismísimo Robin lo sabe. Aún así, él lucha y ella está encantada de hacerlo a su lado. No ha encontrado a muchas personas como él, tan honradas –a pesar de ser un ladrón- y tan entregadas a la causa. En ciertos aspectos, lo admira y, ante todo, lo aprecia. De la misma forma que aprecia el carácter huraño de John, la eterna charla de Much, la aparente falta de moral de Allan y los largos silencios de Will Scarlett. Realmente hay muchas otras cosas de Will Scarlett que le gustan, pero no es momento de pensar en ello. No mientras entrena sin descanso en un lugar perdido del bosque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Djaq le gusta su vida. Es mejor que la vida en la guerra, o la vida de esclavo, pero algunas veces se siente muy cansada. A veces, recuerda sus días de ociosa alegría en su hogar de Tierra Santa, tomando dátiles junto a otras chicas de la casa y coqueteando con los hombres únicamente con el poder de su intensa y oscura mirada. A Djaq también le gustaba estar sin hacer nada. Tumbarse sobre suaves cojines durante horas y horas, vestir finas telas de seda y charlar sobre cosas sin importancia. Hace muchos años que no hace nada de eso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su nuevo mundo no hay tiempo para la pereza. La vida es una pelea constante en la que conviene estar siempre alerta por lo que pueda pasar. En raras ocasiones tiene la libertad de relajarse y disfrutar del aroma fresco y salvaje de la naturaleza o el sonido armonioso del bosque. Y le gustaría hacerlo. Tumbarse sobre un montón de hojas secas, escuchar su crujido y buscar trozos de cielo entre las copas de los árboles. Es una lástima no poder hacer todas esas cosas, sentirse unida al hogar que ha encontrado en el bosque, verlo como algo más que un escondrijo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Djaq agita la cabeza y deja caer los brazos. Está cansada. Supone que Much ha debido cocinar algo y siente que tiene hambre, así que ha llegado la hora de volver al campamento y a su rutina. Sí. Echa de menos la vida tranquila de su infancia, cuando era una delicada joven con sueños y aspiraciones, pero no cambiaría su vida de guerrera por nada en el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:20933</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/20933.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=20933"/>
    <title>PRIMER PECADO CAPITAL: IRA</title>
    <published>2008-03-19T23:05:13Z</published>
    <updated>2008-03-19T23:08:49Z</updated>
    <category term="pecados"/>
    <category term="robin hood (bbc)"/>
    <category term="john little"/>
    <category term="retos_a_la_carta"/>
    <content type="html">&lt;p align="left"&gt;Hace un segundo he colgado la tabla. Ahora publico el primer pecado. Aquí lo dejo :) &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="ljcut" text="Ira"&gt;&amp;nbsp;&lt;font style="BACKGROUND-COLOR: #d2d2d2"&gt;&amp;lt;lj-cut text="Ira"&amp;gt;&lt;/font&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;FUERA DE LA LEY &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;DISCLAIMER: Los personajes que aparecen en la siguiente historia no me pertenecen. En este caso, la BBC es la que se lleva los beneficios. &lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Conjunto de siete viñetas para la comunidad “Retos a la carta”&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;TABLA:&lt;/strong&gt; Pecados. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;FANDOM:&lt;/strong&gt; Robin Hood – BBC. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PERSONAJE:&lt;/strong&gt; Varios. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;TEMA 1:&lt;/strong&gt; Ira. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;ADVERTENCIA:&lt;/strong&gt; Contiene spoilers de las dos primeras temporadas. Leer con precaución. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PALABRAS:&lt;/strong&gt; 752. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;RESUMEN:&lt;/strong&gt; John Little es un hombre muerto con una familia a la que cuidar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PECADO 1 – IRA&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;John Little &lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Alguien a quien amar &lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;John alzó una mano en señal de despedida. Un sabor amargo inundó su garganta mientras veía alejarse el carro. Sabía que pasaría mucho tiempo antes de que pudiera volver a Alice o al niño –si es que volvía a verlos- y eso dolía como muy pocas cosas en el mundo. Más que la vida salvaje del bosque, los años de soledad y las heridas de batallas pasadas que plagaban su cuerpo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es distancia lo único que existirá entre su familia y él a partir de ese día. Cuando se fue de la aldea, abandonando a Alice y a la vida del viejo John Little, una parte de su corazón conservó la esperanza de reencontrarse con ella algún día. Durante años, confió en poder volver a casa para hacerse escuchar por Alice. Se convenció a sí mismo de que ella le escucharía y le entendería, y ese pensamiento fue un hilo conector entre su cordura y su vida de forajido. Pero, ahora, sabía que Alice no volvería a estar junto a él. No como John quería tenerla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El reencuentro con la mujer y su pasado fue agridulce. Dulce por volver a ver su bello rostro y escuchar su dulce voz. Amargo por las circunstancias y porque supo que Alice había encontrado otra persona con la que unir su existencia y compartir planes de futuro. A pesar de sentirse celoso, furioso, John podía entenderla. Siempre supo que ella no esperaría eternamente, y saber que contaba con alguien capaz de defenderla y protegerla era el mejor consuelo para un corazón que, con los años, se había endurecido, pero que seguía latiendo con fuerza a pesar de todo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;John también conoció entonces al hijo de Alice. Su hijo. En la aldea le llamaban Pequeño John en recuerdo a un padre que él creía muerto. El gran John jamás se había sentido tan orgulloso de nadie, jamás había sentido que su existencia realmente sirvió para algo en algún momento hasta que no lo vio a él. Lo supo despierto, inteligente, y la sensación de inmensa calidez que invadió su pecho casi lo abrasa por dentro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cierta forma, aquel niño era el principal responsable de la vida que llevaba ahora. Por él decidió abandonar su vida de hombre muerto y unirse a Robin Hood. No la gratitud que sintió cuando salvó a Alice de las garras del Sheriff, ni el saber que aquel hombre de rostro aniñado y mirada pícara tenía razón en lo que decía. No. Él podría haber seguido viviendo en los bosques como un vulgar ladrón, obteniendo a penas una cuantas monedas y malviviendo entre gente que rara vez lo respetaba porque ya eran incapaces de respetarse a sí mismo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No. No fue por eso. Fue por el pequeño John. Porque la primera vez que habló con él tuvo el convencimiento de que él merecía crecer en un mundo mejor que aquel que tenían en esos días. Porque John se convirtió en su fuerza vital, su esperanza, su orgullo y en la principal persona a quién amar. Porque sólo John rompió las barreras que él había creado, muchos años atrás, cuando huyó y abandonó todo lo que tenía por algo que ya era incapaz de recordar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llevaron a John y a Alice al castillo, había sido incapaz de controlar su ira. La sintió subir desde las puntas de los pies y estallar en su cabeza, eclipsando cualquier capacidad de pensar sensatamente que aún pudiera conversar. No escuchó a Robin, no meditó ni planeó acciones para salvarlos. No. Sólo actuó, enérgico e implacable, capaz de enfrentarse a un ejército de asesinos con tal de ver a su hijo y a Alice a salvo. Poco importaban los golpes o el ser capturado. Ni siquiera la muerte, si con eso conseguía liberarlos. No. Para John sólo tuvo sentido que ellos estuvieran a salvo, porque ellos eran su mundo y porque si algo les ocurría él sería incapaz de seguir luchando. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de su insensatez, las cosas no salieron del todo mal. Rescató a su familia, Robin pudo poner en evidencia al Sheriff una vez más y él volvió a sentirse liberado. Feliz y orgullo. No había sido un mal balance, aunque ahora tuviera que observar la carreta de su familia mientras se alejaba rumbo a un lugar demasiado lejano para él. John bajó la mano y cerró los ojos un segundo, rezando por primera vez en años. Cualquier cosa era poca para conseguir que ellos estuvieran bien, aunque eso supusiera volver a estar solo.&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:20491</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/20491.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=20491"/>
    <title>TABLA NUEVA, FANDOM NUEVO</title>
    <published>2008-03-19T22:57:06Z</published>
    <updated>2008-04-06T14:48:21Z</updated>
    <category term="pecados"/>
    <category term="robin hood (bbc)"/>
    <category term="retos_a_la_carta"/>
    <lj:music>"Little Friend" -Nickelback</lj:music>
    <content type="html">Pues eso. Que he decidido volver a alejarme de Harry Potter -y también de Lost- y me he apuntado a una nueva tabla para la comunidad de &lt;strong&gt;Retos a la Carta&lt;/strong&gt;. Esta ver, escribiré sobre los siete pecados capitales, paseándome por el fandom de Robin Hood de la serie de la BBC. Y aunque la serie tenga sus puntos oscuros, es muy entretenida y divertida, y Allan A.Dale me pone -como diría cierto personaje bizarro de la radio -&lt;em&gt;becerrísima. &lt;/em&gt;Para ser más exactos, esos ojazos azules que tiene Joe Armstrong... ¡Aaaaaaayyyyyyy! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, que para ir tanteando el terreno, y mientras visualizo la serie entera -y en &lt;strong&gt;V.O.&lt;/strong&gt;- una vez más, os dejo la tabla de los pecados, esperando que os guste y que se os haga breve. Besazos :) &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;table cellspacing="2" cellpadding="1" width="70%" align="center" summary="" border="2"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;&lt;font size="2"&gt;&lt;a href="http://cris-snape.livejournal.com/20933.html#cutid1"&gt;1.- Ira&lt;/a&gt; &lt;/font&gt;&lt;/td&gt;&lt;td&gt;&lt;font size="2"&gt;&lt;a href="http://cris-snape.livejournal.com/21087.html#cutid1"&gt;2.- Gula&lt;/a&gt;&lt;/font&gt;&lt;/td&gt;&lt;td&gt;&lt;font size="2"&gt;&lt;a href="http://cris-snape.livejournal.com/21087.html#cutid2"&gt;3.- Lujuria&lt;/a&gt;&lt;/font&gt;&lt;/td&gt;&lt;td&gt;&lt;font size="2"&gt;&lt;a href="http://cris-snape.livejournal.com/21087.html#cutid3"&gt;4.- Envidia&lt;/a&gt;&lt;/font&gt;&lt;/td&gt;&lt;td&gt;&lt;font size="2"&gt;&lt;a href="http://cris-snape.livejournal.com/21087.html#cutid3"&gt;5.- Codicia&lt;/a&gt;&lt;/font&gt;&lt;/td&gt;&lt;td&gt;&lt;font size="2"&gt;&lt;a href="http://cris-snape.livejournal.com/21087.html#cutid5"&gt;6.- Orgullo&lt;/a&gt;&lt;/font&gt;&lt;/td&gt;&lt;td&gt;&lt;font size="2"&gt;&lt;a href="http://cris-snape.livejournal.com/21087.html#cutid5"&gt;7.- Pereza&lt;/a&gt;&lt;/font&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:20305</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/20305.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=20305"/>
    <title>Ahora Neville :)</title>
    <published>2008-03-15T18:40:13Z</published>
    <updated>2008-03-15T18:40:13Z</updated>
    <category term="30vicios"/>
    <category term="neville"/>
    <category term="hannah"/>
    <content type="html">&lt;b&gt;Fandom:&lt;/b&gt; Harry Potter&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Neville Longbottom&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; 21 - &lt;i&gt;Aguja&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un nuevo cuadro en el despacho del director&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;-Minerva. ¿Estás realmente segura de que quieres tenerlo ahí? Todo el mundo entendería que prescindiéramos del retrato. No es necesario. Además, a él ni siquiera le hubiera gustado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Fue director de Hogwarts, Filius. Merece tener un cuadro junto a los demás. Incluso aunque hubiera sido terrible. De hecho, con lo que sabemos ahora, podemos afirmar que no lo fue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Flitwick no terminó la frase. La mirada severa de la directora bastó para que el pequeño brujo guardara silencio. Con las mandíbulas y los puños apretados, eso sí, pero silencio al fin y al cabo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los miembros más antiguos del profesorado llevaban un rato discutiendo. Estaban reunidos en el despacho de McGonagall y, sobre la mesa, envuelto en un lienzo blanco, descansaba el retrato del hombre al que más miedo había tenido jamás. Neville observaba la escena desde la distancia, sabiendo que no era bueno intervenir, y convencido de que sus camaradas llegarían a un buen acuerdo antes de lo que pudiera imaginar. Minerva se estaba mostrando lo suficientemente vehemente para no admitir réplica alguna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Está bien. Serás tú quién tendrá que aguantarlo –Flitwick se cruzó de brazos y dio media vuelta. No es que no quisiera tener aquel retrato allí. Le pasaba lo mismo que a Neville: le parecía sumamente desagradable enfrentarse al rostro cetrino del antiguo director cada vez que Minerva quisiera hablar con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Creo que con los años aprendí a tratarlo, Filius. Pero gracias por mostrarte tan preocupado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sarcasmo fue evidente, aunque nadie se dio por enterado. Minerva caminó con decisión hacia la mesa, cogió el cuadro con ambas manos y dejó al descubierto el retrato de Severus Snape, que parpadeó y miró a su alrededor con desagrado. Nadie esperó una palabra amable. Viniendo de aquel hombre (aún cuando no fuese más que un dibujo) era como buscar una aguja en un pajar. Afortunadamente, el silencio acompañó a los profesores mientras Minerva levitaba el cuadro y lo devolvía a su lugar, junto al de Albus Dumbledore.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Ah, Severus! Me alegro de verte –Y el retrato de Albus atravesó el marco y se coló en el de Snape, que frunció el ceño y lo miró con desagrado, apartándose disimuladamente cuando éste le rodeó el hombro con los brazos -¿Cómo te encuentras?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Decepcionado –Snape se irguió y miró a Neville fijamente. A pesar de que el hombre había intentado pasar desapercibido, su temido ex-profesor de Pociones tenía poderes sobrehumanos para localizarlo –Es desagradable que hasta los más ineptos puedan jugar a ser profesores. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Curiosamente, Neville casi se sintió aliviado. Mostrando un aplomo que había logrado reunir con los años, le dedicó una sonrisa a Snape. Pretendía hacerle saber que él estaba allí y que no iba a marcharse por más desagradable que fuera. Ya no era un niño, y Snape lo notó así, pues alzó el mentón y no volvió a abrir la boca. Ni siquiera cuando los profesores se fueron y Neville se quedó retrasado. Intercambiaron una última mirada y el hombre casi vio respeto en los ojos negros del antiguo Slytherin. Y eso era algo que ni de lejos hubiera podido imaginar. Posiblemente, únicamente se lo había parecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; 30 - &lt;i&gt;Eternidad&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neville observa los féretros y sabe que, pese a todo, ellos están juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;-¿Necesitas algo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neville traga saliva y niega suavemente con la cabeza. Harry le da una pequeña palmada en la espalda y lo mira a los ojos, ofreciéndole su apoyo incondicional. No le ha dado el pésame. Es uno de los pocos que no lo ha hecho, quizá porque sabe que no lo necesita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neville no sabe si lamenta la muerte de sus padres. Por supuesto, le duele saber que se han ido para siempre. Ha llorado por ellos, por el vacío que dejarán en San Mungo y en su corazón, pero una parte de su persona sabe que es mejor así. Sus padres llevan muchos años muertos en vida, y ahora tendrán el descanso que tanto merecen. Además, Neville observa los féretros y sabe que, pese a todo, ellos están juntos allí dónde han ido, y que lo están observando entre risas, felices y despreocupados, a la espera de una eternidad de dicha y calma absolutas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando recibió el aviso de San Mungo, el corazón se le heló en el pecho. Estaba en mitad de una clase de Herbología con alumnos de primer año. Uno de los prefectos de los cursos superiores le indicó que McGonagall quería hablar con él, y cuando llegó al despacho se encontró con el sanador que, durante años, había atendido a sus padres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frank murió en la madrugada, tan silenciosamente que nadie se había dado cuenta. Nadie excepto Alice. Al parecer, la mujer despertó durante la noche y fue a la cama de su marido. Los encontró una enfermera. Las mejillas de Alice aún estaban húmedas de lágrimas. Las expresiones de ambos eran tan tranquilas, que al verlas Neville no pudo evitar llorar. No recordaba ni un solo momento en que sus padres no parecieran atormentados, asustados o hundidos en su desgracia. Había tenido que esperar a que murieran para ver una media sonrisa de felicidad en los labios de su madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neville se alegra de que sus padres tuvieran una muerte tranquila. Lo merecían después de tanto sufrimiento. Su padre murió de agotamiento; su frágil corazón ya no resistió más y, simplemente se paró. Su madre no pareció capaz de sobrevivir en soledad y, como si se hubieran puesto de acuerdo, su corazón también se detuvo. A Neville le gusta pensar que compartían un mismo órgano vital y que, por eso, murieron al mismo tiempo. Muchos lo tildarán de melodramático, pero Hannah pareció de acuerdo con él cuando, entre lágrimas, le confesó sus pensamientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Podría llevarme a Frank esta noche –Harry habla con suavidad, una mano aún sobre el hombro de su amigo –Tu abuela necesita estar tranquila. Deberíais aseguraros de que está bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mi abuela es más fuerte de lo que piensas –Neville suspira y mira a Augusta, que conversa en susurros con la profesora McGonagall. El hombre es conciente de que no muchos hubieran podido soportar lo que ella había aguantado. Ver a su hijo en el estado en que lo dejaron los mortífagos, educar a Neville, sintiéndose frustrada todo el tiempo. Neville la encuentra serena, pero ve algo en sus ojos que pocas veces la anciana se ha permitido sentir: tristeza y desamparo –Pero creo que es buena idea. Frank estará mejor con Lily.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Harry sonríe y afirma con la cabeza. A Neville le agrada que su hijo y la menor de los Potter sean amigos. Aunque suelen pasar todo el tiempo discutiendo, siente una extraña opresión en el pecho cuando mira hacia la escalera y ve a los niños allí sentados. Lily no siente vergüenza alguna mientras abraza a Frank y le susurra palabras de consuelo; su hijo está demasiado abatido para protestar. Siempre ha admirado a sus valientes abuelos, y su pérdida parece afectarle más que a nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Suerte, Neville.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Harry se aleja. Con calma se acerca a los niños y éstos le prestan toda su atención cuando el brujo les habla. Neville aparta la mirada y suspira, sintiéndose muy cansado. Entonces, Hannah llega junto a él y le toma con suavidad una mano. Está radiante, a pesar del luto, y le sonríe con calidez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Todo bien? –Pregunta, y Neville sólo necesita afirmar con la cabeza para que ella sepa que, efectivamente, todo está bien. Sus padres han muerto, pero hace años que el brujo no se siente tan aliviado. Aliviado porque ellos han dejado de sufrir y él podrá, al fin, olvidar aquel pasado que tanto daño le había causado, a él y a su familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:20158</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/20158.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=20158"/>
    <title>Dos más para Petunia</title>
    <published>2008-03-15T18:28:17Z</published>
    <updated>2008-03-15T18:28:17Z</updated>
    <category term="martin (oc)"/>
    <category term="30vicios"/>
    <category term="petunia"/>
    <content type="html">&lt;b&gt;Fandom:&lt;/b&gt; Harry Potter&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Petunia Dursley&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; 3 - &lt;i&gt;Vergüenza&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie puede ir eternamente por más que lo intente&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;No lo había vuelto a ver. Habían pasado casi tres semanas y, aunque a diario escuchaba el rugido del motor de su coche, Petunia no había logrado encontrarse con Martin ni una sola vez. Y no es que no le faltaran ganas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizá, no fuera plenamente consciente de ello, pero pasaba la mayor parte del tiempo planeando encuentros fortuitos con aquel hombre. Sentía que tenían muchas cosas de que hablar, aunque él se limitara a ignorarla. Cortésmente, eso sí. Por fortuna, su comportamiento esquivo había hecho que Vernon no se hubiera encontrado con él aún, lo que era una suerte, porque podían ocurrir cosas terribles cuando eso pasara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era por la tarde. Petunia estaba fregando la cocina –e intentando relajarse- cuando Dudley llegó a casa. El chico insistía en que le llamara Jake, incluso cuando estaban solos. Era el que mejor parecía llevar todo el asunto de la mudanza y, aunque nunca había sido bueno haciendo amigos y estaba bastante solo, se encontraba muy cómodo en el instituto. No es que Dudders hablara mucho sobre ello, pero Petunia lo notaba contento y tranquilo cada vez que se iba por las mañanas, y cuando volvía por las noches.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese día, Dudley también llegó puntual. Petunia lo escuchó subir a la planta superior y, un par de minutos después, entraba a la cocina y cogía una manzana del frutero. Unos días antes, le había confesado a su madre que estaba a dieta. Le había costado mucho tiempo darse cuenta de lo realmente gordo que estaba. Le irritaba comprobar que cada vez era un poco más torpe y le costaba más moverse. Odiaba sentirse cansado todo el tiempo y tener una sempiterna sensación de ansiedad en el estómago. Por algún motivo, Dudley –o el nuevo Jake- había decidido que comería para vivir, no que viviría para comer, e incluso hacía ejercicio más allá del boxeo. Había descubierto que le gustaba el fútbol americano. Tenía el físico adecuado para ser un buen defensor y se estaba preparando para hacer las pruebas del equipo. El problema era que no tenía demasiada idea de las reglas, aunque ponía empeño. Y Dudley no había puesto mucho empeño en nada, salvo en fumar y beber a escondidas con sus amigotes, o en intimidar a niños mucho menores que él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Las pruebas del equipo son la semana que viene –Dijo sin más, sentándose junto a la ventana, a unos pocos metros de su madre –El profesor Lawrence ha dicho que me ayudará a conocer cómo es el juego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia estuvo a punto de tirar al suelo el plato que llevaba fregando más de cinco minutos. Todo su cuerpo se había puesto en tensión al escuchar aquel nombre, aunque Dudley no pareció darse cuenta de nada y siguió hablando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me da clase de Arte. ¿Sabes que es inglés?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Uhm..! Sí, Dudders. Algo he oído.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Llámame Jake, mamá –Dijo con hastío el chico, mordisqueando con aire aburrido su manzana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estamos en casa, cariño. No hace falta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es mejor que te acostumbres –La voz de Dudley se apagó un poco –Vive aquí al lado. A su hija le encanta el rugby. ¿Te acuerdas de Sarah?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ligeramente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me pasaré por su casa un poco más tarde. Veremos algún video y me explicará cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿En su casa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Claro, mamá. A no ser que prefieras que él venga aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No. Definitivamente aquello no era una buena idea. No necesitaba tener a Martin Lawrence bajo su propio techo –por más que internamente lo deseara- y tampoco le agradaba la idea de que Dudley estuviera a solas con él. No quería ni imaginarse lo que podría llegar a contarle. Además, si Vernon se enterara, sería horrible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No sé si será buena idea, Dudders. No debemos molestar...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No será molestia. El señor Lawrence tuvo la idea y te aseguro que no le importa, pero si prefieres hablar con él...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, cariño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dudley no notó el tono alarmado de su madre. Ya se había puesto en pie, con una expresión extraña en la cara. Salió de la cocina prácticamente volando y Petunia no lo vio hasta la noche. Lo prefería antes, cuando era incapaz de pensar demasiado y se mostraba mucho más manejable. A saber lo que le tenía preparado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía una cita con el profesor Murray a las seis en punto de la tarde. Dudley se lo había hecho saber aquella mañana, sonriente y satisfecho, y Petunia a duras penas había podido disimular ante Vernon. Era total y absolutamente terrible. Aunque una parte muy insistente de su mente se moría de ganas por volver a hablar con aquel hombre, otra, la más sensata, le decía que era la peor idea del mundo. Ahora tenía una vida maravillosa, o eso era lo que ella se repetía cada noche antes de irse a la cama. Estar a solas con Martin otra vez la ponía nerviosa, la excitaba y la hacía morirse de vergüenza. Y no sabía muy bien por qué. Sospechaba que era porque su comportamiento del pasado no había sido muy correcto. Le había hecho mucho daño a Martin, y no quería escuchar reproches.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque, claro, Martin parecía feliz. Tenía un buen empleo y una hija tan encantadora como molesta. Las cosas no parecían haberle ido nada mal y, además, no tenía porqué reconocerla. Habían pasado muchos años y ella ni siquiera se había presentado ante él como Petunia Evans. Quizá, si aún recordaba sus facciones, pensaría que no era más que una mujer que se parecía a ella, al fantasma de un pasado muy lejano en el tiempo. Tal vez, tuviera suerte y no tendría que hablar con él como si se conocieran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se detuvo frente a la puerta. Pudo distinguir una figura masculina sentada frente a una mesa, a través de las cortinillas de acero que cubrían el cristal. Suspiró profundamente, intentando armarse de valor, y golpeó la recia madera con los nudillos. Un segundo después, la suave voz del hombre inundaba sus sentidos y se quedaba instalada en su corazón, sin que ella supiera cómo ni por qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrió. Él estaba allí, con el grisáceo cabello revuelto y el jersey de lana ajustado al cuello. Alzó la vista y pareció turbado. Se ruborizó un poco. Carraspeó. Petunia estaba paralizada y casi no podía respirar. Sujetaba con tanta fuerza el pomo de la puerta, que tenía los nudillos blancos y le temblaba la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Señora Murray. Adelante, por favor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, Martin pareció mucho más tranquilo. Se había puesto en pie y consiguió hablar con tono impersonal pero amable. Incluso le sonrió. Aún tenía su vieja sonrisa de hiena, aunque estaba bien disimulada tras una máscara de fría educación. Petunia descubrió que no se había afeitado –y le encantó- y vio la fotografía de una niña y una mujer morenas. Sarah y su madre. Petunia no supo qué era aquello que la hizo sentir una rabia y un odio indescriptibles al ver a Martin junto a ellas, sonriendo y con el pelo negro, largo e indomable. Parecía un rebelde, un bohemio, y Petunia se preguntó si hubiera parecido tan feliz de haberse quedado a su lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me alegra que haya podido venir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y estiró una mano en su dirección. Petunia supuso que debía estrecharla, pero estaba demasiado nerviosa. De hecho, aún estaba parada bajo el umbral de la puerta, aferrada al pomo como si fuera un salvavidas. Martin la observó en silencio, cerró el puño con fuerza y retiró la mano. Estaba claramente contrariado y la sonrisa se borró de su boca. La miró con los ojos entornados y tomó asiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué no cierra la puerta y se sienta? Tardaremos un rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, claro!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya no se mostraba tan amable cuando Petunia quiso reaccionar. La mujer vio una enorme desconfianza en aquellos ojos verdes. La mirada de Martin se había endurecido con los años, aunque aún persistían la vieja franqueza y la fuerza abrumadora. Incluso un poco del misterio que le rodeó cuando no era más que un adolescente solitario y orgulloso de serlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dudley dijo que quería verme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Dudley?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mierda. Eso fue lo único que pudo pensar Petunia, mientras se sentía totalmente estúpida, cerraba los ojos e intentaba arreglar el entuerto. Martin había enarcado las cejas y parecía estar meditando con suma intensidad. Y no era bueno que Martin meditara. Podría llegar a conclusiones muy peligrosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Jake –Dijo Petunia con premura, removiéndose inquieta –Mi hijo. Jake.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Claro. Jake. –Martin hizo un nuevo gesto para que se sentara y, al fin, Petunia lo consiguió. Con el corazón latiéndole velozmente y el alma en un puño, pero lo hizo –Creo que tiene cierto talento para el fútbol, aunque no tiene ni idea de cómo se juega –Sonrió de medio lado y colocó las manos sobre la mesa –Me gustaría ayudarlo a prepararse. El entrenador es bastante exigente, pero Jake podría tener posibilidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí. Él... Él dijo algo. Yo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Quisiera echarle una mano, si a usted no le importa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué quiere ayudarle?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No sé. Supongo que por solidaridad. Ustedes son ingleses. Hace años que no me relaciono con nadie de mi tierra natal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Usted es inglés?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eso creo, aunque hace muchos años que no visito Inglaterra. Desde que tenía veinte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Oh, sí! Era agradable saber aquello. Petunia se sentía fascinada. Martin le estaba hablando con la misma confianza de los viejos tiempos, cuando ella aún no era una estúpida y él estaba a su lado. No es que le estuviera revelando información confidencial (seguramente cualquiera en el pueblo sabía aquello) pero era genial saberlo todo de él. Petunia sólo tardó un segundo en descubrir la abrumadora necesidad de saberlo todo de Martin Lawrence.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué tantos años alejado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Por trabajo, supongo –El hombre sonrió de nuevo y se encogió de hombros –El arte te lleva a los sitios más inesperados. Me he estado moviendo por Francia, Estados Unidos y Australia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Australia?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Australia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia no supo qué decir. Estaba sentada frente a un hombre de mundo. Sin duda, su vida junto a Martin hubiera sido menos aburrida. Aunque le gustaba su vida con Vernon, claro. Le gustaba mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y no es fácil sin dinero. Afortunadamente, terminé aquí. Y tengo un trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rió con suavidad, aunque Petunia no supo por qué. Había algo de amargura en aquella risa susurrante que la hizo estremecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y no ha pensado volver?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Quizá lo haga. A Sarah le gustaría ir a Londres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia permaneció callada. Martin la miraba fijamente, como si pudiera ver a través de su alma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Aunque realmente no tengo ningún buen motivo para querer ir –Añadió, sin dejar de mirarla, hablándole directamente a ella. No a Paula Murray, si no a Petunia Evans. Y la pobre Petunia tuvo la certeza de que la habían descubierto y no supo donde meterse –Ahora no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Lo tuvo alguna vez? –Musitó, temblorosa, nerviosa. Transparente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Quizá tuve algunas cuentas pendientes, en el pasado. Pero ahora creo que podré saldarlas desde aquí. Tuney.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Indudablemente lo había dicho por probar. Martin había estado dando palos de ciego y la había golpeado con tanta fuerza que ella no pudo reaccionar a tiempo para permanecer indiferente. Se puso pálida, abrió la boca para decir algo y se tensó cuando vio la furia en los ojos del hombre al que un día amó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, joder! Esperaba estar equivocado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ira había desaparecido. Martin se dejó caer en su butaca, derrotado y algo angustiado, y Petunia se puso en pie, sin poder ocultar su nerviosismo. Estaba segura de que de un momento a otro el corazón se le saldría del pecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No sé de qué me habla, pero tengo que irme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Claro. Huye. Es lo único que sabes hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia quiso responder, de verdad que quiso, pero estaba demasiado ocupada corriendo por los pasillos del instituto. Ni siquiera había notado las lágrimas que rodaban por sus mejillas, mientras esperaba que Martin la persiguiera y la asiera del brazo para seguir hablando, como solía hacer cuando eran jóvenes. Pero Martin no la siguió, y ella se sintió inmensamente infeliz mientras iba a casa y rezaba por no tener que verlo nunca más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; 23 - &lt;i&gt;Soñar&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Petunia le agrada saber que al menos los sueños de Dudley se harán realidad&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Lo he conseguido, mamá!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dudley entra a la cocina entre risas y gritos y, sin pensárselo dos veces, abraza a su madre con fuerza. Petunia apenas puede reaccionar, abrumada por aquella muestra de entusiasmo casi infantil, pero acierta a sonreír mientras se seca las manos con un trapo y observa a su hijo, interrogante y confundida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡El equipo! ¡Me han cogido! –Dudley ríe y Petunia no puede evitar pensar en lo distinto que es todo en su pequeño. El cambio fue tan progresivo, que casi no se dio cuenta del momento en que desaparecieron la tristeza y el miedo y se transformaron en lo que ahora tenía frente a sí misma. Un chico nuevo, diferente. Mejor –Tendré que chupar un montón de banquillo, pero tendré una oportunidad. ¿No es genial?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Claro, Dudders –Petunia recuerda que ese día tenía las pruebas para formar parte del equipo de fútbol del instituto y, aunque ella hubiera preferido que le rechazaban, no podía evitar sentirse feliz por Dudley. Nunca le había visto tan entusiasmado por nada –Pero. ¿Estás totalmente seguro de que es lo que quieres? Tu padre cree que podrías seguir con el boxeo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, mamá! El boxeo me aburre. Además, siempre puedo pegar a los chicos en el patio del colegio –Su rostro adquirió un tono siniestro, pero Petunia supuso que estaba bromeando. Aunque Dudley no fuera muy dado a gastar bromas, claro –El fútbol es muy divertido. Además, los chicos son geniales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entonces, tendremos que celebrarlo. ¿Te gustaría salir a cenar fuera?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sabes que sí –Dudley le dio un beso y se dirigió a la puerta –Voy a decírselo al profesor Lawrence. En seguida vuelvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia quiso impedírselo. No le gustaba que Dudley mantuviera el contacto con aquel hombre. Aunque no habían vuelto a hablar desde aquella reunión en el colegio, a Petunia le daba miedo tenerlo tan cerca de su casa. Sobre todo desde que Vernon lo vio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue en la calle, cuando Martin y su hija Sarah volvían de las clases de piano de la niña. Vernon había estado fregando su desvencijado coche en la entrada y se había vuelto de color púrpura cuando Martin, en un gesto claramente burlesco, le saludó con la mano y le dedicó una sonrisa a Petunia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vernon se había quedado inmóvil unos segundos. Después, había gruñido y, como poseído por una fuerza demoníaca, había cruzado la calle con intenciones poco honestas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué significa esto? –Dijo, con los puños apretados y los ojos inyectados en sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Encantado, señor Murray. Soy su vecino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Martin agarró a su hija de la mano y desapareció de la vista de todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche, Petunia y Vernon habían discutido. Petunia se fue a dormir a la habitación de invitados. Vernon la acusaba de mantener en secreto la identidad de su vecino, y ella no tenía argumentos para refutar las acusaciones puesto que, en realidad, todo era verdad. No le había dicho nada de Martin, temerosa precisamente de la reacción que tuvo su esposo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las cosas no mejoraron desde entonces. A Vernon se le iba la cabeza cada vez que Dudley hablaba con cierto afecto de su profesor de Arte, y a Petunia le parecía divertido que, por cuestiones de supuesta seguridad, no pudiera contarle a su hijo lo que estaba pasando en realidad. En otras circunstancias, el alejamiento progresivo de su marido la hubiera preocupado, pero es que hacía mucho tiempo que las cosas no estaban bien entre ellos, incluso antes de la mudanza. En realidad, Petunia no recordaba ni un solo momento en aquellos veinte años de matrimonio en el que se hubiera sentido cómplice de Vernon. Quizá, el casarse por los motivos equivocados la llevaba a recoger los frutos sembrados en el pasado y, a pesar de todo, sentía que eso cada vez le importaba menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún así, se sentía nerviosa y aprensiva. Estaba segura de que Martin pronto querría saber cosas (cómo por qué ahora era la señora Murray) y no estaba preparada para tener que dar respuestas. Hubiera querido alejar a Dudley de él, por supuesto, pero no tenía valor para hacerlo. No después de lo mucho que ese hombre había ayudado a su hijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa tarde, Petunia tuvo que resignarse. Siguió fregando los platos y esperó a que Vernon regresara a casa, preparada para una nueva discusión cuando supiera lo de Dudley.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Petunia le agradaba la jardinería. Ya en Inglaterra se había encargado de que su jardín luciera impecable y, ahora, era su pasatiempo favorito. Aunque el clima no era el más propicio para ninguna clase de planta al aire libre, había un pequeño invernadero en la parte trasera de la casa, desde donde podía verse el bosque cercano. Era un lugar bonito y, poco a poco, la mujer se había ido acostumbrando a vivir allí. Pronto caería la primera gran nevada del año, llegaría la Navidad y acabaría un año que había estado repleto de cambios para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Puedo entrar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Petunia no podría haberle sorprendido más escuchar aquella voz. Puesto que ya había pasado mucho tiempo desde que hablara por última vez con ese hombre, pensó que Martin no tenía intención de aclarar nada con ella, pero estuvo equivocada. Porque Martin estaba allí, tras ella, con las manos en los bolsillos y luciendo una barba incipiente que –a Petunia le horrorizaba reconocerlo- le hacía verdaderamente atractivo. Sin poder evitarlo, la mujer se puso nerviosa y dejó caer las tijerillas de podar que tenía en las manos. Martin la miró con aire divertido y esperó una respuesta, pero sólo obtuvo un tartamudeo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ver... Arístides y Dud... Jake...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sé que no están –Martin sonrió y pasó al invernadero –Hoy es el primer partido del equipo. Los vi irse en el coche hace casi una hora –Petunia se quedó muda, poniéndose un poco roja sin saber por qué –Y deja de llamarlos así. Arístides es, francamente, un nombre... Extraño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero él... Él se llama así. Mi marido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, ya. ¿A qué estáis jugando?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pregunta no pudo ser más directa. Martin siempre lo había sido y, aunque no la sorprendió en absoluto, si logró alarmar a Petunia, temerosa de hacia donde podía derivar la conversación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo lo sabes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No es fácil olvidar el rostro del hijo de puta que me destrozó la mano –Martin levantó el brazo derecho, agitando los dedos –Y tampoco el tuyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia suspiró, sintiéndose acorralada. Martin siguió avanzando hasta tomar asiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Quiero que te vayas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me parece bien, pero no pienso hacerlo. No hasta que me contestes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No tengo que darte explicaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin entornó los ojos, estudiándola detenidamente. No iba a rendirse, Petunia lo supo antes de que él volviera a hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Puedo esperar a que Vernon regrese y preguntarle a él. ¿Sabes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y yo podría llamar a la policía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hazlo. El sheriff es mi compañero de bolos. ¿Sabes que soy bueno jugando a los bolos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia bufó, impaciente por librarse de él, y al mismo tiempo deseosa de tenerlo ahí, frente a ella, todo el tiempo que fuera posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te propongo un juego. Yo pregunto primero y tú respondes. Después, yo contestaré cualquier cosa que quieras saber de mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer recordaba que una vez, muchos años atrás, ya habían jugado a eso, y que no les había salido nada mal. Martin la observaba atentamente, esperando con tranquilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya no somos unos críos, Martin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero a mí sigue pareciéndome un trato justo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia agachó la cabeza y se dio por vencida. Además, ella también quería saber. ¡Vaya si quería saber!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿De qué estáis huyendo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Huir? De nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, claro! Y por eso os habéis venido a vivir al culo del mundo, os habéis cambiado el nombre y te has puesto totalmente pálida –Martin chasqueó la lengua y Petunia comprendió que no iba a poder mentirle- ¿Qué ha pasado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estamos en peligro, Martin –Dijo, con toda la sinceridad que fue capaz de encontrar en su mente –Y no puedo decirte nada más, pero hay gente que podría hacernos daño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Estáis en un programa de protección de testigos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Algo así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin cabeceó y volvió a guardar silencio, reflexionando. Había mil cosas que le gustaría saber de esa mujer, cosas relacionadas con su intimidad, con su vida, con sus sentimientos, pero fue lo suficientemente prudente como para eludir el tema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Seguiré fingiendo que no os conozco. No me gustaría poneos en peligro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Gracias, Martin. Pero dudo que estemos realmente protegidos. Si esos tipos estuvieran realmente tras nosotros, nos encontrarían, aquí y en cualquier otro lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Tan peligrosos son?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Creo que sí –Petunia suspiró y miró a Martin significativamente. No sabía por qué, pero necesitaba darle la noticia que iba a comunicarle –Mataron a Lily.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin palideció, como si no pudiera creer lo que acababa de oír. Abrió la boca, pero al principio no pudo decir nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo... Lo siento, Tuney.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer cerró los ojos, algo abrumada por el tono dulce que él había utilizado. Realmente lamentaba la muerte de Lily y, durante un segundo, ella volvió a ser plenamente consciente de la pérdida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Fue hace muchos años, ya da igual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No. No da igual. Era tu hermana. Debes echarla mucho de menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia no dijo nada. Había pasado tantos años odiando a Harry y a la magia, que no había tenido tiempo de extrañar a Lily. Le dolió saber que las cosas podrían haber sido muy diferentes de haberse quedado con Martin, pero no quiso pensar en eso ni un momento más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Los que la mataron estaban detrás de su hijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Un hijo? ¿De Lily?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Se llama Harry. Es sólo un mes más joven que Dudley.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y dónde está?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Se quedó en Inglaterra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Lo abandonaste?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había reproche en su voz. Petunia se sintió furiosa, porque Martin no tenía ni idea de nada y no podía echarle en cara ninguna cosa, pero había algo en sus ojos, algo que parecía decepción, que la ayudó a serenarse de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es más complicado de lo que piensas. Él debía quedarse allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin no dijo más. Estaba debatiéndose entre odiar a Petunia por abandonar a su sobrino al otro lado del océano, en mitad de un peligro demasiado grande para nadie, o comprender su actitud y creer que había algo realmente malo detrás de todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿De qué huyes tú? –Preguntó Petunia de pronto, sabiendo que, por el momento, él había terminado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tu parte del trato, Lawrence. ¿De qué huyes? Por lo que parece, tú también has venido a vivir al culo del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martin permaneció serio un segundo, pero finalmente sonrió y asintió con la cabeza, mostrando su conformidad con la mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Podría decirse que de mí mismo –Suspiró profundamente, incorporándose un poco en la silla y estirando los brazos –Necesitaba un lugar tranquilo en el que recuperarme de la muerte de Emma. Ella era mi esposa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Petunia le dolió saber que él había estado casado. Aunque suponía que había alguna mujer en su vida, se sintió mal al saber que él fue capaz de sufrir por otra persona, de la que se había enamorado y que le había dado una hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vine aquí de forma temporal, pero el sitio me gustó y, ya ves –Se encogió de hombros y miró a su alrededor –He pasado media vida dando tumbos de un lado para otro, pero me estoy haciendo mayor y necesito tranquilidad. Además, debo pensar en Sarah. Ella necesita estabilidad y seguridad, y una habitación para su piano, por supuesto. Es realmente buena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me alegra mucho que todo te vaya bien, Martin –Musitó Petunia- Te lo mereces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él no dijo nada. La miró intensamente, como si pretendiera leer en su mente. De pronto, pareció de nuevo el chico extravagante que un día fue y habló con una suavidad que ni siquiera demostró cuando supo lo de Lily.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Conseguiste ser feliz? –Preguntó, leyendo la respuesta en sus ojos. Petunia quiso llorar, pero logró dominarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Algunas veces –Respondió, y Martin se vio triste, como si él lamentara más que nadie que, por sus errores, su querida Tuney hubiera sido desdichada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:19821</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/19821.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=19821"/>
    <title>Murphy y Desmond</title>
    <published>2008-03-15T17:48:21Z</published>
    <updated>2008-03-15T17:48:21Z</updated>
    <category term="30vicios"/>
    <category term="ley de murphy"/>
    <category term="desmond"/>
    <content type="html">&lt;b&gt;Fandom:&lt;/b&gt; Lost&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Desmond David Hume&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Ley:&lt;/b&gt; 7 - &lt;i&gt;Ley 7&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Querida Penny:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo un tiempo en el que pensé que la esperanza había desaparecido por completo de mi vida. Durante los largos días encerrado en la estación Cisne, completamente solo, sin casi dormir y torturando mi mente con descabelladas ideas todo el tiempo, llegué a pensar que la muerte era la única salida para mí. Estaba convencido de que nunca volvería a tenerte a mi lado. Me sentía un fracasado y un cobarde por haberte abandonado y rezaba todos los días porque alguien me permitiera volver atrás. Vivía constantemente sumido en la desesperación, aunque después todo pareció mejorar un poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de la implosión de la escotilla, descubrí que ya no tenía que estar solo nunca más. Me encontré más tranquilo, más cuerdo, pero no llegué a recuperar la esperanza. Porque sabes que tú, Penny, eres mi vida y estaba convencido de que no volvería a verte. Estamos atrapados en esta isla. Ni largas semanas de navegación me permitieron dejarla atrás. A pesar de que la compañía de otras personas me ha hecho mucho bien, a pesar de que me he mantenido ocupado y tengo algo parecido a amigos entre esta gente, me faltaba un buen motivo para seguir adelante. Vivir pensando que no iba a encontrarte jamás me atormentaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta hace unos segundos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú sabes que tengo visiones del futuro. Casi siempre son sobre la muerte de Charlie y resultan muy inquietantes. A veces tengo la sensación de que no me dejarán descansar nunca. Estoy haciendo cualquier cosa, tranquilo y distraído, y me sobrevienen las imágenes de Charlie atravesado por un rayo o con la cabeza rota en las rocas, ahogado o con una flecha en el cuello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque eso fue lo que pasó, Penny. Vi una nueva muerte de Charlie, pero esta vez había algo más, algo que me ha hecho plantearme si no será mejor dejarlo morir. Porque si el muere, Penny, tú vendrás. Aquí. Conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué debo hacer? Mi conciencia me dice que no puedo permitir que se muera sin hacer nada, me anima a salvarlo de nuevo. Pero el corazón... El corazón, Penny, es diferente. Te echa mucho de menos. Afirma que Charlie morirá de todas formas. ¿Por qué iba a salvarlo otra vez? No sé qué hacer. Deseo tanto tenerte a mi lado, incluso si debe ser aquí, en la isla, que mi conciencia no tiene mucho peso en las decisiones que pienso tomar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aprecio a Charlie. Es un buen tipo. Pero a ti te quiero. Siempre te he querido, incluso cuando te abandoné. He estado luchando contra el destino de Charlie, pero esta vez el mío, el nuestro, también está en juego. ¿Qué hacer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizá, muchos encontrarían todo esto de las visiones algo muy útil, pero es frustrante ver el futuro y no poder hacer nada por cambiarlo. ¿Puedo salvar a Charlie y conseguir que tú vengas igual? Es una mierda, Penny. No quiero dejarlo morir, pero sé que podría hacerlo. Su vida a cambio de nuestra felicidad. ¿No te parece un trato justo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te juro que preferiría no tener que saber. La ignorancia sería un buen regalo en este caso. El mejor. Pero, si no hubiera tenido esa visión, nunca sabría que caerás en mitad de la isla. Porque eso será lo que ocurrirá si Charlie muere. Tú vendrás a mí y yo te he echado tanto de menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo siento, Penny. Lo siento mucho, sobre todo por Charlie. He intentado salvarlo, lo he conseguido muchas veces, pero ahora es diferente. Estamos nosotros. Ya he renunciado a ti muchas veces y no volveré a hacerlo nunca más. Lucharé como no he luchado antes y me olvidaré de todo y de todos. Sólo espero que Charlie pueda entenderlo y perdonarme por lo que voy a hacer. Lo siento de verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te necesito, Penny.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desmond.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Ley:&lt;/b&gt; 8 - &lt;i&gt;Ley 8&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Querida Penny:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No necesito más que mirar hacia atrás para comprender que estamos condenados a estar separados. Y tal vez yo sea el único culpable de ello –mi orgullo y mi cobardía- pero estoy empezando a pensar que el destino es el responsable de todo. Un caprichoso destino que no nos permite olvidarnos el uno al otro, y que insiste en mantenernos lo más alejados posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día, tu padre me dijo que no era digno de ti. Seguramente no debí escucharle. Es posible que tú seas la única capaz de decidir quién es o no digno de ti, pero esas palabras calaron hondo en mí. Cuando llegué a su despacho, estaba nervioso, pero extrañamente ilusionado. Creí que mi amor hacia ti bastaría para convencer a tu padre para que me aceptara. Pensé que si tú me querías, que si te hacía feliz, él también lo sería. Y me equivoqué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú sabías que eso ocurriría. Conoces a tu padre más de lo que él mismo cree. Te noto tensa, extraña, desdeñosa, cada vez que hablas sobre él. Sabías cómo reaccionaría cuando le hablara de nosotros, me advertiste que no tenía que hacerlo, y no te escuché. Quería hacer las cosas bien, y no me di cuenta de que tú no necesitabas que me comportara como un cretino caballero decimonónico. Siempre fuiste libre de tomar tus propias decisiones, y me elegiste a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya te he hablado muchas veces de la separación. ¿Cuánto tiempo hace que nos conocemos? Muchos años. ¿Cuántos meses hemos pasado juntos? Menos de los que necesito para sentirme completo. A pesar de la distancia, del tiempo y de la desesperanza, me siento igual que el día en que me enfrenté a tu padre por primera vez. Quizá ya no le de tanta importancia al honor. En esta isla no la tiene. O, tal vez, ya no sienta por él ni un poco de respeto. No se lo merece. Ni por cómo te ha tratado a ti, ni por la forma que ha tenido de humillarme a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siento que lo odio. Él no quería vernos juntos, y mira dónde estoy, Penny. Aquí, atrapado, preguntándome dónde estarás, si aún sigues buscándome, si existe alguna esperanza para nosotros. Y, aunque una parte de mí quiere creer que sí, que aún la hay, la otra mira a su alrededor y sólo ve océano, cielo y selva, y sabe que no volveremos a estar juntos. ¿Mi sueño? Poder verte una vez más antes de morir. Me da miedo enfrentarme a la muerte sin contemplar tu rostro una vez más. No pretendo parecer un estúpido romántico, pero es así, Penny. Te echo de menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tu padre debe sentirse muy feliz. ¿Verdad? Ibas a casarte. ¡Oh, Dios! ¿Lo hiciste, Penny? Recuerdo la última noche que te vi. Te juré que volvería, que ganaría la regata de tu padre y se lo restregaría por la cara, y tú me preguntaste por qué no regresaba a ti en ese momento. Debí hacerlo. Debí olvidarme de todo, abrazarte y llevarte a cualquier lugar, alejado de tu padre y de su maldita influencia. Pero tomé la decisión equivocada, creí que era importante agradarle a él, y te perdí. Vine aquí, una isla que podría haber sido un auténtico paraíso contigo a mi lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A ti no te importaba mi honor perdido, ni mi estúpido orgullo, ni el daño que te hice cuando te abandoné antes de casarnos. Ni siquiera le dabas importancia al hecho de que no te hubiera escrito mientras estuve en la cárcel. Pero te escribí, y debí decírtelo. Porque tu padre, ese maldito cabrón, impidió que recibieras esas cartas. Y puse mucho en ellas, Penny. Mis esperanzas, mis anhelos y, ante todo, mi amor por ti. Él desdeñó todo eso y quiso comprarme. No lo sabías. ¿Verdad? No. Él no te lo contó, estoy seguro, y yo no pude hacerlo. No sé por qué, pero no pude. Por desgracia, ahora tampoco lo sabrás, porque estas otras cartas no llegarán a ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es estúpido molestarse en escribirlas para nada. ¿No te parece? Además, he tenido que pasar mucho tiempo bebiendo whisky, coñac, vino o cualquier otra cosa con envase de cristal para tener botellas suficientes. Botellas que contienen mis cartas y que podría lanzar al mar como un naufrago en busca de libertad y futuro, pero que se quedan aquí, conmigo, ocultas para siempre en esta isla. De cualquier forma, dudo que pudieras recibirlas, aunque fuera solo una de ellas. Supongo que daría igual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además, ya sabes que te necesito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desmond.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:19601</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/19601.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=19601"/>
    <title>Más viñetas para Los Otros</title>
    <published>2008-03-15T17:33:16Z</published>
    <updated>2008-03-15T17:33:16Z</updated>
    <category term="tabla momentos"/>
    <category term="30vicios"/>
    <category term="los otros"/>
    <content type="html">&lt;b&gt;Fandom:&lt;/b&gt; Lost&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Claim:&lt;/b&gt; Los Otros&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Bonnie/Greta&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; 6 - &lt;i&gt;Locura&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un buen soldado obedece órdenes. Nunca hace preguntas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué crees que Ben quiere mantener bloqueadas las comunicaciones con el exterior?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bonnie levanta la mirada. Greta está sentada frente a ella, jugando distraídamente con los cordones de sus botas y con la vista fija en un punto indefinido de la pared. Llevaban ya mucho tiempo en silencio, aburridas y cansadas de la monotonía reinante en su vida, pero Greta no parece haber hablado para que le respondan. Se la ve indiferente y Bonnie sabe que nada cambiaría en ella de no obtener una respuesta. Pero Bonnie también necesita escuchar un sonido más allá del rumor del mar que las rodea, y suspira encogiéndose de hombros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Serviría de algo saberlo? Estamos aquí para obedecer órdenes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es sólo curiosidad. Llevamos aquí mucho tiempo. Todo el mundo piensa que estamos en Canadá. Debe traerse algo importante entre manos. ¿No te parece?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No lo sé, Greta. Posiblemente, sí. Ben no hace nada sin tener un buen motivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Greta se queda callada. El silencio vuelve a reinar durante unos minutos más. Minutos que la mujer pasa paseando por la pasarela, junto al agua del océano, rifle en mano y actitud despreocupada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Quiere aislarnos –Dice de pronto, captando la atención de su compañera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Aislarnos? ¿A nosotros? ¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Por Juliet. ¿No has notado las inmensas ganas que tiene de salir de la Isla? Seguramente tema que los demás quieran lo mismo que ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bonnie parpadea, intentando averiguar cómo ha llegado esa mujer a semejantes conclusiones, aunque sin darle demasiado crédito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ben no se cansa de repetir que somos libres de salir de la Isla cuando queramos. Para eso está el submarino. Eso que dices es una locura. Además. ¿Por qué íbamos a querer salir de la Isla?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Juliet echa de menos a su familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, pero ella está aquí de forma temporal. Nosotras no. El sueño de nuestra vida, el sueño de todos nosotros, es estar en esta Isla, obtener todo aquello que Ben prometió que podría proporcionarnos. ¿Para qué marcharse de aquí? Es el único hogar que hemos tenido nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Greta afirma con la cabeza y vuelve a callar. Se sienta frente a Bonnie de nuevo, pensando en Ben y en sus acciones. Es un buen líder. Conoce perfectamente a Jacob, y eso es más de lo que nadie podría pedirle nunca, pero a veces es demasiado misterioso. Guarda para él todos los secretos y eso desconcierta a todo el campamento. Aunque el desconcierto sea algo que no muchos puedan permitirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Quiere evitar que los de Oceanic establezcan contacto con el exterior –Dice Bonnie de repente, con suficiencia, como si aquello fuera lo más obvio y se alegrara de ser ella quién lo descubriera antes –Si lograran pedir ayuda, todo se complicaría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es perfectamente posible, supongo –Greta se encoge de hombros y vuelve a adquirir una postura relajada –Esa gente está demasiado ansiosa por largarse. Son peligrosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No entienden nada. Si supieran lo que Ben sabe, querrían quedarse también. No se dan cuenta de que estar aquí es lo mejor que les ha pasado nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las mujeres afirman con la cabeza, mostrándose conformes con esa afirmación. Los de Oceanic son, en cierta forma, sus enemigos. Hacen peligrar su forma de vida y ellos mismos han hecho crecer la mutua enemistad. Cegados por su forma de vida anterior, no comprenden la Isla y dañan todo lo que les rodea. Además, han matado a muchos compañeros y ni Bonnie ni Greta están dispuestas a perdonar eso. Si en algún momento sintieron un poco de compasión por esa gente, esos sentimientos han desaparecido. Ben tenía razón cuando afirmaba que la lástima y la clemencia no servían de mucho casi nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Debieron morir cuando se estrelló el avión. Ese era su destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Greta no puede estar más de acuerdo con su compañera. Si no existieran los supervivientes del vuelo 815 de Oceanic, se habrían ahorrado muchos problemas. Seguirían en casa, con su gente, viviendo tranquilos y contentos, en mitad de aquel paraíso que muy pocos lograban entender.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Good vibrations –Greta sonríe, mirando de reojo la parpadeante luz amarilla de la habitación contigua -¿Quién mejor que un músico para programar el código?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me pregunto quién elegiría la canción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No creo que fuera Ben. No tiene pinta de gustarle los Beach Boys.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bonnie ríe. Definitivamente, su compañera tiene razón. No conoce los gustos musicales de Benjamin Linus, pero no lo imagina bailando los alegres ritmos de aquel mítico grupo musical.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Deberíamos preguntárselo alguna vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Un buen soldado obedece órdenes. Nunca hace preguntas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Greta se queda seria un segundo ante la solemnidad mostrada por su compañera, pero también se pone a reír. Le gusta haber iniciado esa conversación. El silencio es una de las cosas que más trabajo le cuesta soportar. Y, aunque realmente no han llegado a ningún sitio con ese intercambio de palabras, ambas se sienten más relajadas y tranquilas, preparadas para afrontar un nuevo día de total aburrimiento en El Espejo. Ellas son mujeres de acción, pero trabajos como aquel también son necesarios y les encanta la idea de que Ben confíe en ellas. Ambas se esforzarán por cumplir con su deber. Siempre y a cualquier precio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Fandom:&lt;/b&gt; Lost&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Claim:&lt;/b&gt; Los Otros&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Alex/Karl&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; 7 - &lt;i&gt;Estaciones&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que Karl es capaz de hacer por Alex&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;-¿Sabes qué no me gusta de la Isla? –Preguntó un día Álex. Karl y ella habían salido a dar una vuelta y estaban contemplando un nuevo y hermoso atardecer junto al mar, con las manos entrelazadas y una media sonrisa iluminando sus rostros juveniles, algo infantiles aún en algunos momentos –Que no haya estaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Estaciones? –Repitió Karl, sin saber muy bien a qué se refería, pues ella había hablado de pronto, sin una conversación previa para saber lo que quería decirle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya sabes. Primavera, verano, otoño e invierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh! Ya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿No te parece que deben ser bonitas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pues no sé, Álex...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-A mí si me lo parece –Alex suspiró con expresión soñadora, soltando la mano suave de su novio –Los árboles florecientes de la primavera; el ambiente cálido del verano con sus días luminosos e interminables; los colores dorados y ocres de un otoño que lo llena todo de hojas secas. Y el invierno. Me encantaría sentir el invierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué? Debe ser muy frío –Karl fingió un cómico estremecimiento que hizo reír a la chica, iluminándose con una luz propia repleta de pureza e irrealidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si no hace frío, es imposible que haya nieve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Nieve?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Blanca y helada nieve, cubriéndolo todo con un manto suave y hermoso...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, demonios! ¿Has vuelto a ver esas horribles películas en la televisión?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Álex rió con ganas. Esa tarde se sentía exultante de alegría y ni siquiera le importó que Karl pretendiera meterse con ella. De pronto, y sin venir a cuento, ella le pasó los brazos por el cuello y le besó, mirándolo intensamente a los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Me quieres?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, Álex!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No contestes. Si me quieres, haz que nieve para mí. Aquí, en La Isla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Álex se había ido después de eso, dejando a Karl con cara de tonto y sin saber qué hacer. Claro que la quería, aunque le apenara muchísimo reconocerlo. Si no la quisiera, no estaría con ella, arriesgando el pellejo por culpa de Ben. Lo que ella le pidió fue algo absurdo, algo que ni siquiera Álex pensó seriamente y, sin embargo, Karl estaba dispuesto a demostrarle que, por ella, era capaz de hacer nevar en aquel clima tropical al que era imposible que llegara el invierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No te la quites hasta que yo no te diga. ¿De acuerdo? –Decía Karl una semana después, mientras trepaba dificultosamente a un árbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Álex estaba en el suelo, con los ojos vendados y la incertidumbre presente en su rostro. Karl había ido a buscarla un rato antes y se la había llevado del pueblo sin explicaciones, alegando únicamente que tenía una sorpresa para ella. Estaba intrigada e impaciente y se sintió tentada de hacer trampas, pero Karl se lo impidió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Ey! No hagas eso. ¿Vale? Espera un segundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Álex sintió algo fresco acariciando su mejilla y dio un paso atrás. Pero, entonces, Karl la instó a quitarse la venda y la chica ahogó un grito de asombro. Estaba nevando. Karl había cubierto un poco de selva con miles de pétalos de flor blancos y, en ese momento, dejaba caer más de ellos sobre su cabeza. Realmente parecía nieve y, aunque a Álex ya se le había olvidado la conversación que mantuvo con el chico en el acantilado, no tardó en recordarla y en sentirse emocionada y, ante todo, querida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Karl bajó del árbol con agilidad y se acercó a ella. La agarró por la cintura y apartó unos cuantos pétalos de su cabeza. Álex sonrió, incapaz de decir nada. A veces, no eran necesarias las palabras para hablar de sentimientos, y Karl lo demostró con creces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:19232</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/19232.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=19232"/>
    <title>Últimas virtudes de Ben</title>
    <published>2008-03-15T17:06:46Z</published>
    <updated>2008-03-15T17:06:46Z</updated>
    <category term="benjamin linus"/>
    <category term="retos_a_la_carta"/>
    <content type="html">&lt;strong&gt;AUTOR: &lt;/strong&gt;&lt;a href="http://cris-snape.livejournal.com/"&gt;&lt;strong&gt;http://cris-snape.livejournal.com/&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;FANDOM: &lt;/strong&gt;Lost.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;CLAIM: &lt;/strong&gt;Benjamin Linus.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;TABLA:&amp;nbsp; &lt;u&gt;Virtudes: &lt;/u&gt;&lt;/strong&gt;&lt;a href="http://cris-snape.livejournal.com/16508.html"&gt;&lt;strong&gt;http://cris-snape.livejournal.com/16508.html&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;NÚMERO: &lt;/strong&gt;2. Pureza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.fanfiction.net/s/4009314/4/Uno_de_Los_Otros"&gt;http://www.fanfiction.net/s/4009314/4/Uno_de_Los_Otros&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;NÚMERO: &lt;/strong&gt;7. Desinterés&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.fanfiction.net/s/4009314/5/Uno_de_Los_Otros"&gt;http://www.fanfiction.net/s/4009314/5/Uno_de_Los_Otros&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;NÚMERO: &lt;/strong&gt;1. Caridad&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.fanfiction.net/s/4009314/6/Uno_de_Los_Otros"&gt;http://www.fanfiction.net/s/4009314/6/Uno_de_Los_Otros&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;NÚMERO: &lt;/strong&gt;5. Concentración&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.fanfiction.net/s/4009314/7/Uno_de_Los_Otros"&gt;http://www.fanfiction.net/s/4009314/7/Uno_de_Los_Otros&lt;/a&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:18999</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/18999.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=18999"/>
    <title>Vuelven "Los Otros"</title>
    <published>2008-02-05T18:29:53Z</published>
    <updated>2008-02-05T18:29:53Z</updated>
    <category term="tabla momentos"/>
    <category term="30vicios"/>
    <category term="los otros"/>
    <category term="ley de murphy"/>
    <category term="desmond"/>
    <lj:music>That´s all - Michael Bublé</lj:music>
    <content type="html">"Los Otros" y, gracias a quién toque, "Perdidos". Es una pena no saber inglés, pero ya tengo el Ares trabajando para que me descargue el primer capítulo de la cuarta temporada. Me muero de ganas por verlo. Soy impaciente y ya me he inflado a Spoliers, y quiero ver todo lo que va a pasar, así que sólo tengo que esperar, aunque esté de los nervios y mire el porcentaje de descarga cada cinco segundos. Al menos puedo verme los capítulos anteriores, porque me estoy decargando la serie y estoy pasando unos días sin hacer nada, salvo estar tumbada en la cama viendo capis y capis de "Perdidos". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún así, he tenido tiempo para inspirarme y he escrito dos viñetas más. Las voy a colgar por aquí. Espero que os gusten. Saludos, wapetones y wapetonas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Fandom:&lt;/b&gt; Lost&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Claim:&lt;/b&gt; Los Otros&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Juliet/Goodwin&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #4 - &lt;i&gt;Cambio&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando más cansada está de todo, Juliet encuentra un apoyo inesperado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cuando el funeral terminó, la gente se dispersó lentamente y todos volvieron a sus casas, a sus quehaceres cotidianos, como si no hubiera pasado nada. Eso era lo más jodido de morirse, que los demás siempre regresaban a su rutinaria existencia y terminaban por olvidarse del fallecido. A Juliet, eso le hacía sentirse frustrada. Le daba rabia pensar que, algún día, ella desaparecería del mundo y los demás se quedarían ahí, sufriendo, riendo, soñando. Viviendo. Y era algo egoísta, pero a ella le asfixiaba pensar en ello, más aún en la Isla. Fuera, estaba su hermana para recordarla, pero allí no tenía a nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevaba más de un año en aquel exótico lugar. Al principio había intentado granjearse la simpatía de sus compañeros, pero no tardó mucho en descubrir que no eran demasiado normales. Aquella comunidad era extraña, errática y misteriosa. Juliet no había conseguido hacer ni un solo amigo, aunque tenía relaciones cordiales con casi todo el mundo. No le gustaban muchas cosas de las que pasaban a su alrededor, pero ella no estaba allí para juzgar a nadie. Tenía entre manos una misión mucho más importante y que, por momentos, se le antojaba imposible: averiguar por qué las mujeres no conseguían tener a sus bebés en la Isla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habían muerto tres. La última se llamaba Johanna y casi había llegado hasta el final. Juliet había pasado días a su lado, hablando sobre el futuro niño. Johanna había comentado que deseaba tener un varón, que le llamaría Ernie y que lo llevaría todos los días a la playa para enseñarlo a nadar desde muy pequeño. Juliet la había escuchado siempre con una sonrisa en la boca, había tenido la esperanza de que todo saliera bien, pero Johanna había muerto y ella se había sentido como una mierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había hablado con nadie en todo ese tiempo. En el funeral, se había mantenido distante, silenciosa, casi invisible. Aunque siempre había sido una mujer tímida, las dos veces anteriores había intentado consolar a los demás, buscar ella misma un poco de apoyo, y había fracasado. Ya no tenía sentido seguir intentándolo. Juliet se veía distinta y ya no sentía la necesidad de acercarse a los demás ni de lograr su aprobación. Se sentía capaz de afrontar todo aquello en soledad, valiéndose de una fortaleza antes desconocida para ella, y llegar hasta el final. Otras veces, se sentía débil, desesperada y atrapada en mitad de la nada, con gentes que no la apreciaban y prácticamente a merced de un hombre que no le permitía salir de la Isla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Richard le había prometido que sería algo temporal. Ben aseguró que podría marcharse cuando quisiera, y Juliet ya se lo había pedido una vez, poco antes de que Johanna muriera, cuando comprendió que no podía hacer nada por ella. Ben le pidió paciencia y entrega, y ella estaba dispuesta a concedérselas, aunque no ilimitadamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juliet se había quedado sola. Los murmullos de sus compañeros apenas se escuchaban. Se abrazó a sí misma y sintió más ganas que nunca de escapar de allí. No podía continuar viviendo de esa manera, fracasando en todos sus intentos por salvar la vida de las mujeres, comenzando a desesperarse un poco. A veces, incluso se preguntaba si alguna vez traería a otro bebé al mundo. Le ocurría cuando más deprimida y desesperada estaba, cuando pensaba que no podría salir jamás de la Isla y que nunca encontraría un solución para el problema de la fertilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Juliet. ¿Estás bien?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer se sorprendió. No esperaba que nadie le hablara en ese momento, y ahí estaba Goodwin, parado a unos pocos pasos de distancia y mirándola fijamente. Goodwin era un hombre guapo y agradable, aunque había algo indómito en su mirada. A Juliet le gustaba hablar con él a veces. Era inteligente y jugaba bastante bien a las cartas. Algunas noches, cuando Ethan organizaba partidas de póker en su casa, vaciaba los bolsillos de sus desdichados oponentes. Especialmente los del pobre Tom, que parecía confiar demasiado en la suerte y no sabía que en el póker había cosas mucho más importantes que el azar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juliet suspiró profundamente, pero no respondió a la pregunta. Era evidente que no se sentía bien. Echó a andar hacia el poblado, sintiendo la presencia de Goodwin junto a ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Johanna sabía que había muy pocas posibilidades de llevar a buen término el embarazo. Ethan y tú hablasteis muchas veces sobre el tema. Fue decisión suya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eso lo sé, Goodwin –Juliet no se molestó en mirarlo. Si pensaba que ella se sentía culpable, el hombre no podía estar más equivocado. Él permaneció en silencio un rato, hasta que habló con suavidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te siento extraña. Cambiada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cambiada?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Más distante. ¿Seguro que estás bien?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estoy perfectamente, Goodwin. ¿Por qué insistes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Porque estoy preocupado. Por ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si Ben hubiera aparecido ante sus ojos vestido con un tutú rosa, Juliet no podría haberse sorprendido más. Se detuvo en seco y, rápidamente, se giró para encarar al hombre. No había diversión ni ironía en su mirada, sino una extraña sinceridad. Juliet llevaba el suficiente tiempo allí para saber que la sinceridad no era algo que la gente del poblado practicara demasiado a menudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No tienes motivos para estarlo. Me encuentro bien. Sólo estoy un poco cansada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De todo. De la Isla, del fracaso, de la gente, de estar atrapada allí. Y también físicamente, después de tres días sin dormir, sosteniendo la mano de una moribunda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entonces –Y Goodwin sonríe de forma extraña, atreviéndose a tocarla, deslizando un brazo por su cintura. Apenas un roce que hace a Juliet cerrar los ojos y pensar en cosas que hacía tiempo no sentía –Será mejor que te acompañe a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo le dice a Juliet que aceptarlo podría implicar más cosas de las que desearía, pero no le importa. Ya no. Lleva demasiado tiempo allí y, además, está agotada. Por eso deja que Goodwin siga tocándola y que la lleve a su casa. Los dos caminaban en silencio, acompañados de algunos sonidos lejanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Nunca has pensado en marcharte de aquí, Goodwin?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juliet sabía que era una pregunta estúpida, pero no pudo contenerse. Él la miró de forma extraña un segundo, y Juliet pensó que llamaría a Ben y la acusarían de algo horrible, pero en lugar de eso Goodwin sonrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Miles de veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Miles! –Juliet suspiró, sorprendida por la respuesta -¿Cómo puedes soportarlo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Porque sé que no hay nada para mí lejos de la Isla. Este es nuestro hogar, Juliet. Nunca encontraremos un sitio mejor que este. Por eso puedo soportarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Goodwin se fue sin decir nada. Y aunque Juliet tenía la sensación de que había estado hablando con una persona a la que le habían lavado el cerebro, se sintió reconfortada y se descubrió a sí misma deseando la compañía de aquel hombre más allá de los funerales y las partidas de cartas de Ethan. Quizá, al día siguiente lo invitaría a tomar el té y a dar una vuelta por la playa. Lo que pasara después, sólo el tiempo lo diría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Fandom:&lt;/b&gt; Lost&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Claim:&lt;/b&gt;Los Otros&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Ethan&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #5 - &lt;i&gt;Determinación&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El fin justifica los medios&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Hurley nunca le pareció un mal tipo. Se le daba bastante bien tratar con la gente y era un auténtico experto aliviando tensiones, aún sin proponérselo. En algunas ocasiones, incluso se había reído con él, pero ese día le odiaba. Ethan pensaba en él y no podía evitar sentir una ira ciega en su contra. Porque Hurley, quizá el más débil de todos los del campamento, el menos preparado físicamente, el más supersticioso, el menos inteligente –o tal vez no- le había descubierto. De forma casual, casi estúpida, pero lo había hecho y, ahora, Ethan se veía obligado a improvisar. Y él odiaba improvisar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ethan había nacido para cumplir órdenes. Era un hombre metódico, tranquilo y frío. El pulso nunca le temblaba, ni dentro del quirófano ni a la hora de empuñar un arma, y siempre llevaba a buen puerto lo que se proponía. Aunque prefería tener un plan, unas premisas a las que acogerse. Antes de actuar, estudiaba todas las posibilidades: los problemas, sus puntos débiles y fuertes, absolutamente todo. Pero, en esa ocasión, había cometido un error. Se había confiado, no le había prestado la suficiente atención a Hurley y le habían descubierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Posiblemente hubiera llegado a aquel punto de cualquier forma. Más tarde o más temprano alguien se habría preocupado por hacer la lista de los pasajeros, pero Ethan confió en tener un poco más de tiempo para planificarlo todo mejor. Después de todo, los líderes de aquel grupo estaban más ocupados en otros quehaceres, como conseguir agua y comida o pedir ayuda al exterior. Incluso Ben se había mostrado tranquilo. Hurley siempre les pareció un poco insignificante. Nunca les preocupó y, ahora, Ethan estaba allí, mirando a los ojos a aquel chico mientras enrollaba las lianas alrededor de su cuello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se llama Charlie. Solía tocar en un grupo de música que, durante un tiempo, encandiló a Alex, la hija de Ben. Él odiaba sus sonidos bruscos y desafinados, las letras simples de sus canciones y su look de roqueros venidos a menos. Definitivamente, nunca le habían gustado aquellos tipos, pero tampoco tenía nada en contra de ellos. No sentía nada hacia Charlie mientras lo miraba a los ojos y le anunciaba en silencio que iba a morir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ethan se consideraba un buen soldado. Había estado inyectando aquel remedio a Claire, intentando ayudarla –y estudiarla al mismo tiempo- y, después hizo lo que creyó conveniente cuando lo supo todo perdido. Fue fácil llevárselos. Charlie había mostrado una gran determinación cuando se negó a dejar a Claire, la misma que estaba condenándolo a muerte por culpa de Jack y Kate, que se empeñaban en perseguirlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ethan les había advertido, les había dado la oportunidad de volver atrás. Podrían haber salvado a Charlie con solo retroceder. Su muerte no era necesaria, y él no mataba a menos que fuera absolutamente imprescindible. Como en ese momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No le daba pena Charlie. No sentía piedad ni le importaba sentir su cuerpo sudoroso ni escuchar sus gemidos aterrados. Tampoco se molestó en ofrecerle un poco de consuelo. Después de todo, tendría una muerte rápida. Le colgaría, patalearía durante un minuto y nada más. Se moriría. Ethan se aseguraría de que así fuera. No era necesario ser demasiado cruel. Era médico. No le gustaba serlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comprueba una vez más que el nudo está bien hecho e intercambia una última mirada con el chico. No llora, aunque parece a punto de hacerlo. Por el contrario, traga aire a borbotones, consciente de que aquellas son sus últimas inspiraciones, y cierra los ojos cuando Ethan lo empuja. Se escucha el crujido de las ramas cuando el cuerpo cae. Ethan se da media vuelta, da un salto cargado de agilidad y se aleja con Claire sin mirar atrás. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora sí podrá llevar a la chica a un lugar seguro. Jack y Kate, sus perseguidores, estarán demasiado ocupados intentando salvar aquella vida perdida. Porque Charlie no saldrá vivo de la Isla. Ethan está seguro de ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y como no hay dos sin tres, también voy a colgar una sexta ley de Murphy para Desmond, que no me quiero olvidar de él :)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Fandom:&lt;/b&gt; Lost&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Desmond David Hume&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #6 - &lt;i&gt;Sexta Ley&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid3"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Querida Penny:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He abandonado la estación Cisne. He recuperado mi barco. He dejado de ser un esclavo de la tecla, y me siento tan libre que no puedo evitar notar un miedo atroz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me voy con la sensación de que no llegaré a ningún lado, sabiendo que todo está perdido. Sobre todo los tres últimos años de mi vida. Al principio, ingenuo y agotado, pensé que con vestir el uniforme de la iniciativa Dharma podría ser como Calvin, creer en las cosas que él creía. Pero no, Penny. No ha sido suficiente. He llevado durante mucho tiempo un bonito disfraz, pero estoy harto. Quiero abandonar esta isla, desandar lo andado y volver a tu lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque hoy, Penny, no me importa el honor. Porque he pasado más de un mes sin apenas dormir, comer o sentirme como un ser humano, y he podido con todo eso. Porque creo que hoy podría pararme frente a ti y sentirme digno de tu compañía. Escuchar tu voz, aspirar tu aroma, ver como me miras, acariciarte, besarte. ¡A la mierda el mundo, Penny! A la mierda tu padre, la cárcel, mi cobardía y todo lo demás. Sólo quiero estar contigo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me importan ni la tecla ni salvar a la humanidad. Si todos esos tipos no siguen con mi vieja labor, me dará igual. Hoy, sólo puedo pensar en ti. Debí hacerlo hace mucho tiempo. Debí abandonar esta isla e ir en tu busca. Debí dejar de tener miedo y luchar por lo que quiero, sin rodeos. Sólo yo, mostrando mi alma desnuda ante ti y dejando que tú decidieras si te merezco o no. ¿Qué importan el whisky de tu padre, el ejército, las regatas alrededor del mundo? ¿Qué importa el honor si soy un desgraciado infeliz que sólo piensa en ti, en volver a tenerte junto a mí, para siempre?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo tú me devolviste la cordura y la esperanza, Penny. Tú, que tanto has luchado por nosotros. Yo también lo intenté, y terminé atrapado aquí. Tal vez esté condenado a fracasar en todo lo que hago. Cada vez que he intentado ser un poco mejor, he terminado encerrado. Primero, en la cárcel. Luego, aquí. Tres años, Penny. Creo que alguien ahí arriba debía aceptar que ya he tenido mi penitencia por los errores cometidos. Lo sé. Tú no crees que haya nadie ahí arriba, pero eso da igual. Ya está bien. El destino se ha estado burlado de mí, y ya he tenido suficiente. Ahora, voy a enfrentarme a él y voy a ganarle. Te lo juro, Penny. Voy a volver junto a ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desataré los últimos cabos y tomaré rumbo a Fidji, el último lugar en el que estuve antes de llegar a esta maldita isla. Sólo serán seis días, Penny. Seis días para regresar a la civilización, buscar un teléfono y pedirte que vengas a buscarme. Sólo espero que tú aún quieras hacerlo, porque ahora no me importará aceptar la ayuda de los demás. Sé que me hace falta. Desde que murió Calvin, he sido plenamente consciente de ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta entonces, me limitaré a soñar y a esperar. Sé que falta poco tiempo para que volvamos a estar juntos. No pierdas la esperanza, porque tu esperanza siempre ha sido más fuerte que la mía y hubo un tiempo en que la perdí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos veremos pronto,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desmond.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:18848</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/18848.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=18848"/>
    <title>TERCER MOMENTO DE "LOS OTROS": ENCUENTRO</title>
    <published>2008-01-24T22:21:27Z</published>
    <updated>2008-01-27T22:09:57Z</updated>
    <category term="tabla momentos"/>
    <category term="30vicios"/>
    <category term="benjamin linus"/>
    <content type="html">He cogido con gusto la tabla. Y, aunque estoy hasta los ovarios de que los de TVE se pitorreen de nosotros y quiten la serie cuando les sale de los cojones -y, afortunadamente, la vuelven a poner- eso no me desanima. Estoy ansiosa por ver el final de la tercera temporada y comenzar a enterarme de todo lo que pasa en la cuarta. Me descargaré los capítulos subtitulados y fliparé con lo que se avecina. Porque he leído mucho y sé que la cuarta temporada será, en dos palabras IM-PRECCIONANTE (perdón por el viejísimo chiste :P) Estoy deseando verlo todo, todo y todo, y poder poner spoiler por aquí, porque va a ser la hostia. El final del capítulo cuarto es un bombazo. Se me ponen los pelos como escarpias de solo pensarlo... ¡Oh, no lo soporto más!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que termine ya la huelga de guionistas. Me muero por ver cómo se entremezclan pasado, presente y futuro en "Lost". Quiero saber de dónde salió Karl -amo a Karl, y eso ha sonado como si hubiera nacido de un huevo o algo así. Aunque, en la Isla, todo es posible. Quiero ver a Ben, el flashback de Rousseau y odiar un poco a Kate por ser incapaz de decidirse entre Jack y Sawyer. Quiero saber de qué coño van los tíos del carguero, quién es Jacob y qué va a pasar ahora con "Los Otros" -¿Richard de nuevo líder? ¡Oh, sí, por Dios!. Y, ante todo y sobre todo, quiero ver a Desmond con el pecho al aire, y soñar con que Penny lo rescata y se besan y se quieren mucho y son felices y comen perdices. Y quiero ver a Hurley. Lo echo mucho de menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vale, me dejo de rollos y cuelgo el siguiente Momento de mi tabla de 30Vicios. Espero que os guste :)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Fandom:&lt;/b&gt; Lost&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Claim:&lt;/b&gt; Los Otros&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Ben/Richard&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #3 - &lt;i&gt;ENCUENTRO&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ben sale en busca de una cosa, y encuentra otra totalmente diferente&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;MOMENTO 3&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;ENCUENTRO&lt;/b&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Persiguiendo un sueño &lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ha visto y ha guardado silencio. Si alguien supiera que Benjamin Linus ha visto a su madre muerta en dos ocasiones, no tardarían en ponerle una camisa de fuerza y enviarlo al manicomio más cercano. Pero Ben sabe que sus ojos no le han engañado, y por eso se cuelga la mochila al hombro y se prepara para ir en busca de aquella mujer. Ha robado las claves de la barrera sónica a un guardia despistado, y su padre ni siquiera se ha percatado de que falta comida de la nevera. Su padre no se da cuenta de muchas cosas. Está borracho casi todo el rato, y Ben lo odia por eso y por otros centenares de razones que no quiere ni puede enumerar. Debe darse prisa, aprovechar la noche para abandonar el poblado y salir ahí fuera, a la Isla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se ha parado a pensar en los riesgos. No sólo porque aquella isla ya es suficientemente peligrosa de por sí, sino porque lejos de la barrera le esperan un viaje a lo desconocido, animales salvajes y, sobre todo, los hostiles. Ben no sabe quiénes son, pero desde que llegó allí la gente no había dejado de repetir que eran violentos e inclementes. Precisamente lo que su nombre indicaba: hostiles. Ben no tiene ni idea de lo que hará si se encuentra con alguno de ellos, aunque tampoco se ha planteado muy en serio esa posibilidad. En el fondo no es más que un niño –él diría que más inteligente que otros chicos de su edad- y sólo tiene fuerzas para concentrarse en una cosa: encontrar a su madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha soñado muchas veces con ella. Cuando era más pequeño, imaginaba cómo serían sus caricias, sus sonrisas y sus besos. De su padre no ha recibido más que desprecios y rencores, indiferencia en el mejor de los casos. Roger Linus ni siquiera es digno de tener un hijo como Ben. El niño lo sabe y anhela encontrar a su madre porque, tal vez, ella si pueda apreciar su talento, su inteligencia y tantas otras cosas que su padre es incapaz de ver. Tal vez ella pueda abrazarlo y felicitarle en su cumpleaños, hacerle algún regalo y no acusarle de la muerte de alguien que falleció en trágicas circunstancias pero que, definitivamente, no lo hizo por su culpa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ben mira atrás cuando la última luz del poblado desaparece entre la maleza de la selva. Suspira, sabiendo que ya no puede retroceder, y aprieta el paso en dirección a una salida. Le gustaría volver a ver a su madre, a ella que siempre ha estado ahí cuando más la necesitaba. Pero no la ve y consigue deslizarse entre las sombras sin que los guardianes de noche lo vean. Es fácil abandonar los límites de la iniciativa Dharma. Lo realmente complicado es conseguir entrar de nuevo. Sin embargo, Ben está decidido y no le importa lo que deja atrás. Lo que le espera al otro lado de la barrera sónica no puede ser peor que lo que tiene ahora. No hay nada que perder si no tienes nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siente miedo, sería inútil negarlo. A pesar de que camina deprisa, le parece oír susurros a su alrededor y siente centenares de ojos clavados en él, acechando cada uno de sus pasos. Durante un segundo, se arrepiente de lo que ha hecho y piensa en volver atrás, pero recuerda a su madre. Ella dijo que no era el momento, pero Ben no está de acuerdo. El momento fue hace mucho tiempo. No puede soportar más, ni a su padre ni a los demás. Tan solo Annie es alguien con quién poder estar, pero el chico ni siquiera pensó en ella cuando se fue. La aleja de su mente con un movimiento de cabeza y avanza un poco más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que antes creían imaginaciones suyas, ahora es totalmente real. Las voces son claras a su alrededor. Incluso puede oír ligeras pisadas aplastando las hojas caídas en el suelo. Se detiene y mira a su alrededor. Los ojos entornados y el cuerpo tenso, alerta. Esperando. Y, entonces, llama a su madre. Idiota, inconsciente e ilusionado. Ben casi puede sentirla a su lado. No le importa lo que los demás digan. Aunque ella esté muerta, el chico sabe perfectamente lo que ha visto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Piensa en avanzar un poco más, con la sensación de estar más cerca de su objetivo, cuando algo se mueve entre los árboles y aparece un hombre. Ben se asusta. Sigue en tensión y observa al otro tipo con fijeza, examinándolo. Tiene la ropa andrajosa, el pelo y la barba muy largos y está sucio. No necesita pensar mucho para darse cuenta de que es uno de los hostiles. En cuestión de segundos comprende que va a morir e intenta huir, pero el hombre le habla y le tranquiliza. Le insta a volver con los suyos. Le roba sus esperanzas respecto a su madre. Y, aún así, Ben quiere ir con él. No sabe por qué, pero lo prefiere. A pesar de que siempre le han dicho que los hostiles son una banda de asesinos inmisericordes, Benjamin Linus opta por ir con aquel desconocido antes que volver atrás, junto a su padre. Un padre que no es nada para él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ben no sabe por qué, pero el hombre lo acepta. Se llama Richard y hay algo extraño en él, una fuerza desconocida para el niño, un halo misterioso que le rodea, como si ese hombre viviera atrapado en algún instante del más remoto de los pasados. Algo salvaje y atractivo. Calma y violencia entremezcladas. Richard parece un hombre perfectamente capaz de controlar sus emociones, alguien que lucha por lo que quiere, que enfrenta cualquier obstáculo existente en su camino. Alguien de quién, tal vez, Ben podría aprender mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, aunque finalmente el chico regresa al poblado y a la casa de su padre, lo hace sintiéndose alguien nuevo. Ya no pertenece a la iniciativa Dharma, aunque viva entre sus límites y hable con su gente. Ha descubierto a los hostiles, los verdaderos habitantes de la Isla, y sabe perfectamente que su futuro está entre ellos. Porque ellos le dirán todo lo que necesita saber y, quizá, le ayuden a encontrar a su madre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muerta o viva, ella está allí. En su Isla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:18458</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/18458.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=18458"/>
    <title>LOS OTROS: VIÑETA 2-BRILLO</title>
    <published>2008-01-22T21:15:32Z</published>
    <updated>2008-01-22T21:15:32Z</updated>
    <category term="tabla momentos"/>
    <category term="30vicios"/>
    <category term="los otros"/>
    <lj:music>Always on my Mind - Michael Bublé</lj:music>
    <content type="html">&lt;b&gt;Fandom:&lt;/b&gt; Lost&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Claim:&lt;/b&gt; Los Otros&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Karl/Juliet&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #2 - &lt;i&gt;Riesgo&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si se trata de Alex, merece la pena correr el riesgo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;MOMENTO 2&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;RIESGO&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Por ella&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le duele todo. Quizá, Karl no pueda recordar mucho de lo ocurrido la noche anterior, pero está seguro de que esos bestias no dejaron un solo rincón de su cuerpo sin golpear. Está tirado en el suelo, con los ojos apenas abiertos y fijos en el techo de la celda. Ben lo ha enviado allí. Afirma que el chico necesita un escarmiento por tocar lo que no es suyo. Y vaya si se lo haN dado. No es que no le hubieran dado una paliza antes, pero aquella fue peor, porque Alex estaba delante y la humillación que sintió es, aún ahora, algo insoportable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con suma dificultad, consigue ponerse de lado y se incorpora un poco. Le duelen las costillas y apenas puede apoyar las rodillas en el suelo, pero logra arrastrase hasta la puerta y agarrar el cuenco repleto de agua que alguien ha dejado allí. Seguramente a escondidas. A duras penas puede saciar su sed, pero al menos consigue que el ardor de garganta se transforme en una leve molestia. Y, además, se siente un poco mejor. Lo suficiente para sentarse en el suelo y apoyar la espalda en la pared, en una postura un poco más digna que la que tenía cuando despertó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ben dice que necesita reflexionar. Afirma que es un niñato estúpido y terco, y que tiene suerte de ser apenas un crío, porque está harto de sus tonterías y ansía poder librarse de él. Le molesta mucho tener que soportarlo. Le hace perder los estribos. Ben no es de los que se dejan llevar por sus sentimientos, pero cuando se trata de Alex, es fácil verlo perder los nervios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre ha pretendido dominar la vida de su hija. Alex no se deja, y Karl la quiere. Ben nunca lo ha considerado como uno más del grupo y, evidentemente, no le parece que sea el mejor candidato para la chica. A pesar de que la mayoría de la gente los ve como dos mocosos imberbes, a Ben le preocupa su cercanía. Karl no puede evitar sonreír maliciosamente cuando piensa que, tal vez, el buen hombre está un poco celoso de él. Está claro que Ben es un padre en extremo protector y que él no podrá hacer nada para ganarse su aprobación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Karl suspira profundamente. Se lleva la mano al labio y lo palpa con cuidado. Lo tiene roto. Tom es bastante bueno pegando a la gente, aunque hay gente en el poblado que da golpes más fuertes que él. Ethan, por ejemplo; es una suerte que l se niegue a pegar a la gente, escudándose en su posición de médico. Excusa estúpida para todos –Ben incluido- pero que es poco más que una bendición para Karl.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, la puerta de la celda se abre. Karl intenta dominarse, pero descubre que está asustado y se encoge en el suelo, intentando hacerse muy pequeño para evitar que lo descubran. Sin embargo, no tarda en escuchar la risa suave de Juliet y se siente a salvo. Apenas hace tres meses que ella llegó a la Isla, pero Karl la conoce lo suficiente para saber que no es como los demás. Posiblemente sólo sea cuestión de tiempo que se vuelva en su contra, pero hasta entonces prefiere disfrutar de los minutos de paz que alguien ahí arriba le ha concedido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juliet avanza dos pasos, y a Karl le parece un ángel, con su pelo rubio suelto y agitado por el viento, y su vestido blanco y vaporoso agitándose en todas direcciones. Posiblemente tenga fiebre, y el chico se siente estúpido. Y también terriblemente vulnerable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eres muy terco, Karl.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juliet habla con suavidad, llega junto a él y deposita un botiquín de primeros auxilios a su lado. Karl deja que ella le coja la barbilla y le alce la cara, y es incapaz de mantenerle la mirada. Se siente muy cansado, y sólo quiere que alguien le cure y le deje vivir como un adolescente normal, lejos de Ben y todos esos psicópatas que, día sí y día también, le recuerdan que él no es absolutamente nadie en ese sitio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tendré que darte puntos en la ceja. ¿Puedes levantarte?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Karl afirma con la cabeza y, aunque realmente no se siente con fuerzas, logra llegas hasta una silla que hay en un rincón de la estancia. Gime de dolor al sentarse en ella y Juliet le alza la camiseta. Frunce el ceño cuando ve los moratones en tórax y espalda, y lo palpa con cuidado para asegurarse de que no tiene nada roto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Le pediré a Ethan que venga a echarte un ojo. No me gusta este golpe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señala una fea mancha negra que tiene en el lado derecho, junto a la cadera. Karl sisea cuando ella apenas le roza, y Juliet parece realmente preocupada. Es una locura. No lleva mucho tiempo en la Isla y no sabe qué pensar. Está allí para ayudar a las mujeres embarazadas, no para ver como dos hombres fuertes le dan una paliza a un niño de catorce años sólo por hacer lo que se supone que hacen los adolescentes: besarse con una chica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estaré bien. No me pasa nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿No te pasa nada? –Juliet agita la cabeza. Con movimientos precisos, coge gasas y agua oxigenada y comienza a limpiarle las heridas antes de poner yodo en ellas –Deberías hacer lo que Ben te dice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Karl agacha la cabeza. No está para escuchar más discursos y, además, no es justo que todo el mundo le diga que Ben tiene razón. Ese tipo no es más que un maniático cruel y despótico, y Karl no puede evitar odiarlo. A pesar de que nunca ha entendido muy bien ese sentimiento, sabe que odia a Benjamin Linus. Casi tanto como quiere a su hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Intentaré hablar con él. ¿De acuerdo? No está bien que te golpeen de esta manera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Será inútil –Masculla Karl, apartando la cara por culpa del intenso escozor –Quiere que me aleje de Alex.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué no lo haces?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Porque me gusta un montón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es tan obvio, que Juliet se siente tonta. Mira a Karl con indulgencia y sonríe, preparando aguja e hilo para suturarle el corte de la ceja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-De todas formas, Ben no quiere que os veáis. ¿No crees que es más seguro para ti hacerle caso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero es que me gusta Alex.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Karl es un niño. Quizá no egoísta, pero si inconsciente. Lo suficiente para no darse cuenta de lo peligroso que es obcecarse en aquella idea de ver a la joven Alexandra. Posiblemente no comprende que Ben no es de los que pierden el tiempo con juegos tontos, y siente una gran pena por el chico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Podemos vernos a escondidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y arriesgaros a que os pillen, como anoche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y si quiero correr el riesgo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juliet menea la cabeza, ligeramente entristecida. Karl es un niño cabezota, pero Ben es... Ben es algo que Juliet no ha visto antes y que no le gusta en absoluto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Karl, escúchame –Juliet lo coge con firmeza por los hombros y lo mira a los ojos –No estás a salvo. He oído cosas y la mayoría de la gente no te quiere aquí. Si sigues desafiando a Ben de esa forma, conseguirás que te maten.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eso ya lo sé, aunque no creo que Ben me mate –De pronto, Karl no parece tan niño. Hay un brillo extraño en su mirada que habla de madurez y determinación –Alex también me quiere a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué tiene eso que ver?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si Ben me hace algo, Alex se enfadará con él y lo rechazará –Karl baja el tono de voz y Juliet tiene que acercarse a él para escucharle –Ella antes estaba ciega, pero hace tiempo que empezó a darse cuenta de cómo es Ben. Y no le gusta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es su padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y a mí me quiere. Y yo la quiero a ella. No me importan las veces que me peguen. Seguiré viéndome con Alex todas las veces que ella quiera. Me dan igual los riesgos y todos esos. Quiero estar con Alex.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juliet no tiene nada que decir. Cualquier argumento que se le ocurra resultará inútil, así que se limita a seguir con la curación de Karl y a esperar que Ben no pierda la poca paciencia que le queda. Sólo son niños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:18314</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/18314.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=18314"/>
    <title>DOS VIRTUDES DE BEN: CONSAGRACIÓN Y PACIENCIA</title>
    <published>2008-01-20T21:58:27Z</published>
    <updated>2008-01-20T22:32:14Z</updated>
    <category term="virtudes"/>
    <category term="benjamin linus"/>
    <category term="retos_a_la_carta"/>
    <lj:music>That´s all - Michael Bublé</lj:music>
    <content type="html">&lt;b&gt;Fandom:&lt;/b&gt; Lost&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Benjamin Linus&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Virtud:&lt;/b&gt; #2 - &lt;i&gt;Consagración&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque Ben está totalmente entregado a la causa. Su causa&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;( &lt;a href="http://www.fanfiction.net/s/4009314/2/Uno_de_Los_Otros"&gt;CONSAGRACIÓN&lt;/a&gt; )&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Virtud:&lt;/b&gt; #3 - &lt;i&gt;Paciencia&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque para obtener lo que se quiere, no hay que ser impaciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;( &lt;a href="http://www.fanfiction.net/s/4009314/3/Uno_de_Los_Otros"&gt;PACIENCIA&lt;/a&gt; ) &lt;/b&gt;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:18004</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/18004.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=18004"/>
    <title>TABLA DE LOS OTROS: DANNY Y COLLEEN</title>
    <published>2008-01-20T21:39:39Z</published>
    <updated>2008-01-20T22:12:42Z</updated>
    <category term="tabla momentos"/>
    <category term="30vicios"/>
    <category term="los otros"/>
    <lj:music>You Don´t Know Me -Michael Bublé</lj:music>
    <content type="html">&lt;b&gt;Fandom:&lt;/b&gt; Lost&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Claim:&lt;/b&gt; Los Otros&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Danny/Colleen&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #1 - &lt;i&gt;Brillo&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie puede ser madre dentro de la Isla, aunque a Colleen no le importe intentarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;-Quiero tener un hijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Danny deja de cepillarse los dientes y mira a Colleen a través del espejo. Es temprano y ella aún está en bata de casa, con el pelo revuelto y los ojos hinchados de sueño. Danny mentiría si dijera que no está sorprendido, aunque en cierta forma ya se esperaba que la mujer dijera algo así. Desde que supieron que esa chica del avión había logrado tener un bebé, los instintos maternales de Colleen parecían haberse multiplicado por cien y ya había dejado caer el tema en más de una ocasión. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, esa mañana parece más decidida que nunca y habla de forma directa, como cada vez que quiere algo y no está dispuesta a renunciar a ello. Danny sabe que no tiene forma de hacerla cambiar de opinión porque, aunque él comparta los deseos de la mujer, es plenamente consciente de los riesgos y no quiere perderla. No a ella, después de haber visto morir a tantas mujeres en la Isla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lentamente, se vuelve hacia el lavabo y se enjuaga la boca. De reojo, observa el reflejo de Colleen. Se ha cruzado de brazos, esperando. No su permiso, Danny es plenamente consciente de ello, pero sí su apoyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es muy peligroso –Dice simplemente, avanzando hacia ella, sin tocarla. No es bueno tocar a Colleen cuando se le está intentando negar algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No me importa. Quiero correr el riesgo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Morirás, Colleen. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Juliet dice que...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ambos sabemos que Juliet no puede hacer nada. El problema está en la Isla. No puedes quedarte embarazada aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Quiero intentarlo, Danny –Colleen da un paso adelante y le coge de los brazos, mirándolo con intensidad a los ojos. Pretende convencerlo con todas sus armas; con sus gestos, sus palabras, sus caricias y sus miradas. Lamentablemente, el hombre es consciente de que no podrá negarse durante mucho tiempo –Necesito tener un hijo tuyo, Danny. Algo que sea nuestro y nos una para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya estamos unidos. No necesitamos demostrarnos nada, Colleen. No quiero perderte. No podría vivir sin ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella lo mira unos segundos más, hasta que agacha la cabeza y sus brazos caen laxos junto a su cuerpo. Danny estira una mano e intenta tocarla, pero la mujer lo rechaza y se aleja de él con brusquedad. No está furiosa, sólo herida y muy entristecida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Desde niña he querido ser madre, Danny. Tú mejor que nadie sabe que me muero por tener un hijo y sé que tú serías un gran padre. Podríamos ser muy felices juntos, con nuestro bebé. Verlo crecer, educarle, quererle –Colleen suspira, se cubre los ojos con las manos y, durante un segundo, Danny cree que va a echarse a llorar –Me estoy haciendo mayor, Danny. Antes de lo que pensamos tendré la menopausia y, entonces, mis sueños se irán al traste. Quiero intentarlo antes de que eso ocurra, y si debo morir, lo haré sabiendo que juntos fuimos capaces de crear una vida. Seré feliz. ¿No lo entiendes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Danny permanece inmóvil unos segundos, hasta que afirma con la cabeza, cansado y derrotado. Sin decir nada, abraza a Colleen, aspira el aroma a canela de su cabello y le besa la frente. Le parece increíble haber llegado a amar tanto a esa mujer. Cuando llegó a la Isla, había cerrado las puertas al amor –quiso creer que para siempre- y ella le demostró lo maravilloso que podía ser querer a alguien sin límites, dejándose llevar hasta las últimas consecuencias. La amaba con locura, la deseaba como un animal y la protegía como un salvaje. Sólo ella le daba verdaderos motivos para vivir, y el brillo de aquellos ojos oscuros le devolvía la luz a su vida, antes oscura y vacía de ilusiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hablaremos con Juliet –Colleen sonríe al escucharlo hablar, sus manos en la cintura masculina y sus ojos fijos en los de él. Lo sabe preocupado y asustado. Ella misma lo está, pero sus deseos de ser madre son más fuertes que el sentido común y todos sus miedos –Podríamos empezar ese nuevo tratamiento cuando regresemos de la otra isla. ¿Qué te parece?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Creo que es una idea genial. Gracias, Dan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Colleen le besa delicadamente los labios y, después, lo echa del cuarto de baño con una alegría cargada de picardía. Danny se queda parado frente a la puerta con expresión compungida. Sabe que ella nunca podrá cumplir su sueño de ser madre. Si finalmente consigue quedarse embarazada, morirá como todas las demás. Él rezará todos los días para que eso no ocurra y, sobre todo, se preparará para el momento en que deba perderla. Le llena de aprensión saber que nunca podrá aceptar la muerte de esa mujer. Cuando llegue el fatal desenlace, él la seguirá allá donde vaya. Sin Colleen, la vida en la Isla –o fuera de ella- dejará de tener sentido. Sólo espera que sus últimos meses de vida sean los más felices de su existencia. Luchará porque así sea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;( &lt;a href="http://cris-snape.livejournal.com/17766.html"&gt;TABLA&lt;/a&gt; )&lt;/b&gt;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:17766</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/17766.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=17766"/>
    <title>NUEVA TABLA DE 30 VICIOS</title>
    <published>2008-01-20T21:33:15Z</published>
    <updated>2008-08-16T22:47:20Z</updated>
    <category term="tabla momentos"/>
    <category term="30vicios"/>
    <category term="los otros"/>
    <lj:music>The More I See You - Michael Bublé</lj:music>
    <content type="html">Como sigo sin estar muy bien de la cabeza, y la nueva tabla de MOMENTOS de 30Vicios me ha gustado un montón, he pedido un nuevo claim :)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez más (y sin dejar de querer a Harry Potter, por supuesto) he escogido el fandom de "Perdidos" y me he decidido por escribir algo sobre "Los Otros", de todos ellos en general. Os voy a dejar la tabla y el primer capítulo que ya tengo escrito, y que tiene a Danny y Colleen como protagonistas -aunque no sean muy conocidos, jeje- Bueno, wapos, aquí tenéis la tabla. Es muy bonita, a ver qué consigo hacer. Un saludo ;)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;table border="5"&gt;
&lt;tr&gt;
&lt;td&gt;01. &lt;a href="http://cris-snape.livejournal.com/18004.html"&gt;Brillo&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;02. &lt;a href="http://cris-snape.livejournal.com/18458.html#cutid1"&gt;Riesgo&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;03. &lt;a href="http://cris-snape.livejournal.com/18848.html#cutid1"&gt;Encuentro&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;04. &lt;a href="http://cris-snape.livejournal.com/18999.html#cutid1"&gt;Cambio&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;05. &lt;a href="http://cris-snape.livejournal.com/18999.html#cutid2"&gt;Determinación&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;
&lt;/tr&gt;
&lt;tr&gt;
&lt;td&gt;06. &lt;a href="http://cris-snape.livejournal.com/19601.html#cutid1"&gt;Locura&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;07. &lt;a href="http://cris-snape.livejournal.com/19601.html#cutid2"&gt;Estaciones&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;08. &lt;a href="http://cris-snape.livejournal.com/23062.html#cutid1"&gt;Carrera&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;09. &lt;a href="http://cris-snape.livejournal.com/23062.html#cutid2"&gt;Verdad&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;10. &lt;a href="http://cris-snape.livejournal.com/23062.html#cutid3"&gt;Conquista&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;
&lt;/tr&gt;
&lt;tr&gt;
&lt;td&gt;11. &lt;a href="http://cris-snape.livejournal.com/23062.html#cutid4"&gt;Futuro&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;12. &lt;a href="http://cris-snape.livejournal.com/23062.html#cutid5"&gt;Ventisca&lt;/a&gt;&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;13. Debilidad&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;14. Lucha&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;15. Interludio&lt;/td&gt;
&lt;/tr&gt;
&lt;tr&gt;
&lt;td&gt;16. Antojo&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;17. Viaje&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;18. Calendario&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;19. Tregua&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;20. Celebración&lt;/td&gt;
&lt;/tr&gt;
&lt;tr&gt;
&lt;td&gt;21. Retroceso&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;22. Tiempo&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;23. Ayuda&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;24. Ocaso&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;25. Imprevisto&lt;/td&gt;
&lt;/tr&gt;
&lt;tr&gt;
&lt;td&gt;26. Despedida&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;27. Ruina&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;28. Afecto&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;29. Dormir&lt;/td&gt;
&lt;td&gt;30. Final&lt;/td&gt;
&lt;/tr&gt;
&lt;/table&gt;&lt;/center&gt;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:17438</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/17438.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=17438"/>
    <title>Tres viñetas para Tuney (qué iba con retraso :S)</title>
    <published>2008-01-20T21:17:41Z</published>
    <updated>2008-01-20T21:17:41Z</updated>
    <category term="martin (oc)"/>
    <category term="30vicios"/>
    <category term="petunia"/>
    <lj:music>Mack the Knife-Michel Bublé</lj:music>
    <content type="html">&lt;b&gt;Fandom:&lt;/b&gt; Harry Potter&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Petunia Dursley&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #24.Control - &lt;i&gt;Tema&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Hay cosas que una madre no puede controlar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Desde que había visto a Harry Potter por primera vez, sabía que el chico no le tendría más que problemas. Cuando era pequeño, las cosas eran un poco más fáciles. Bastaba con encerrarlo en la alacena y olvidarse de que existía. Algunas veces, se producían situaciones incómodas, y algunos vecinos habían mirado con suspicacia las ropas grandes del chico y su extrema delgadez, pero Petunia nunca había tenido que preocuparse por eso. Nadie en Privet Drive se molestaría en hacerse preguntas sobre el chico; todo allí era perfecto y Harry sólo era un incordio. Para todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las cosas se complicaron cuando estaba cerca de cumplir los once años. Aunque nunca se lo había dicho a nadie, Petunia temía que fuera a ocurrir algo terrible. Vernon y ella se habían esforzado por quitarle la magia. Eso era lo que había llevado a Lily a la destrucción absoluta, a la desmembración total de su familia. Petunia sabía que si nunca hubiera existido, las cosas hubieran sido mucho mejores para todos. Lily seguiría viva y ella no tendría que cuidar de su maldito hijo. En eso se resumían todos sus pensamientos. A Petunia no le gustaba Harry, y Harry los odiaba a todos; era un ingrato, siempre lo había sido, pero no causaba muchas molestias, hasta que empezaron a llegar las lechuzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran de Hogwarts. Incluso ella recordaba el emblema del colegio de Lily y lo que significaba. Harry era un mago, pero ni Vernon ni ella iban a consentir que perdiera el tiempo en esas tonterías. Habían hecho todo lo que estuvo en sus manos para evitarlo, incluso abandonar su casa, pero los habían encontrado, y ese monstruo gigante había hecho que su pobre Dudley tuviera una colita de cerdo. Eso fue horrible. Petunia casi se muere cuando vio sufrir a su pequeño de esa manera, y supo que las cosas no habían hecho nada más que empeorar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reconocía que era agradable tener a Harry fuera de casa durante casi todo el año. Podían permitirse ser una familia perfecta, pero la pobre mujer temía la llegada del verano como si fuera el mismísimo demonio. Y tenía motivos, porque todos los años había ocurrido una desgracia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primero, fue el incidente con los Mason. La vergüenza fue casi insoportable y cuando pensaban que nada podría empeorar, habían aparecido esos locos con un coche volador. Un coche volador. Afortunadamente, nadie más lo había visto, y el verano había terminado y Petunia podía volver a sentirse alguien normal, teniendo pesadillas con la siguiente visita de su detestable sobrino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después, le tocó el turno de sufrir a Marge. Petunia internamente sabía que la mujer se lo había buscado. Ni ella ni Vernon hablaban nunca de James o Lily. Y tenían motivos de sobra para criticarles, pero Petunia no quería hacerlo. Ignoraba por qué, pero no quería utilizar la muerte de sus padres para dañar a Harry. En realidad, ella nunca había pretendido dañar al chico, sólo convertirlo en alguien normal. Pero no era normal. Había convertido a Marge en una especie de globo gigante y Vernon se había vuelto loco. Tanto, que Harry había huido. Y Petunia se alegró, aunque luego se preguntara qué iba a hacer un chico de trece años por ahí, solo. Pero era solo Harry. Solo Harry...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un Harry que, al año próximo, volvió a lastimar a Dudders. Bueno, en realidad fueron ese atajo de pelirrojos, pero su pobre niño no había merecido lo que ocurrió, ni su sala de estar tampoco. Se la dejaron toda destrozada, pero ese no fue el peor año de todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, el peor fue el siguiente, cuando Dudley casi muere. Cuando Dudley empezó a cambiar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dementores. Petunia no sabía lo que eran, pero suponía qué eran terribles, porque le habían hecho algo horrible a Dudley, y ahora Dudley era más silencioso, más estudioso. Menos gamberro. Y no es que Petunia se quejara, pero sabía que estaba sufriendo y le preocupaba muchísimo, su pobre Dudders.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese tipo había insinuado que ellos lo maltrataban. Fue el año anterior, durante el verano, cuando Harry volvió. Ellos jamás maltratarían a Dudley. Nunca. Y, sin embargo, la hizo sentir inquieta, y fue más consciente del cambio que su hijo había experimentado. Algo que ella no podía mantener bajo control, que la asustaba y le hacía compartir las pesadillas que atormentaban las noches de Dudders.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un Dudders que ahora estrechaba la mano de Harry, después de decirle que él no lo consideraba un desperdicio. Después de todo un verano en el que había descubierto a su hijo dejando té caliente y pastas en la puerta del cuarto de Harry. Después de que el chico se preocupara por su primo e insistiera en que no lo abandonaran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia no entendía a Dudley y, sin embargo, no le desagradaba el cambio. Era un hombre, y la mujer sabía que Harry tenía mucho que ver con su forma de ser. Quizá, con el tiempo sí tuviera algunas cosas que agradecerle a su maldito sobrino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #2.Sumisión - &lt;i&gt;Tema&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Petunia debe hacer lo que otros le dicen&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Estaban en Estados Unidos. Eso era lo único que aquellos dos brujos habían podido decirles. Vernon había gritado, exigiendo explicaciones que nadie querría darle, y Petunia había deseado pedirle que se callara, que dejara de luchar contra lo inevitable y aceptara la realidad: la única forma de mantenerse con vida, era obedeciendo sumisamente las órdenes de esos anormales. Sin preguntas ni reproches.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia observó su nueva casa. La ciudad que habían escogido para ellos era pequeña y parecía acogedora. Estaba ubicada a los pies de una inmensa montaña y, según los lugareños, todo quedaría cubierto por un espeso manto de nieve en cuanto llegara el invierno. Posiblemente pasarían algunas semanas totalmente aislados. Petunia no creía que ese sitio fuera del todo seguro, si una ventisca podía dejarlos a merced de aquellos psicópatas que perseguían al hijo de Lily, pero los brujos parecían estar muy seguros de sus acciones. Les habían dicho que tenían que quedarse allí, que Vernon trabajaría en una pequeña empresa local, y que ahora no eran los señores Dursley, sino los Murray. Por motivos de seguridad, habían dicho, y Vernon había puesto el grito en el cielo al descubrir que, ahora, se llamaba Arístides Murray.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Petunia le parecía casi gracioso el nombre. Vernon decía que sonaba demasiado extraño, que él no tenía cara de Arístides, pero fue inútil protestar. A Petunia su nuevo nombre le agradaba: Paula. Sonaba bien, aunque Vernon se quejara todo el tiempo. Por su nuevo nombre, por el de Petunia y por el de Dudley, que había sido rebautizado como Jake.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para Petunia, todo eso del cambio de identidad le parecía un poco tonto. Después de todo, si los enemigos de Harry eran realmente peligrosos, podrían encontrarlos por más que intentaran esconderse. Lo más probable era que ni siquiera se molestaran en buscarlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La casa estaba hecha de ladrillo rojo y tenía las ventanas amarillas. Era relativamente grande y tenía un aspecto cálido y acogedor. Le agradó el pequeño jardín ubicado en la parte trasera, y el encantador porche de la entrada, en el cual había un agradable balancín, cómodo y elegante. Petunia siempre había querido tener uno de esos, y pensaba disfrutarlo todo lo que pudiera. Ya que habían tenido que abandonar su hogar, se aseguraría de que la nueva casa fuera un sitio especial para su familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miró a Dudley. Ya no parecía el mismo chico de siempre. Hacía dos años que algo había cambiado en él, pero Petunia no se había dado cuenta hasta que no lo escuchó despedirse de Harry. Era extraño pensar en ello. Dudders no había querido abandonar a su primo. El chico no le habló del tema, pero Petunia lo sentía distinto. Menos egoísta, menos quejumbroso, más sereno y respetuoso. Era agradable tratar con él, más que antes. Porque, aunque Petunia jamás pensaría en reconocerlo públicamente, sabía que le había hecho mucho daño a Dudley con su forma de criarlo. Y había sido él mismo quién se había dado cuenta de que no le esperaba un buen futuro si seguía siendo como era. Incluso sus notas habían mejorado y, por primera vez en su vida, había aprobado las matemáticas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pongamos fin a esta tontería –El gruñido de Vernon la despertó de su ensoñación. El hombre cargó con dos maletas y caminó ferozmente hacia la casa, claramente molesto. Petunia y Dudley se miraron y, después de un segundo, decidieron seguirlo al interior de la vivienda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por dentro, era tan bonita como por fuera. Estaba exquisitamente decorada. El papel de las paredes era el más bonito que Petunia había visto nunca y los muebles eran preciosos, de un estilo más conservador que los que ella había tenido en Privet Drive, pero le encantaron. Vernon había bufado, insatisfecho, y había dejado caer las maletas, murmurando algo relacionado con la comida mientras se dirigía a la cocina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Quieres que vayamos a ver tu habitación, Dudley? –Preguntó Petunia, acomodando todo su equipaje en un rincón, lo suficientemente ordenado como para que no molestara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Deberías llamarme Jake –Musitó bajito el chico, mientras comenzaba a subir las escaleras. Petunia notó que había perdido peso; últimamente ya no comía tanto como antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se quedó mirándolo un segundo. Dudley era quién mejor había aceptado el nuevo cambio de vida, y la mujer no estaba segura de si eso era bueno o no. Se dispuso a seguirlo para decirle que él siempre sería su pequeño Dudders, pero, entonces, llamaron al timbre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le resultó extraño el sonido. Nunca antes lo había escuchado y tardó un segundo en reaccionar. Finalmente, se acercó a la puerta y la abrió, encontrándose con el rostro sonriente de una niña de unos ocho o nueve años, que más bien vestía como un chico y que tenía el cabello negro y recogido en una larga trenza. Y los ojos tan verdes como los de Harry y los de Lily. Petunia aún se preguntaba si ese color de ojos la perseguiría para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hola, señora –La niña inclinó la cabeza educadamente y, a pesar de su aspecto salvaje, Petunia vio ahí dentro a una pequeña dama –Siento molestar, pero nuestra pelota se ha colado en su jardín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia alzó la vista para ver a los niños que la secundaban, un grupo de chicos y chicas de aspecto nervioso y rostros sucios. Sin duda, estaban jugando por la calle. Aquellas cosas no pasaban en Privet Drive y, en cierta forma, eso la molestó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Espera un momento. Voy a buscarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvió a cerrar la puerta y recorrió la casa velozmente, hasta llegar al jardín. Efectivamente, la pelota estaba ahí, blanca y roja, sobre una maceta, demasiado cerca de las ventanas de la cocina. Vernon la había mirado con el ceño fruncido, pero estaba demasiado ocupado comiéndose una pizza para hablar. Cuando volvió a la calle, la niña seguía allí, cuchicheando algunas cosas con sus amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Aquí tienes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La chiquilla se acercó a ella, sonriente, y recuperó su pelota dándole las gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y tened más cuidado. No soy vuestra criada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La niña se tensó un segundo, pero no perdió la sonrisa. De hecho, parecía tener ganas de seguir hablando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Ustedes son los señores Murray? La señora Child dijo que llegarían esta semana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Así es. Soy Pe... Paula Murray –Petunia se sintió satisfecha al recordar su nuevo nombre, aunque había estado a punto de meter la pata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo soy Sarah. Mi padre y yo vivimos en la casa de al lado. Seremos vecinos –La tal Sarah parecía encantada con esa idea, pero Petunia no tanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Genial –Espetó, con toda la antipatía que fue capaz de reunir –Ahora, disculpa. Tengo cosas que hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra vez, le dio con la puerta en las narices. Se asomó por la ventana para ver a Sarah encogiéndose de hombros y reunirse con su familia entre risas alegres y chillidos ensordecedores. Su nueva vida iba a ser un auténtico infierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #29.Infierno - &lt;i&gt;Tema&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;La vida te da sorpresas que te envuelven en llamas infernales&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid3"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Llevaban una semana viviendo en la nueva ciudad, y los Murray apenas habían tenido tiempo para instalarse. Tanto era así, que Petunia apenas conocía a un par de vecinas que, solícitas, habían ido a ofrecerle su ayuda para cualquier cosa que necesitara. Le parecieron tan cotillas y maliciosas como las mujeres de Privet Drive y eso le agradó. De hecho, la tarde en que se cumplían siete días desde su llegada a la casa, y aprovechando que Vernon y Dudley había salido, Petunia las invitó a tomar el té. En menos de media hora ya le estaban contando las aventuras y desventuras de la mitad de los habitantes del pueblo, entre risas cómplices y comentarios burlescos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Supongo que aún no tendrás el gusto de conocer al vecino de enfrente –Comentaba Helen, echándole una nueva cucharada de azúcar a su taza de té.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-A él no, pero sí a su hija. Se llama Sarah, creo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, sí! Esa pequeña salvaje –Maddy chasqueó la lengua reprobadoramente –Aunque es comprensible. La pobre se está criando sola con su padre. Es normal que parezca más un chico que una chica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Incluso juega al fútbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las dos mujeres negaron con la cabeza, claramente conmocionadas. A Petunia le pareció gracioso, y no era para menos. Sabía que el fútbol americano no se parecía en casi nada al fútbol inglés. Era rugby, pero a lo bestia, un deporte poco apropiado para chicas, en cualquier caso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y su padre se esfuerza, no te creas. A su manera, es un hombre muy agradable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-A su retorcida manera, querrás decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las mujeres comenzaron a reír, intercambiando miradas cómplices. Petunia no entendía nada, pero no le importaba. Estaba cotilleando, era lo único que tenía sentido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y la madre de la niña?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, no lo sabemos! –Helen pareció realmente emocionada, como si llevara todo el rato esperando esa pregunta –Cuando llegaron a la ciudad, ella no vino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y nunca ha querido decirnos nada. Es muy reservado, pero sospechamos que lo abandonó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, sin duda! Y él huyó en busca de refugio al rincón más recóndito del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Trayendo a su niña salvaje con él. Ahora, es profesor de arte en una de las escuelas de secundaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Los chicos lo adoran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y sus madres también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comenzaron a reír y Petunia supuso por dónde iban los tiros. Ella misma sonrió tímidamente, encantada de tener ocasión de escucharlas cuchichear.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No es que sea muy atractivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, Paula, querida. En realidad, está muy flaco. Es muy desgarbado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero es un artista. Del tipo bohemio, ya sabes. Esa clase de hombre misterioso que vuelve locas a las mujeres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia sintió una punzada de dolor en el pecho. Sabía perfectamente a qué se referían. Los recuerdos de un pasado, no sabía si más feliz, inundaron su mente, aturdiéndola y dejándola muda e inmóvil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Aunque todos sabemos lo que hace con las desconsoladas esposas, nadie ha visto nada jamás. Es muy discreto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y es conveniente no tirarle los trastos, querida. Creo que adora los retos y sólo muestra interés por las que parecen indiferentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rompieron a reír. Petunia se sintió bastante incómoda de pronto e intentó tranquilizarse sirviendo más té. Las otras dos lo aceptaron con alegría, pero no siguieron hablando. Estaban muy ocupadas mirando por la ventana, después de escuchar el ruido del motor de un coche destartalado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, aquí está nuestro querido Romeo! –Helen hizo que Petunia se pusiera en pie, mientras Maddy se apresuraba en salir a la calle en busca del desdichado hombre. Petunia sólo acertó a ver una figura larguirucha antes de que la arrastraran al recibidor –Viene de recoger a Sarah de sus clases de piano. ¿No es absurdo? Dudo que esa niña tenga sensibilidad para esas cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Helen volvió a reírse de su propia broma y Petunia intentó zafarse de sus manos. A ella le gustaba mantener las apariencias, y no creía que su vecino se llevara una buena impresión de ella si esas dos locas se la presentaban de esa forma tan brusca. Maldita fuera la hora en que se le ocurrió invitarlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Se llama Martin Lawrence. Ya verás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su mundo se detuvo. Petunia sintió que el aire le faltaba y se quedó parada bajo el umbral de la puerta, viendo a Maddy tirar del brazo de un hombre de pelo grisáceo y gesto adusto. Había escuchado el nombre, había tenido la esperanza de que sólo fuera una coincidencia. Pero no. Él estaba ahora parado frente a ella, y era él, su Martin. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Petunia sabía que estaba pálida, y él también parecía turbado y nervioso. La observó con los ojos entornados, y la mujer no dudó que él la había reconocido de inmediato. No era una situación agradable para ninguno de los dos, pero se miraron a los ojos, fijamente, quedando absortos el uno del otro, y el pasado volvió entre ellos, uniéndolos de nuevo en su particular infierno de mentiras, decepciones y dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Martin, querido. Te presento a Paula Murray. Has sido muy descortés no venir a conocerla antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ninguno de los dos movió un músculo. De hecho, Petunia tenía la sensación de que había perdido la movilidad de su cuerpo y sólo atinó a jadear, asombrada y asustada. Martin frunció el ceño al escuchar su nombre, pero no dejó aflorar ninguna emoción. Las vecinas los observaban sonrientes, satisfechas porque tenían un nuevo cotilleo entre manos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Paula? –Musitó Martin al fin, extendiendo una mano para saludarla. Había recuperado el color del rostro, como si pensara que la había confundido con alguien. Y Petunia deseó que hubiera sido así, porque las cosas sólo podían ir a peor a partir de ese momento. Y era muy difícil que fueran a peor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Este es nuestro querido Martin. También es inglés. ¿Sabes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo... Sí. Claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es una lástima que no estén aquí ni Jake ni Arístides. Te hubiera gustado conocerlos, querido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo... –Martin giró la cabeza y miró a su hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sarah estaba parada a unos metros de distancia, con los brazos cruzados y cara de disgusto. Paula no le caía bien. Había sido muy grosera con ella cuando se conocieron y todavía le tenía guardada que le hubiera dado con la puerta en las narices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Un placer conocerla, señora Murray. Pero tengo que irme. Sarah y yo tenemos que...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No añadió nada más. Se dio media vuelta velozmente y agarró la mano de su hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Esa señora es odiosa, papá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las palabras de Sarah se apagaron con la distancia y las risas de Helen y Maddy, que la empujaban de vuelta al interior de la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, querida! Le has gustado mucho. Arístides debería tener cuidado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, sí! Incluso se ha puesto un poco colorado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y tú pálida. ¿Acaso lo conocías?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo... –Petunia suspiró, agitando la cabeza –No, pero me recuerda mucho a alguien que ya nunca volverá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las mujeres se miraron un segundo, quedándose serias, y la abrazaron al mismo tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Oh, pobrecita Paula! ¡Qué triste! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, querida. Lo lamentamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si hay algo que podamos hacer...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, está bien –Petunia sonrió y se acercó a la mesita del té -¿Queréis más pastas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No vendrían mal, no. Aún tenemos que contarte la historia de la señora Perkins y el bueno de Alfred...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:17347</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/17347.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=17347"/>
    <title>Y Neville también :)</title>
    <published>2008-01-19T18:38:10Z</published>
    <updated>2008-01-19T18:38:10Z</updated>
    <category term="30vicios"/>
    <category term="neville"/>
    <content type="html">&lt;b&gt;Fandom:&lt;/b&gt; Harry Potter&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Neville Longbottom&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #16.Acto - &lt;i&gt;Tema&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Incluso los más valientes necesitan descansar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Ernie McMillan, de Hufflepuff, se había quedado dormido. Hannah estaba sentada a su lado, apartándole delicadamente los mechones de cabello húmedo que resbalaban hasta su frente, aún pálida y perlada de sudor. La joven parecía estar realmente compungida y, de cuando en cuando, dejaba escapar un sollozo de impotencia, de ira y de dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neville los observaba desde el otro extremo de la Sala de Menesteres. Terry Boot estaba a su lado, explicándole brevemente lo que había pasado. Más de lo de siempre. Esa vez había sido Crabbe quién la había tomado con un Hufflepuff de primero, Ernie había intentado protegerle y los Carrow habían hecho justicia. El problema era que McMillan había estado enfermo y no había soportado la tortura con la misma estoicidad de otras veces. No tenía nada incurable, pero todos estaban preocupados, Neville incluido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía ya mucho tiempo que habían comenzado esa locura. Las vacaciones de Navidad habían terminado unos días antes y sus compañeros del Ejército de Dumbledore habían vuelto con más ganas de pelear que nunca. Mientras estuvieron lejos de Hogwarts, supieron cómo era la realidad, sin más censuras que el instinto protector de sus progenitores. Ahora eran más conscientes que nunca de las injusticias y los crímenes que se estaban cometiendo ahí fuera, nada comparado con lo que ellos mismos sufrían, y quería luchar. Más aún desde que comprobaron que Luna Lovegood no había vuelto al colegio. Todos, incluidos aquellos que un día se burlaron de ella, estaban indignados y preocupados a partes iguales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Terry Boot se alejó finalmente, yendo a reunirse con Michael Corner. Ambos se recostaron en las literas que estaban medio escondidas por unas cortinillas con los colores de Ravenclaw. Ya era tarde y, sin duda alguna, querrían descansar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neville suspiró, sintiéndose repentinamente cansado de todo aquello. Normalmente no ser permitía el lujo de tener dudas, pero después de lo de Ernie se sentía nervioso, inseguro. Ginny se sentó a su lado, le sonrió y le apretó una mano con camaradería. Era curioso que, de un tiempo a esta parte, Neville ya no sintiera nada cuando ella le miraba o le tocaba. Le aliviaba saber que ya no sentía por Ginny Weasley lo mismo que en el pasado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Se pondrá bien, Neville. No le ha pasado nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven Gryffindor volvió a mirar a Ernie, apretando los ojos para intentar calmar el dolor de cabeza que comenzaba a hacer que su mundo diera vueltas. Sintió el brazo de Ginny pasar por encima de sus hombros y se permitió un segundo de debilidad, apoyándose mansamente en su pecho. Desde que diera comienzo aquella pequeña revolución, había intentado mostrase fuerte ante todo y ante todos, pero no siempre le resultaba fácil. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Merece la pena, Ginny? Mira a todo el mundo. Si algún día nos descubrieran...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ellos están aquí porque quieren hacer algo por mejorar las cosas, Nev. Tú no eres responsable ni de sus actos, ni de los actos de los Carrow.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Longbottom no dijo nada. Por un momento dejó la mente en blanco e imaginó que de nuevo tenía ocho años, que estaba en casa y que su única preocupación era no saber si tenía talento mágico o no. Era agradable evadirse de la realidad, pero cuando abrió los ojos de nuevo, vio a Hannah arropando a Ernie y se vio obligado a regresar al presente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estoy cansado –Suspiró, y no se refería a ese momento, sino a su vida, a su lucha, a todo. Si Ginny lo entendió, no dio señales de ello, porque se levantó, sonriente, y le arrojó con aire burlón una almohada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Duerme un rato. Si hay novedades, te avisaré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neville sólo sonrió. Era agradable tener a alguien que le sirviera de apoyo. Echaba muchísimo de menos a Luna, pero Ginny era de gran ayuda para todos. Sabía mantener el buen humor en los peores momentos y procuraba traerles un rayito de esperanza cuando estaban a punto de darse por vencidos. Luna les había dado serenidad, les había hecho creer que vivían en un cuento de hadas cuando estaban en mitad del infierno, y Neville extrañaba su mirada soñadora y su voz suave y etérea. Comprendía a Harry, se sentía unido a él, y esperaba que, hiciera lo que hiciera ahí fuera, tuviera éxito. Por el bien de todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Echó un último vistazo a su alrededor, y la estancia no le pareció tan sombría como antes. Seamus, Lavender y las hermanas Patil reían junto a la chimenea. Anthony y Susan charlaban tranquilamente, y quizá había ahí un poco de coqueteo. Hannah besaba la frente de Ernie, mucho más relajada, y él suspiraba y se acomodaba entre las sábanas. Sí. Todo estaba bien. Tenían miedo, necesitaban ayuda, pero se las estaban apañando bastante bien. Y Neville seguiría luchando a su lado, después de un sueño reparador, eso sí. Como Harry Potter, por el bien de todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tema:&lt;/b&gt; #17. Olvido - &lt;i&gt;Tema&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;De relaciones slytherin-griffindorianas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Horace Slugorh se había cansado de enseñar. La directora McGonagall debía reconocer que había aguantado muchos más años de los que ella pensó, pero el hombre, que ya era viejo y estaba realmente agotado, decidió que se retiraba a un lugar cálido, alguna isla tropical que estuviera repleta de piñas y gente rica e importante, las dos cosas que más le habían gustado desde que pudiera recordar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Minerva entendía al viejo mago, pero lamentaba su decisión. Encontrar un buen profesor de Pociones no era fácil. Ya había entrevistado a tres candidatos, pero ninguno de ellos le parecía lo suficientemente bueno. Horace había sido un auténtico experto y, en cuanto a Severus Snape, podía no haberle caído bien, pero debía reconocerle un alto grado de talento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al menos no tendría que preocuparse por el nuevo jefe de la casa Slytherin, sin duda una de las más complicadas de manejar. Vector había aceptado hacerse cargo de todo. Contaba con el respeto de los alumnos y tenía un carácter fuerte y autoritario, necesario para no perder el control de aquellos chicos que, desgraciadamente, estaban más perdidos que antes de la guerra. Minerva había intentado cambiar la situación, pero los jóvenes de las otras tres casas los miraban con desconfianza y no se ocultaban a la hora de tacharlos de criminales, y los niños se defendían, creando conflictos que le daban dolores de cabeza un día sí y otro también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afortunadamente, una mañana de verano, cuando estaba a punto de perder las esperanzas, apareció el futuro profesor de Pociones. Era muy joven, había ido a Slytherin como sus antecesores y tenía unas referencias impresionantes. Había resultado ser el mejor alumno en la escuela superior de pociones, y había pasado tres años trabajando para uno de los laboratorios más importantes del mundo. Ahora, quería dedicarse a la enseñanza. No le dio ningún buen motivo para querer hacerlo y, aunque Minerva tuvo la sensación de que a ese hombre no le agradaban los niños en absoluto, lo aceptó. Cassius Warrington nunca le había resultado especialmente simpático cuando era estudiante, pero no podía prescindir de él sólo porque fuera hosco y sarcástico. Además, estaba realmente desesperada por conseguir un buen profesor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidió presentarlo al resto de la plantilla una semana antes de las clases. Minerva debía reconocer que había retrasado ese momento todo lo posible, pero Warrington le había expresado su deseo de mudarse al castillo para tener tiempo de instalarse, y ella no pudo negarse. De hecho, Flitwick llevaba allí desde principios de agosto, Vector había pasado los últimos quince días renegando amargamente por los pasillos y Longbottom había llegado el día anterior, más moreno que nunca después de un viaje a los oasis perdidos del Sahara en busca de de plantas exóticas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Neville le intrigaba la identidad del nuevo profesor. A pesar de que había abandonado Inglaterra poco después de acabar el curso, y de que había pasado casi todo el verano aislado de todo el mundo, más de una vez se preguntó si McGonagall habría encontrado un sustituto adecuado para Slugorh. Aquella no parecía una tarea sencilla. Pociones era una asignatura complicada. Por eso, no contuvo una sonrisa satisfecha cuando Minerva los llamó a su despacho, los hizo acomodarse como buenamente pudieron y anunció que había conseguido al nuevo profesor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando vio a Warrington, la sonrisa se le heló en los labios. Recordaba perfectamente a aquel tipo de sus años de estudiantes y, aunque realmente nunca había tenido un solo problema con él, no le inspiró demasiada confianza. Era un Slytherin, y en esos años las cosas eran muy diferentes a como eran ahora. Neville no mantenía contacto con ningún Slytherin de su promoción (ni falta que le hacía) y tener a Warrington allí le irritó. Casi hubiera sido mejor colgar un cuadro de Severus Snape en el aula de Pociones y dejar que él diera clase. Sin duda, hubiera sido un método muy original.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de la mala impresión inicial, Neville lo saludó con cordialidad y pasó los primeros tres meses del curso ignorándolo por completo. Sabía que Warrington había hecho buenas migas con Flitwick. No era del todo malo en Encantamientos, y al anciano hechicero le agradaba escuchar las ideas disparatas que, en ocasiones, el joven pocionista le comunicaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabía, también, que era buen profesor. Y no era injusto. Era cierto que beneficiaba más a los Slytherin, pero eso era algo que el propio Neville hacía con sus Gryffindor, aún cuando no fuera su intención. Era normal tener debilidades y en Hogwarts, donde la división de las cuatro casas era tan notable, los profesores se permitían el lujo de tener favoritismo. Después de todo, no era una situación del todo arbitraria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Warrington también se mostraba amable durante las comidas compartidas en el Gran Comedor. Aunque no fuera muy hablador, nunca tenía una mala palabra para nadie. Parecía preferir guardar silencio y lanzar miradas irónicas que a Neville no le agradaban demasiado, pero que aguantaba estoicamente. Poco a poco, la indiferencia inicial se convirtió en saludos breves y preguntas cordiales, y en algún guiño cómplice si Trelawney desvariaba más de lo normal o Prudence Berry, de Estudios Muggles, amenazaba con traer un ordenador a Hogwarts y hacerlo funcionar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día de Año Nuevo, apenas había diez personas a la mesa. Seis alumnos, Hagrid, McGonagall y los dos profesores más jóvenes. Comieron pavo asado, puré de patatas y tarta de manzana, y se mostraron cordiales con los estudiantes que, aunque incómodos, terminaron disfrutando a su manera. Cuando ellos se retiraron, Hagrid y Minerva se enzarzaron en una discusión sobre la conveniencia de criar hipogrifos en los terrenos del castillo. Otra vez. Y Neville no supo muy bien lo que le pasó por la cabeza, pero cuando Warrington le hizo un gesto para dejar a esos dos matarse en paz, lo siguió a través de los pasillos de piedra hasta el exterior, donde los recibieron un sol tímido y un aire helado que cortada como un cuchillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Warrington se frotó las manos, gruñó por lo bajo y sacó un cigarro de su túnica de invierno. Neville lo observaba con curiosidad, sin saber qué decirle. Sin saber si el otro hombre esperaba que dijera algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Odio estas fiestas –Masculló el Slytherin, mirando al cielo. No tardaría en nevar de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neville se sintió incómodo. Evidentemente no tenía nada de que hablar con ese hombre, y se arrepintió de haberlo seguido. Estaría mejor escuchando a Hagrid decir que los hipogrifos eran criaturas encantadoras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Fumas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le ofreció el tabaco con naturalidad. Neville negó con la cabeza y Warrington se encogió de hombros y le dio una larga calada a su pitillo. Estuvieron callados un rato más, mirando el cielo (por mirar a algún sitio) y procurando que el frío no les dejara pegados al sitio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dentro de unos días podré darte las semillas que me pediste –Dijo Neville, ansioso por hablar de algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cassius lo miró de medio lado y no dijo nada. Encendió el segundo cigarro al tiempo que los primeros copos de nieve empezaron a caer con suavidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Parecemos idiotas –Masculló entre dientes –Aquí parados, quietos y congelándonos. ¿Por qué demonios hemos salido?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Para que fumaras? –Comentó Neville al cabo de un segundo. Cassius parpadeó, arqueó una ceja y sonrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Supongo. A McGonagall no le gustaría que lo hiciera ahí dentro. Supondría un mal ejemplo para los niños. Creo que cuando volvamos de vacaciones, adquiriré la costumbre de fumar mientras doy clase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había algo maléfico y divertido en sus ojos que hizo sonreír a Neville. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Casi puedo ver su cara de indignación. ¡Oh, sí! Será como cuando Slytherin le gana un partido de quidditch a Gryffindor. Aunque, pensándolo bien. ¿Cuántos años crees que tiene?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Minerva? –Inquirió sorprendido Neville, sin entender a dónde quería llegar con esa pregunta –Pues no sé. Un montón. Creo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Un buen montón, diría yo. La pobre mujer no está para tantos disgustos. Mejor salir a fumar fuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Neville se sintió muy cómodo. Que le cruciaran el trasero si entendía por qué, pero aquella breve conversación le estaba agradando y Warrington no le parecía tan slytherin como un día antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Le gustará saber que te apiadas de ella, aunque dudo que esté tan delicada de salud como crees. Le queda cuerda para rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí. Es como un buen reloj antiguo. Feísimo, pero siempre puntual y prácticamente irrompible –Warrington bufó –Resulta frustrante. ¿Sabes? No hay manera de librarse de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué querrías librarte de ella?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Para tener un mejor director, por supuesto. Los Gryffindor sois valientes, pero rematadamente tontos. Un Slytherin le haría mucho bien a Hogwarts en este momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Claro que sí! –Neville torció el gesto -¿Sabes que si Minerva te escucha creerá que estás conspirando contra ella y querrá echarte?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Uhm...! Más bien que estamos conspirando. Tú y yo. Nosotros. Nos echará a ambos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se miraron un segundo. Todo eso era absurdo. De pronto, y al mismo tiempo, ambos se echaron a reír. Incluso hubo un par de palmaditas en la espalda y Cassius encendió su tercer cigarro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Seguro que no quieres?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno. Uno no me matará. ¿Verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si tuvieras los delicados pulmones de un Hufflepuff, sin duda lo haría. Afortunadamente eres un leoncito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le tendió el pitillo y se lo encendió con un gesto desdeñoso. Neville saboreó el tabaco y cerró los ojos. A esas alturas empezaba a nevar con fuerza y, sin decir nada, ambos regresaron al castillo. Era curioso comprobar que con una cuantas y estúpidas frases, cayeran en el olvido años de enemistad gryffindor-slytheriana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;</content>
  </entry>
  <entry>
    <id>urn:lj:livejournal.com:atom1:cris_snape:17035</id>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://cris-snape.livejournal.com/17035.html"/>
    <link rel="self" type="text/xml" href="http://cris-snape.livejournal.com/data/atom/?itemid=17035"/>
    <title>Dos leyes de Desmond.</title>
    <published>2008-01-19T18:04:27Z</published>
    <updated>2008-01-19T18:04:27Z</updated>
    <category term="30vicios"/>
    <category term="ley de murphy"/>
    <category term="desmond"/>
    <content type="html">Woolaa! ¡Cuánto tiempo sin pasarme por aquí. Tengo que poner unas cuantas cosas al día :)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primero, voy a colgar los links para que le echéis un ojos a las dos nuevas leyes que he escrito para Desmond. Espero que os gusten :)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Fandom:&lt;/b&gt; Lost&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Personaje/Pareja/Trío:&lt;/b&gt; Desmond&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Ley:&lt;/b&gt; #4 - &lt;i&gt;Ley&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Es más fácil obtener perdón que permiso&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;( &lt;a href="http://www.fanfiction.net/s/3972022/4/Veintinueve_mensajes_en_una_botella"&gt;Ley 4&lt;/a&gt; )&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Ley:&lt;/b&gt; #5 - &lt;i&gt;Ley&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Nada se hace nunca por la razón correcta&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;( &lt;a href="http://www.fanfiction.net/s/3972022/5/Veintinueve_mensajes_en_una_botella"&gt;Ley 5&lt;/a&gt; )&lt;/b&gt;</content>
  </entry>
</feed>
